Imprimir Republish

COVID-19

El desamparo que se propaga

La pandemia ha dejado huérfanos a 113.000 niños en todo Brasil, lo que impone un reto a sus familias en la búsqueda de alternativas para evitar su translado a centros de acogida

Valentina Fraiz

Se estima que entre marzo de 2020 y abril de este año, más de 113.000 brasileños menores de 18 años perdieron a su madre, a su padre o a ambos como consecuencia del covid-19. Un estudio publicado en julio en la revista The Lancet del cual formaron parte 21 países, bajo la coordinación de investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, revela que, en todo el mundo, la pandemia ha dejado hasta el momento 1,5 millones de huérfanos, es decir, niños y adolescentes que perdieron al menos a uno de sus padres o abuelos responsables de su cuidado. El grupo más grande de individuos que han visto morir a sus responsables a cargo se ha registrado en América, donde el índice es 2,4 veces mayor que la suma del resto de las regiones analizadas.

“El aumento de la orfandad representa otra pandemia oculta asociada al covid-19. Al perder a sus cuidadores, esos niños pueden enfrentarse a consecuencias adversas, lo que incluye situaciones de pobreza, violencia y traslados a institutos de acogida”, relató la médica epidemióloga Susan Hills, autora principal del estudio del CDC en una entrevista concedida vía correo electrónico a Pesquisa FAPESP. Según ella, los 21 países seleccionados para el trabajo registraron el 77 % de las muertes asociadas al covid-19 en 2020. En todos los países, han fallecido más padres que madres y, en algunos, el índice ha sido hasta cinco veces mayor entre los varones.

Lea más:
El avance de delta

En el período analizado, esta cifra de 1,5 millones de huérfanos que ha dejado la pandemia en todo el mundo excede el total de muertes registradas entre individuos de 15 a 50 años. Las tasas más altas de mortalidad de al menos uno de los cuidadores principales se registraron en Perú, con 10,2 huérfanos por cada mil niños, Sudáfrica (con 5,1), México (con 3,5), Brasil (con 2,4) y Colombia (con 2,3). “Para mitigar los efectos de esta situación, es necesario acelerar la distribución equitativa de vacunas y proporcionar apoyo psicosocial y económico a las familias, a los efectos de ayudarlas a criar a estos niños que han perdido a sus cuidadores principales”, subraya Hills. Según la epidemióloga, los mismos recursos financieros necesarios para internar a un individuo en instituciones de acogida podrían utilizarse para sostener a una cantidad mayor de niños en su propio ámbito familiar.

El jurista Gustavo Ferraz de Campos Monaco, de la Facultad de Derecho de la Universidad de São Paulo (FD-USP), recuerda que tras la Constitución Federal de 1988 en Brasil y la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) en 1989, la legislación brasileña pasó a considerar a los menores de 18 años como sujetos de derecho (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 296). “Antes, el Estado se ocupaba solamente de aquellos que se encontraban en situación irregular, es decir, en casos de abandono o delincuencia, con una lógica asistencial y represiva”, dice. A partir de entonces, según él, la doctrina de protección integral del niño pasó a considerar que el mismo tiene derecho a una convivencia familiar. “Por esto, en los casos de orfandad, la prioridad es mantener al niño bajo el cuidado de algún miembro de la familia que esté en condiciones de asumir su custodia”, explica. Según el jurista, tan solo en ausencia de parientes de hasta cuarto grado que puedan hacerse cargo, las leyes establecen que se lo debe enviar a un centro de acogida.

En Brasil, aproximadamente el 40 % de las familias son monoparentales y las madres o abuelas son las jefas de hogar, recuerda el pedagogo Roberto da Silva, de la Facultad de Educación de la USP (FE-USP). “Cuando un niño queda huérfano, normalmente queda a cargo de una mujer. Entre la población vulnerable, donde las familias son numerosas, los chicos más grandes suelen cuidar a los más pequeños”, explica Da Silva. En los casos de orfandad, se necesita solicitar la custodia provisional ante la Justicia a efectos de su representación legal que involucra, por ejemplo, su escolarización o la inclusión en la categoría de dependiente en el Impuesto a la Renta (IR). En tanto, cuando el niño cuenta con un patrimonio por recibir, según el pedagogo, se necesita nombrar a un tutor que lo acompañe hasta que cumpla los 18 años o se emancipe.

Para calcular la cantidad de huérfanos a causa de la pandemia en todo el mundo, el estudio del CDC, en el que también participaron científicos de instituciones tales como la Universidad de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, el Imperial College y la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, se basó en los datos de mortalidad y fecundidad de los países estudiados. Con base en esa información, se crearon modelos matemáticos para calcular los fallecimientos de los cuidadores, principales o secundarios, asociados al covid-19. “Consideramos cuidadores principales a los padres o abuelos que tiene la custodia de los niños. Los abuelos que residen en el mismo hogar o los familiares mayores, con entre 60 y 84 años, fueron clasificados como responsables secundarios”, explica Hills.

La investigación también detectó que, desde el comienzo de la pandemia, los niños de familias que perdieron todos o la mayor parte de sus ingresos presentaban una probabilidad cuatro veces mayor de sufrir violencia familiar, en comparación con otros niños pertenecientes a grupos familiares que mantuvieron su nivel de ingresos previo a la pandemia. “Además, los niños cuyas escuelas se cerraron tenían el doble de riesgo de padecer violencia que aquellos cuyas escuelas siguieron funcionando”, subraya Hills. En sintonía con las reflexiones de la epidemióloga, la economista Juliana Inhasz, del Insper, destaca que, entre la población de clase media o baja, donde ambos padres deben trabajar para contribuir con los ingresos familiares, la pérdida de recursos económicos de uno de ellos puede obligar al niño a incorporarse antes al mercado laboral, lo que lleva a un abandono prematuro de la escolaridad. “La gran cantidad de huérfanos como resultado de la pandemia puede llegar a desarticular las posibilidades de que Brasil cuente con una población más productiva y calificada, acentuando las desigualdades de ingresos”, advierte.

Las investigaciones que llevó a cabo el médico Ivan França Junior, de la Facultad de Salud Pública (FSP) de la USP, en el contexto de la epidemia del sida, que hasta 2011 había dejado 16 millones de huérfanos en todo el mundo, según los datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), indican que la pérdida de los padres y, en particular, la muerte de la madre, llevan a los niños a tener que deambular por los hogares de distintos familiares. “Especialmente entre la población más vulnerable, los huérfanos a menudo quedan al cuidado de sus parientes o incluso de amigos de la familia, para evitar que se lo envíe a una institución de acogida”, sostiene, citando un estudio pionero que captó este fenómeno, elaborado por la antropóloga Cláudia Lee Williams Fonseca, de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), entre finales de la década de 1990 y comienzos de la de 2000.

Los estudios de França Junior, centrados en los municipios de Porto Alegre y São Paulo, incluyeron análisis cuantitativos y cualitativos sobre los huérfanos a causa del sida de hasta 15 años. En la capital de Rio Grande do Sul, el trabajo se llevó a cabo en 2003, con los huérfanos de alrededor de 1.600 personas fallecidas entre 1998 y 2001, mientras que en São Paulo, la investigación, que fue financiada por la FAPESP, se realizó en 2007 y evaluó el impacto de las muertes a causa de la enfermedad registradas entre los años 2000 y 2004. “En Porto Alegre, dentro del conjunto investigado, localizamos los domicilios de 1.294 personas fallecidas a causa del sida. Entre ellas, 562 habían dejado 1.131 hijos menores de 15 años. Esto significa que por cada 10 fallecidos había aproximadamente 8,8 huérfanos”, especifica. En tanto, en São Paulo, la muestra final estaba compuesta por 2.000 direcciones de personas fallecidas, 1.800 de ellas localizadas. “Tras las visitas domiciliarias, verificamos que el 50,1 %, o sea, 918 hogares, correspondía a individuos que habían dejado al menos un hijo”, relata. De ese total, 643 eran niños de 1 a 14 años. “Comprobamos que, en la capital paulista, por cada 10 muertos como consecuencia del sida, quedaron huérfanos 6,5 niños y jóvenes”, informa. Según el artículo publicado en The Lancet, en Brasil habría 2,8 huérfanos por cada 10 padres fallecidos por covid-19.

En el estudio en São Paulo, França Junior constató que solamente los huérfanos seropositivos fueron incorporados a programas específicos de salud o de asistencia social. “Cuando el niño era huérfano pero no portador del virus, se volvía invisible para el Estado”, dice el médico, haciendo hincapié en la importancia de impulsar políticas públicas para los huérfanos que está dejando la pandemia actual. En el caso del sida, él comenta que tras la difusión de la terapia antirretroviral altamente activa (Haart), el número de fallecidos disminuyó y fue posible prolongar la vida de los infectados, reduciendo la orfandad. “Por analogía, podemos decir que la vacuna contra el covid-19 puede frenar la expansión de la orfandad, de la misma forma que ocurrió con la Haart”, analiza.

En cuanto al futuro de los niños que han quedado huérfanos a causa de la pandemia de covid-19, en el libro intitulado Direitos da criança e adoção internacional [Derechos del niño y adopción internacional] (Thomson Reuters, Revista dos Tribunais, 2021), Ferraz de Campos Monaco, de la FD-USP, incluyó un capítulo en donde aborda los impactos de la adopción de técnicas de fertilización sobre el número de casos de adopciones internacionales. “En mis estudios sobre las relaciones de familia en el derecho internacional, pude comprobar que en Brasil y en todo el mundo las adopciones han disminuido desde 2009 hasta nuestros días. Mi hipótesis es que este descenso se debe a la evolución de las técnicas de reproducción asistida, que se han ido perfeccionando”, argumenta. Por ello, el jurista sostiene que, por una parte, esta tendencia podría sugerir que la posibilidad de adopción de los huérfanos actualmente es menor, si se la compara con el panorama de hace 10 años. Empero, por otra parte, circunstancias tales como las guerras, las catástrofes naturales y las epidemias tienden a sensibilizar a la población en cuanto al destino de los niños desamparados. “Por esta razón, creo que en pocos meses registraremos un crecimiento en las adopciones en todo el mundo”, dice. En este sentido, él cita la experiencia de uno de sus alumnos de maestría, el juez de Minoridad Paulo Roberto Fadigas César. Este magistrado, según él, sostiene que el interés de los brasileños por adoptar aumenta cuando se publican noticias sobre niños huérfanos, una tendencia que pudo observarse, por ejemplo, tras el terremoto en Haití, en 2010.

Según las leyes brasileñas, los huérfanos menores de 21 años pueden solicitar una pensión al sistema previsional público en caso de ser familiares directos de una persona fallecida, siempre que esta estuviera registrada en el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS). Desde el mes de marzo, el Senado Federal tramita un proyecto de ley que prevé una pensión mensual para los menores de 18 años que han perdido al padre o a la madre como consecuencia de la pandemia.

El apoyo de la familia

Valentina FraizEn el 20,6 % de los hogares brasileños, los ingresos de los mayores de 60 años representan más de la mitad del presupuesto familiar, mientras que el 18,1 % solamente cuenta con los ingresos de esos adultos mayores para subsistir. Un estudio desarrollado por la economista Ana Amélia Camarano, del Ipea, muestra que, hasta julio de 2020, el 73,8 % de los fallecimientos atribuidos al covid-19 correspondió a individuos de 60 años o más, lo que alerta sobre el impacto de esas muertes en los ingresos de las familias brasileñas. “En los hogares en que los ancianos son responsables de más del 50 % de los ingresos, cuando estos mueren, los ingresos promedio per cápita de esos hogares cae de unos 1.600 reales por mes a 425 reales, o sea, una merma de casi un 75 %”, puntualiza Camarano. El análisis del Ipea, elaborado a partir de los datos que surgen de la Encuesta Nacional Continua por Muestreo de Domicilios (Pnad), arrojó que, en 2018, un 33,9 % de los 71,3 millones de hogares brasileños incluía al menos a un anciano. En total, estos hogares albergaban 62,5 millones de personas, es decir, un promedio de 2,6 por domicilio, de las cuales 30,1 millones no eran adultos mayores. “De este último grupo, 16,6 millones no trabajaban y el anciano aportaba el 69,8 % de los ingresos de esos hogares. Y el 56,3 % de estos ingresos procedía de pensiones o jubilaciones”, informa la economista.

Desde finales de la década de 1990, según Camarano, el país ha experimentado un proceso en el cual, cada vez son más los adultos mayores que se han convertido en sostén de familia, manteniendo a hijos y nietos. “Este fenómeno está relacionado con las dificultades que enfrentan las personas de 15 a 29 años para acceder y mantenerse en el mercado laboral”, argumenta. Otra tendencia, según la economista, apunta a un aumento de los individuos de 50 a 59 años que no trabajan ni buscan trabajo, no están jubilados ni son pensionados. “En 1992, el 5,3 % de las personas comprendidas en ese grupo etario vivían con sus padres, un porcentaje que creció al 9,1 % en 2012”. Esto significa, según el razonamiento de Camarano, que las familias brasileñas se han visto cada vez más obligadas a mantener económicamente a sus miembros vulnerables, con los adultos mayores asumiendo protagonismo en este contexto.

“El apoyo intergeneracional por medio de acuerdos familiares ha funcionado en el país como una estrategia de supervivencia”, concluye.

Artículos científicos
HILLS, S. D. et al. Global minimum estimates of children affected by Covid-19-associated orphanhood and deaths of caregivers: a modelling study. The Lancet. v. 398, n.10298, p. 391-402, Jul. 2021.
CAMARANO, A. AM. Os Dependentes da Renda dos Idosos e o Coronavírus: Órfãos ou Novos Pobres? Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada (Ipea). Nota técnica, julio de 2020.
FONSECA, C. La circulation des enfants pauvres au Brésil: une pratique locale dans un monde globalisé. Anthropologie et Sociétés. Francia: v. 24, n.03, p. 53-73, 2001.

Republish