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ARQUEOLOGÍA

La datación de un esqueleto hallado en el estado brasileño de Piauí revela una antigüedad de 9.600 años

El individuo, apodado Zuzu, fue contemporáneo de los grupos humanos más antiguos de América de Sur

El cráneo reconstruido de Zuzu, expuesto en el Museo del Hombre Americano, en São Raimundo Nonato, estado de Piauí

Léo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESP

Zuzu, un esqueleto humano bastante antiguo hallado en el interior del estado de Piauí, ya se vio envuelto en ciertas polémicas arqueológicas. Una de ellas, ahora aparentemente resuelta, se refiere a cuándo habría vivido este individuo. Zuzu habitó en la actual región del sudeste de Piauí hace aproximadamente 9.600 años, unos 1.400 años después de lo que se había estimado anteriormente. De cualquier manera, es uno de los especímenes humanos más antiguos que se hayan encontrado hasta ahora en Sudamérica. La otra, aún pendiente, es sobre su sexo: el esqueleto ha sido señalado por algunos estudios como el de una mujer, mientras que otros sugieren que sería un varón, la opción abonada por los análisis más recientes, pero con una constitución corporal que invita a pensar en un esqueleto femenino.

“El resultado obtenido en la nueva datación de Zuzu está dentro de lo esperado”, dice la arqueóloga argentina Lumila Menéndez, investigadora de las universidades de Bonn, en Alemania, y de Viena, en Austria, autora principal del artículo publicado el 12 de mayo en la revista Scientific Reports exponiendo los resultados. “Este valor es similar al obtenido mediante la datación directa para otros esqueletos antiguos de América del Sur. Ninguno de ellos es mucho más antiguo que eso”. Con base en el análisis de las hogueras y del material lítico supuestamente producido por seres humanos, la arqueóloga francobrasileña Niède Guidon, coautora del trabajo actual y líder durante casi cinco décadas de las investigaciones en el Parque Nacional Serra da Capivara, en Piauí, donde se halló la osamenta de Zuzu, viene sosteniendo desde los años 1980 que el Homo sapiens se estableció en la región hace decenas de miles de años. Sin embargo, el resultado de la nueva datación de Zuzu es el más antiguo para un esqueleto humano en esa región.

La determinación del tiempo en el que vivieron los especímenes humanos más antiguos del continente es clave para poder entender cómo se produjo la ocupación humana de América. Con todo, la datación de material biológico milenario constituye todo un reto en el caso de Brasil. El clima tropical, la humedad elevada y los suelos, a menudo ácidos, dificultan la conservación adecuada de los huesos y otros tejidos que contienen material genético y otros elementos útiles para determinar la edad de los cuerpos. Como alternativa, los arqueólogos intentan obtenerla de manera indirecta, a través de la datación de materiales asociados al esqueleto, como la capa de sedimento de la cual fue recuperado o los fragmentos de carbón asociados a él.

Ahora se ha podido establecer en qué período vivió Zuzu a partir de la datación directa de los iones de carbonato (CO3) del esmalte de sus dientes. Los isótopos de carbono radiactivos hallados en dos molares permitieron precisar que el esqueleto tiene entre 9.526 y 9.681 años. Empero, esta sería su edad mínima, dicen los científicos. Es probable que Zuzu tenga algunos siglos más de antigüedad, ya que el carbonato de otros materiales del entorno, más reciente que el esqueleto, podría haberse integrado a las piezas dentales con posterioridad a su muerte.

Rodrigo Cunha

“La ausencia de dataciones directas de esqueletos hallados en el Parque Nacional Serra da Capivara llevaba a los investigadores extranjeros que trabajan con el poblamiento de América a no tener en cuenta los datos de la región”, comenta la antropóloga física argentina Ana Solari, investigadora de la Fundación Museo del Hombre Americano (Fumdham), la entidad responsable de la preservación del patrimonio cultural y natural del parque y coautora del artículo publicado en Scientific Reports.

El Parque Nacional Serra da Capivara, situado en el sudeste de Piauí, a unos 530 kilómetros de la capital del estado, Teresina, ocupa una superficie de aproximadamente 130.000 hectáreas del bioma de la Caatinga en los municipios de São Raimundo Nonato, João Costa, Brejo do Piauí y Coronel José Dias, que alberga una de las mayores concentraciones de yacimientos arqueológicos del país pertenecientes al Holoceno superior, la época geológica comprendida entre 11.700 y 8.200 años atrás. Veintisiete de ellas contienen esqueletos humanos, sepultados individualmente, como en el caso de Zuzu, o en grupos de hasta 20 individuos. Las edades obtenidas mediante la datación indirecta, realizada a partir del análisis de los materiales que se encontraron junto a los esqueletos, indican que algunos son contemporáneos de Zuzu y otros podrían incluso ser más antiguos.

Los huesos de Zuzu fueron hallados en julio de 1997 en las excavaciones realizadas por el equipo de Guidon en un pequeño albergue rocoso conocido como Toca dos Coqueiros, en el municipio de Coronel José Dias. El sitio es un paredón rocoso inclinado, cubierto de pinturas rupestres, que proporcionaba protección contra el sol y la lluvia, puesto que el clima de la región era más húmedo en aquella época. Zuzu se encontraba en posición fetal, decúbito lateral izquierdo, con su mano izquierda debajo del rostro y la derecha delante.

Tras algunos intentos de datación directa del esqueleto, frustradas debido a la ausencia de colágeno en los huesos, en 2002, Guidon y la bioarqueóloga Andrea Lessa consiguieron determinar la edad de un carbón incrustado en el talón derecho del esqueleto. Ese material tenía alrededor de 11.000 años, la primera edad que se le atribuyó a la osamenta. “Siempre que sea posible, se prefiere en primer lugar la datación directa del esqueleto, capaz de definir en qué período vivió el individuo”, explica la bioantropóloga Mercedes Okumura, de la Universidad de São Paulo (USP), estudiosa de los asentamientos prehistóricos en Brasil, quien no participó del trabajo actual.

FUMDHAMZuzu en la posición en la que se le encontró originalmente en Toca dos Coqueiros, en 1997FUMDHAM

La primera datación, presentada en un artículo que salió publicado en la revista American Journal of Physical Anthropology, era más cercana a la de otro esqueleto humano famoso, que hasta el día de hoy es considerado el más antiguo de América del Sur: Luzia, una mujer adulta que murió hace entre 12.500 y 13.000 años en los alrededores del actual municipio de Lagoa Santa, en la zona central del estado de Minas Gerais. “Con excepción de Luzia y alguno que otro caso, casi todo el material humano hallado en Lagoa Santa tiene entre 9.000 y 10.000 años, la misma edad ahora atribuida a Zuzu”, comenta el bioantropólogo Walter Neves, creador del Laboratorio de Estudios de la Evolución Humana de la USP, quien estuvo a cargo en la década de 1990 del análisis pormenorizado del cráneo de Luzia y de otros esqueletos de Lagoa Santa.

En el trabajo de 2002, Lessa y Guidon propusieron que Zuzu habría tenido en vida una estatura de 1,40 a 1,60 metros y habría muerto a una edad entre los 35 y 45 años. Las características de los huesos de la pelvis indicaban que la osamenta pertenecía a una mujer, al igual que los resultados de un análisis de ADN extraído de los huesos de su mano derecha y de una vértebra de su columna.

Fue el comienzo de otra controversia en torno al esqueleto de Toca dos Coqueiros, porque el resultado del análisis genético generó escepticismo entre los arqueólogos a causa de lo difícil de la preservación del colágeno en los esqueletos de Serra da Capivara.

Años más tarde, el arqueólogo Albert Russell Nelson, por entonces investigador en las universidades de Michigan y Wyoming (EE. UU.), reconstruyó el cráneo de Zuzu, que al momento del hallazgo estaba bastante fragmentado, y reexaminó sus características. También comparó las estructuras de su pelvis con las de otros dos esqueletos femeninos –uno casi contemporáneo de él y otro mucho más reciente– procedentes de Serra da Capivara.

Nelson llegó a la conclusión de que Zuzu habría sido un varón, aunque con rasgos más delicados. Otros vestigios arqueológicos descubiertos amparaban esa idea: la presencia de dos puntas de lanza de piedra tallada encontradas junto al cuerpo; se cree que ese tipo de ofrenda solo se les hacía a los hombres. En un comentario publicado en 2005, también en American Journal of Physical Anthropology, sugirió incluso, basándose en la morfología y las medidas de las estructuras del cráneo, que Zuzu habría tenido una fisonomía similar a la de Luzia y de otros individuos del pueblo que habitó en la región de Lagoa Santa hace unos 10.000 años. La conclusión sería apuntalada dos años después por otro análisis publicado en la misma revista, realizado por Neves y el bioantropólogo brasileño Mark Hubbe, actualmente docente de la Universidad del Estado de Ohio (EE. UU.), en colaboración con Guidon. En el artículo, ellos sostienen: “En cuanto al sexo de Zuzu, nuestros análisis corroboran la idea esgrimida por Nelson en 2005, cuando afirmó que este esqueleto pertenece a un varón de contextura menuda”.

Rodrigo Cunha

Cuando analizó los cráneos de los ejemplares del pueblo de Lagoa Santa, a finales de la década de 1980, Neves constató que esos individuos, así como el resto de los esqueletos del mismo período hallados en América, presentaban rasgos similares a los de los africanos y los aborígenes de Australia y Melanesia, diferentes a los de los grupos indígenas actuales, cuyos rasgos se asemejan a los asiáticos. Los llamados paleoamericanos de aquel grupo, al cual pertenecerían Luzia y Zuzu, presentan un cráneo más estrecho y alargado en sentido anteroposterior, con órbitas más bajas que las de los indígenas actuales. Ellos serían descendientes del primer grupo humano que llegó a América, procedente de Asia y con rasgos australomelanésicos, según el modelo de ocupación del continente propuesto en 1989 por Neves y el bioantropólogo argentino Héctor Pucciarelli. Esa morfología habría perdurado hasta los tiempos históricos, en individuos de pueblos como los que los que los colonizadores portugueses denominaron botocudos. Los demás grupos indígenas, según este modelo, serían descendientes de una segunda oleada migratoria, integrada en este caso por individuos con características asiáticas.

“El trabajo es impecable, pero era de esperarse que Zuzu tuviera facciones australomelanésicas, al igual que los demás paleoamericanos, como ya se había apuntado”, dice Neves, quien no participó en este estudio. Él atribuye la presencia generalizada de estas características en aquella época a la historia evolutiva de los seres humanos. Como el Homo sapiens surgió en África y posiblemente atravesó un proceso relativamente reciente de transformación morfológica de su cráneo, esos rasgos más antiguos se diseminaron por todo el planeta. “Hasta hace 10.000 años, varios grupos étnicos de todo el mundo presentaban esta morfología a la que denomino panafricana”, dice el bioantropólogo.

Además de establecer un registro obtenido mediante datación directa para el esqueleto de Zuzu, en el trabajo publicado en Scientific Reports, Menéndez, Solari y otros colaboradores analizaron 10 medidas de su cráneo y las compararon con las de otros 108 esqueletos –39 de individuos que vivieron en el Holoceno superior y 69 en el Holoceno inferior (los últimos 4.200 años)– hallados en diversas regiones del territorio brasileño. Los resultados revelaron que Zuzu se asemeja mucho más a los cráneos del primer grupo, casi todos paleoamericanos de Lagoa Santa que a los de los individuos de períodos más recientes, incluso aquellos que habitan o habitaron en sitios geográficamente más cercanos a Serra da Capivara, como los del pueblo Guajajara, del estado de Maranhão.

Al comparar las estructuras del cráneo de Zuzu con las de los individuos de ambos períodos, los científicos determinaron que el esqueleto probablemente sería el de una mujer. Pero si se lo compara solamente con los cráneos del Holoceno superior, período al cual pertenece, Zuzu es un varón con facciones delicadas. “Es posible que el dimorfismo sexual, es decir, las diferencias en la fisonomía externa entre varones y mujeres se haya modificado a lo largo del tiempo. Estas diferencias podrían haber sido menos acentuadas, o bien esos pueblos sencillamente podrían haber tenido características morfológicas diferentes en el pasado”, supone Menéndez. “Tal vez sea por este motivo que se nos dificulta establecer si el esqueleto era masculino o femenino”. Sin embargo, el dimorfismo sexual era bastante evidente entre los antiguos pobladores de Lagoa Santa, contemporáneos de Zuzu.

Artículos científicos
MENÉNDEZ, L. P. et al. Morphometric affinities and direct radiocarbon dating of the Toca dos Coqueiros’ skull (Serra da Capivara, Brazil)Scientific Reports. v. 12, n. 7807. 12 may. 2022.
LESSA, A. y GUIDON, N. Osteobiographic analysis of skeleton I, sítio Toca dos Coqueiros, Serra da Capivara National Park, Brazil, 11,060 bp: first results. American Journal of Physical Anthropology. v. 118, n. 8, p. 99-110. jun. 2002.
NELSON, A. R. “Osteobiographics” of dos Coqueiros paleoindian reconsidered: Comment on Lessa and Guidon (2002). American Journal of Physical Anthropology. v. 126, n. 4, p. 401-3. abr. 2005.
HUBBE, M. et al. “Zuzu” strikes again – Morphological affinities of the early Holocene human skeleton from Toca dos Coqueiros, Piaui, BrazilAmerican Journal of Physical Anthropology. v. 134, n. 2, p. 285-91. oct. 2007.

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