Guia Covid-19
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Calcular al oscuro

La creatividad les ayuda a los científicos a anticipar el impacto económico de una crisis sin precedentes

Léo Ramos Chaves

Cuando la economía sufre un tropiezo, hay un conjunto de modelos y precedentes históricos que suelen estar disponibles para responder a las preguntas de los economistas. ¿Cuál es la intensidad y la duración de la crisis? ¿Cuáles son los sectores afectados? ¿Qué sucede con el mercado laboral y con las variables económicas principales, tales como el tipo de cambio, el Producto Interno Bruto (PIB) y la inflación?

Pero la crisis que emerge a partir de la pandemia es distinta: ni superproducción, ni quiebra del mercado financiero, ni una alteración súbita de una variable básica como el tipo de cambio, las tasas de interés o el precio del petróleo. En esta ocasión, una enfermedad que aún es poco conocida provocó que los gobiernos de todo el mundo suspendieran gran parte de la actividad económica, durante un período que puede extenderse más allá de dos meses. A raíz de esto, se hizo necesario apelar a la creatividad para estimar la reacción de las economías ante este evento nuevo.

El cálculo del PIB no suele ser complicado: se suma cuánto consumieron las familias en concepto de bienes y servicios, cuánto invirtieron las empresas, cuánto gastó el gobierno y cuánto exportó e importó el país durante un período determinado. Si se conoce cómo se comportó la economía anteriormente, y cuál ha sido el derrotero de los factores principales que la afectan, tales como las tasas de interés, el tipo de cambio, el desempeño de los principales socios comerciales, la cotización de los productos que se exportan, entre otros apartados, puede pronosticarse cuánto se producirá y se consumirá en el país durante los meses y años siguientes.

Pero esto no sucede cuando la actividad económica se ve interrumpida. “Normalmente, cuando se producen grandes crisis, la caída de la demanda llega a ser de un 4% o un 5%. En este caso, hay algunos que hablan de un 40% o de un 70%. Es algo sin parangón. Este año, el nivel de incertidumbre es enorme como para poder trazar un pronóstico”, dice José Ronaldo de Castro Souza Júnior, director de Estudios e Investigaciones Macroeconómicas del Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea).

Una de las dificultades es la propia pandemia. ¿Cuánto tiempo durará? ¿Cuál es el volumen de los recursos destinados a equipamientos médicos? ¿Cuánto trabajo sigue haciéndose mientras se mantiene a la gente en su casa? “Resulta imposible trabajar normalmente trazando estimaciones a corto plazo. Incluso las cifras que aporta la epidemiología son inciertas, pues las más mínimas variaciones producen resultados muy distintos. Cualquier indicador de incertidumbre que uno elija para elaborar un modelo es dudoso”, se lamenta De Castro Souza Júnior. “En este momento, me siento más cómodo elaborando pronósticos a largo plazo, para dentro de 10, 20 ó 30 años”, dice.

El economista recuerda que los técnicos del Ipea mantuvieron una serie de reuniones online para entender qué podría hacerse desde el punto de vista técnico”. Una de las dificultades reside en que la crisis presenta dos instancias. En la primera, el “shock de oferta”, la producción se ve interrumpida, tal como ocurrió en enero y febrero en China, provocando un faltante de piezas e insumos chinos en las industrias de todo el mundo. “Eso ya comprendimos cómo es. El problema radica en la segunda instancia: el shock de demanda”, informa el economista del Ipea, en referencia a la interrupción del consumo en el marco del aislamiento. “Estamos utilizando modelos que no solíamos usar, que analizan la economía sector por sector. La dificultad se plantea al tratar de entender hasta qué punto se extiende el shock de oferta y cuándo aparece el shock de demanda. La reactivación de la economía va a depender, en gran medida, del comportamiento de la demanda”, sintetiza De Castro Souza Júnior.

Otra de las dificultades reside en la obtención de los datos en los cuales se basan las proyecciones. Gran parte de las cifras las provee el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). La fuente principal es la Encuesta Nacional por Muestreo de Domicilios Continua (Pnad Contínua, en portugués), que se publica mensualmente con las cifras correspondientes al trimestre anterior. En el marco de la pandemia, el instituto se vio obligado a introducir una serie de adaptaciones. La primera fue la postergación del Censo para 2021. Otra fue la cancelación de las visitas domiciliarias referentes a la Pnad.

El IBGE sustituyó las visitas por consultas telefónicas, recurriendo a diversas bases de datos que ya poseía. En el mes de mayo, se dio inicio a la Pnad-Covid, en forma conjunta con el Ministerio de Salud. Se efectuaron 193.600 llamadas telefónicas a domicilios, en las cuales se indagó fundamentalmente al respecto de la enfermedad, pero también se incluyeron temas relacionados con el trabajo y los ingresos de las familias. “A partir del 17 de marzo suspendimos las encuestas presenciales y, desde entonces, empezamos a debatir con los técnicos acerca de la continuidad de los estudios, así como el desarrollo eventual de otros productos”, declaró en el lanzamiento de la iniciativa Eduardo Rios-Neto, director de investigaciones del IBGE. Según la coordinadora de Cuentas Nacionales del instituto, Rebeca Palis, el índice de respuesta a los cuestionarios registró un descenso en el mes de marzo. “De cualquier modo, evaluamos que los datos necesarios para alimentar las cuentas nacionales en el primer trimestre son adecuados”, refiere.

El sociólogo Ian Prates, investigador del Centro Brasileiro de Análise e Planejamento (Cebrap) y de Social Accountability International, menciona que la interrupción de los procedimientos habituales de investigación llegó a denominarse “apagón de datos”: el ritmo de producción de las informaciones no es el mismo, la base de comparación es imperfecta y algunas cifras no pueden recabarse. “Si el dato oficial no existe, no podemos cruzarnos de brazos y aguardar a que termine la pandemia”, dice.

Bruna Prado/ Getty Images La gente hace cola frente a la sucursal del banco público Caixa Econômica Federal, en Río de Janeiro, utilizando mascarillas de protección y cumpliendo las reglas de distanciamiento, en busca de la ayuda de emergenciaBruna Prado/ Getty Images

“Estamos utilizando datos que, en situaciones normales, nunca usaríamos”, dice Prates, aludiendo a informaciones sobre el consumo y la circulación recabadas con la ayuda de instituciones tales como Google y Cielo S.A., así como sobre la situación de las empresas, obtenidas con la ayuda del Servicio de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas (Sebrae). “Esos son los datos que están disponibles, pero también son los que tienen sentido en este momento. Si hasta ahora les hemos prestado menos atención, eso puede deberse al empleo  de una rutina específica”, especula.

“Hay algunos tipos de datos con los cuales usualmente no trabajamos, pero ahora sí lo estamos haciendo, porque nuestro objetivo es una labor a corto plazo, y no solo la comprensión de los procesos sociales”, añade el también sociólogo Rogério Barbosa, del Centro de Estudios de la Metrópolis (CEM), uno de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid) patrocinados por la FAPESP. Un ejemplo es la geolocalización de las personas por medio de sus teléfonos celulares, en colaboración con la empresa Inloco.

Barbosa y Prates son los responsables de las investigaciones sobre el mercado laboral y los ingresos, la asistencia social y las políticas de emergencia en la Red de Investigación Solidaria, que fue creada en marzo para estudiar la pandemia. Dicha red congrega a científicos de diversas áreas e instituciones de educación superior, y publica boletines con análisis sobre la evolución de la pandemia en el país y sus efectos sobre la sociedad y la economía.

Pese a las dificultades, las proyecciones comenzaron a presentarse ya durante la última semana de marzo. El Ipea estimó una caída del PIB brasileño de un 0,4% si el aislamiento social se mantuviera hasta el final de abril, y de un 1,8%, si durara hasta junio. Esas proyecciones fueron publicadas en Carta de Conjuntura, en su edición nº 46. En abril, el instituto publicó otras proyecciones sueltas, como adelanto de la edición nº 47. Todos los textos son enfáticos en cuanto a la condición especulativa de los pronósticos, anunciando que la cifra inicial del 1,8% ya se había superado.

En la primera semana de abril, el Departamento de las Naciones Unidas para Asuntos Económicos y Sociales (DAES), calculó que el PIB mundial caería casi un 1%, cuando las previsiones anteriores eran de una expansión del 2,5%. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI), estimó que la caída sería de un 3%. El Banco Mundial fue más allá: proyectó una contracción del PIB de un 4,6% para Latinoamérica y de un 5% para la economía brasileña.

También en el mes de abril, el Banco de Pagos Internacionales (BPI) publicó un resumen de proyecciones sobre pandemias hipotéticas, basándose en eventos previos, tales como la gripe española, que habría infectado a alrededor de 500 millones de personas entre 1918 y 1920. Las estimaciones van de una caída de la economía global de menos del 1% para este año a desplomes mayores a un 4%. No se conoce con certeza cuál fue el impacto económico de la mentada gripe española, que habría matado a entre 50 millones y 100 millones de personas, según los cálculos del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, en inglés). No obstante, en marzo, un grupo de economistas liderados por Robert Barro, de la Universidad Harvard, calculó que, entre 1918 y 1920, la caída del PIB mundial se ubicó en un rango entre el 6% y el 8%.

De todas maneras, las crisis sanitarias del pasado no proveen instrumentos para prever el desempeño económico de este año, se lamenta el economista Emerson Marçal, coordinador del Centro de Estudios en Macroeconomía Aplicada de la Escuela de Economía de São Paulo de la Fundación Getulio Vargas (EESP-FGV). Otras pandemias más recientes, tales como la del SARS, en 2003 y la de la gripe H1N1, en 2009, tuvieron un alcance acotado y un efecto mundial bastante menos intenso que el covid-19. La gripe española, por otra parte, llegó a alcanzar escala global, empero, para un episodio que ocurrió hace 100 años, “los datos son inexistentes o insuficientes”, dice Marçal. “En aquella época, las variables macroeconómicas no se calculaban tan bien. Solo disponemos de estimaciones, que están bien hechas, pero que no permiten trazar un modelo sobre lo que ocurrió hace tanto tiempo”, explica.

Marçal y su equipo se basaron en dos eventos de la historia económica reciente para calcular, durante la segunda quincena de marzo, el efecto de la pandemia sobre el PIB brasileño. En cuanto a los factores externos, se escogió la crisis financiera de 2008, que interrumpió el flujo de capitales y provocó una caída en el PIB en 2009. En lo que respecta a un estancamiento de origen doméstico, el investigador tomó como referencia la huelga de los camioneros, en mayo de 2018, que bloqueó las carreteras del país durante 10 días.

El resultado, presentado a comienzos de abril con amplia repercusión en los medios y en los mercados, marca una contracción que podría llegar al 4,5% para este año. “En aquel momento, tuve la impresión de que ese número era demasiado pesimista. Ahora estoy revisándolo, con los datos que ya se están recopilando, y me parece que pequé por exceso de optimismo”, declara Marçal. El factor doméstico acabó teniendo un mayor peso que el internacional, dado que la paralización de la economía brasileña está durando más que la huelga de los camioneros. “Si hubiera elaborado un modelo con una interrupción [de la actividad económica] más extensa, el resultado habría sido una cifra más abultada”, reconoce.

Léo Ramos Chaves En São Paulo, la calle José Paulino concentra tiendas de ropa y atrae a revendedores de todo Brasil: la pandemia paralizó el comercio no esencialLéo Ramos Chaves

Poco a poco, los pronósticos del mercado y del gobierno convergen hacia cifras similares a las que obtuvo Marçal. Al comienzo de marzo, el Ministerio de Economía todavía preveía un ligero crecimiento para 2020. El boletín Focus, un semanario del Banco Central que publica las proyecciones de instituciones financieras para las variables de la economía brasileña, detectaba solamente una pequeña contracción. Pero para mediados de mayo, Focus ya estimaba un retroceso de un 4,4% y el Ministerio de Economía proyectó una caída del 4,7%.

Estas nuevas proyecciones ya han incorporado los primeros datos oficiales del IBGE. Al comienzo de mayo, el instituto divulgó el efecto de la pandemia sobre la industria en el mes de marzo: una caída del 9,1% con respecto a febrero. En el segmento de los servicios, que fue divulgado durante la semana siguiente, el resultado también fue devastador: una retracción del 6,9%. Según el Banco Central, el Índice de Actividad Económica (IBC-Br), al cual se considera un “anticipo del PIB”, registró un retroceso del 1,95% en el primer trimestre en comparación con el último trimestre del año pasado. Solo en el mes de marzo, la caída de dicho índice arrojó un 5,9%. Según los datos del IBGE, el PIB del primer trimestre se contrajo un 1,5%. “Y el primer trimestre solo padeció los efectos de la pandemia durante dos semanas”, recuerda Marçal.

El impacto económico de la pandemia, a largo plazo, va a depender también en gran medida de la eficacia de las medidas que tome el gobierno para evitar quiebras, despidos y la pérdida del poder de consumo de artículos básicos. En Brasil, esas disposiciones incluyen una disminución de las reservas obligatorias que las instituciones financieras mantienen en el Banco Central, la disminución de la tasa básica de interés (Selic), el pago de asignaciones de emergencia de 600 reales a desempleados y a trabajadores informales, autónomos y microemprendedores individuales (MEI) y la autorización para reducir jornadas laborales y sueldos, entre otras iniciativas.

Para Souza Júnior, del Ipea, aún no se puede calcular el efecto de la ayuda gubernamental a empresas e individuos, excepto mediante una comparación contrafáctica. “Sin esas medidas, podríamos estar padeciendo un caos social. Si la gente está obligada a quedarse en su casa y al mismo tiempo no tiene esperanza de ganar dinero para consumir lo mínimo, eso sería una bomba que podría estallar con saqueos y revueltas”, analiza.

A principios de mayo, el equipo del Grupo Industria y Competitividad del Instituto de Economía de la Universidad Federal de Río de Janeiro (IE-UFRJ) publicó una proyección para los diversos sectores de la economía brasileña, en la que algunos de ellos ven reducirse hasta un 10% su nivel de actividad. Esto se aplica a la construcción civil, a la industria extractiva (la minería, por ejemplo) y a la de manufacturas (tales como las fábricas de bienes de consumo), aparte del comercio.

Los investigadores trabajaron con tres escenarios, utilizando la Matriz Insumo-Producto, una metodología que permite escudriñar cada sector de la economía en forma separada. En el escenario optimista, ya caduco, el aislamiento social sería breve, pero eficiente; sumado a las medidas tomadas por el gobierno para evitar quiebras, la recuperación sería rápida. De todas maneras, el retroceso del PIB sería de un 3,1%, con las tasas de empleo cayendo un 4,4%. En el escenario pesimista, las medidas de aislamiento y paliación de los efectos económicos de la pandemia son ineficaces. La caída del PIB llega al 11%, con un descenso catastrófico del índice de empleo del 14%.

Entre esos dos, figura el escenario base, en el cual el aislamiento social es prolongado y las medidas para la contención del virus tardan algún tiempo en surtir efecto, pero la situación del país no llega a ser desastrosa. En ese caso, el PIB sufriría un descenso del 6,4% y la tasa de empleo se reduciría en un ya alarmante 7,9%.

La industria de manufactura o transformación, tanto la de producción de bienes de consumo como la de bienes de producción, puede sufrir una caída del 11,3% (en el escenario base) o bien hasta un 18,8% (en el escenario pesimista). “Mucho se habla de la caída del sector de servicios, pero también vamos a asistir a una retracción importante de la demanda, porque los ingresos, las exportaciones y la inversión disminuyen. La industria se verá incluso más afectada que los servicios”, dice la economista Esther Dweck, docente del IE-UFRJ y coordinadora del estudio. “Incluso en el caso de que gracias a los productos agrícolas las exportaciones no se derrumbaran, las manufacturas perderán terreno en el mercado externo. Esto profundiza del proceso de desindustrialización del país”, anticipa.

Para entender el efecto de la pandemia sobre la industria, la economista Cristina Fróes de Borja Reis, de la Universidad Federal del ABC (UFABC) e investigadora de la Technische Universität de Berlín, en Alemania, entrevistó al comienzo del mes de abril a 32 empresarios del sector de máquinas y equipos de diversas regiones del país. Estos confirmaron un fuerte impacto de la pandemia sobre sus negocios. Según Fróes de Borja Reis, entre las compañías el 53% se vio afectado gravemente o muy gravemente, y algunas de ellas mencionan un riesgo inminente de bancarrota.

Léo Ramos Chaves La Avenida Paulista vacía, hacia el final de mayo: la eficacia de las medidas tomadas por el gobierno para evitar quiebras, despidos y pérdida del poder de consumo será decisiva para minimizar los efectos de la pandemiaLéo Ramos Chaves

Con el avance de la pandemia, se produjo una ruptura en la cadena de proveedores internacionales, se cancelaron contratos, se registró una caída de la demanda interna y externa, y se cancelaron ferias de negocios. Las empresas también fueron perjudicadas por el impedimento físico del equipo de ventas para hallar clientes, añade la economista. Para los sectores industriales que dependen de insumos importados, la depreciación reciente del real frente al dólar también fue una pésima noticia.

“Eso no significa que la industria vaya a desaparecer, porque se puede cambiar de rubro, pero esto es muy malo para las empresas más complejas e innovadoras”, dice Reis. “Lo que va a ocurrir es una intensificación de un proceso que ya estaba en curso: las industrias brasileñas serán cada vez más dependientes de la tecnología externa y las multinacionales solamente harán la etapa de montaje en Brasil”.

No solo la envergadura de la crisis, sino que también la forma de recuperación constituye una incógnita. En el plano internacional, el Foro Económico Mundial recopiló distintas hipótesis. El regreso en pocos meses a los niveles que se esperaban con antelación a la crisis, lo que se denomina “recuperación en V”, es cada vez más improbable. Para los analistas del foro, el retorno “en Z”, con un breve período de crecimiento acelerado capaz de compensar los meses de caída, antes del retorno a la tendencia de los años anteriores, también parece ser improbable.

En China, el primer país afectado por la pandemia del covid-19, los datos que empiezan a publicarse apuntan un retorno lento al nivel de producción previo a la caída abrupta del PIB. Esto es lo que se denomina “recuperación en U”. Los pronósticos de la UFRJ, del Ipea, de la FGV y del Ministerio de Economía trabajan mayormente con la hipótesis de una recuperación “en U” para Brasil. En el alfabeto del shock económico, también figuran otras dos posibilidades aún más preocupantes. En la recuperación “en L”, la actividad permanece durante bastante tiempo en un escalón inferior al que ostentaría en condiciones normales. En el caso del escenario “en W”, luego de un lapso breve de crecimiento, se instala una segunda recesión.

Frente a tal variedad de proyecciones y la incertidumbre implicada, el esfuerzo por anticipar datos y prever cómo evolucionará la crisis en las semanas y meses siguientes puede parecer un ejercicio estéril, ya que los errores serán groseros. Con todo, los investigadores rechazan la hipótesis de abdicar de los pronósticos: estos son indispensables para que el poder público y el sector privado elaboren estrategias de respuesta ante el colapso sanitario.

“Nuestro objetivo al elaborar proyecciones consiste en orientar la acción del gestor público. No importa si algunos de los pronósticos son un tanto sobreestimados o pesimistas. Lo que importa es que constituyen buenos instrumentos de acción”, dice Barbosa, del CEM. Souza Júnior, del Ipea, lo argumenta de manera similar. “Debemos proseguir elaborando esos pronósticos, porque debemos estar preparados y saber qué hacer, dependiendo del rumbo que tome la economía. ¿Cuál será el impacto sobre la recaudación, sobre el superávit primario o en el desempleo? ¿Y el tamaño de la deuda? ¿Cuáles serán las políticas fiscal y monetaria? ¿Qué puede hacerse en lo que atañe a las políticas sociales? Todo esto depende del alcance del daño y del ritmo de recuperación”, dice.

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