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CARTA DE LA EDITORA | 357

COP, 30

Como demandan resoluciones consensuadas, las conferencias de las partes (COP) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el cambio climático suelen comprender muchos conversaciones y negociaciones. Las reuniones se desarrollan cada año en una ciudad diferente, lo que le imprime un color local al diálogo (tal y como lo interpreta el ilustrador Gidalti Jr. en la portada de esta edición). Con una agenda urgente y compleja, la COP30 llega a la ciudad amazónica de Belém en busca de acordar metas más ambiciosos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Otro de los retos es la ampliación de los recursos destinados al denominado financiamiento climático, para sufragar la transición energética hacia una economía de bajo carbono y la adaptación de los países a los efectos del calentamiento global.

Esta es la primera COP en Brasil, pero el país ya fue sede anteriormente de la Río92, que marcó un hito en las reuniones internacionales sobre medio ambiente y desarrollo sostenible. Una de sus resoluciones fue el establecimiento de un tratado multilateral, la convención del clima de la ONU, de la que la COP es la principal reunión anual. El primer encuentro se plasmaría en Berlín (Alemania), tres años después.

En el contexto geopolítico actual, en el que los países ricos están centrados en sí mismos, asegurar más financiación no es una tarea sencilla, analiza la geógrafa Ane Alencar, del estado brasileño de Pará. Para muchos una agenda meramente ideológica, la polarización de la cuestión ambiental también dificulta la misión. “Para un sector de la sociedad, estos no son temas que deban resolverse”, dice Alencar, directora científica del Instituto de Investigaciones Ambientales de la Amazonia (Ipam), una ONG fundada hace 30 años en Belém.

La climatóloga ghanesa Nana Klutse visitó Brasil para asistir a la 17ª Conferencia General de la Academia Mundial de Ciencias (TWAS), y subraya la necesidad de una colaboración entre las naciones: “Tenemos un único planeta y las actividades de cada país afectan a los demás”.

La ciencia ha aportado los datos que fundamentaron la consecución de los consensos alcanzados en las COP, y los científicos continúan produciendo conocimientos relevantes en los múltiples frentes de esta amplia temática. Un ejemplo en esta edición es la constatación de que los árboles de la región amazónica son cada vez más grandes y, en promedio, han aumentado su tamaño un 3,3 % por década en los últimos 30 años. Este descubrimiento hace que el servicio ecosistémico de almacenamiento de carbono que prestan se torne más imprescindible aún.

Se espera obtener mucho conocimiento nuevo de las 22 expediciones científicas financiadas por la iniciativa Amazonia+10, una articulación entre las fundaciones de apoyo a la investigación científica de los nueve estados que conforman esa región, a la que también se sumó la FAPESP. Este acuerdo comprende actualmente a una gran cantidad de instituciones y agencias de científicas fomento de Brasil y del exterior, con más de 700 investigadores dedicados a recabar datos, especímenes biológicos y minerales y registros culturales, que han comenzado a salir al campo.

Desde hace siglos, uno de los objetivos de las expediciones científicas a la Amazonia es la producción de mapas. Propuestos como representaciones científicas de la realidad, históricamente han funcionado como instrumentos políticos. Un movimiento global llamado giro espacial o cartográfico pone en tela de juicio su naturaleza y su función. Sin renunciar a la ciencia, pero trascendiendo su supuesta objetividad, este modo concebir los mapas identifica, entre otros aspectos, redes de relaciones socioespaciales. Un ejemplo de ello es el mapa confeccionado por el pueblo indígena Borari, con el apoyo técnico de la Universidad Federal del Oeste de Pará, para el proceso de demarcación de tierras, que incluye ríos, senderos y lugares sagrados que no figuraban en la cartografía estatal. Asimismo, este movimiento también comprende una dimensión artística y simbólica, que ve a los mapas como plataformas para la creación de nuevos mundos.

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