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Pesquisa Fapesp 20 Años

Los espacios de la ciencia

Diversos artículos de la revista dan cuenta de lugares interesantes para el turismo científico

El telescopio Gemini, en la ciudad de Vicuña, en Chile

Ricardo Zorzetto

Desde el inicio de sus publicaciones, hace 20 años, Pesquisa FAPESP ha mostrado numerosos lugares que merecen conocerse: más allá de los hermosos paisajes que ofrecen, esos sitios pueden enseñar mucho sobre plantas, animales, el propio ser humano y el planeta.

Quien se interne en las selvas de la Amazonia y del Bosque Atlántico podrá vislumbrarlas como refugios de especies de aves, algunas de ellas identificadas por los expertos solo recientemente (lea en las ediciones nº 207 y 217), y como espacios en transformación permanente (lea en la edición nº 267). Ciertas áreas aisladas como los cerros cubiertos por vegetación de los estados de Minas Gerais y de São Paulo son propicias para el surgimiento de nuevas especies, por ejemplo, de orquídeas (lea en las ediciones nº 212 y 218).

El turista con interés en la ciencia que lee la revista también verá a la Caatinga –el matorral xerófilo brasileño–, un ambiente engañosamente estéril para la mayoría de la gente, como escenario de intrincados procesos ecológicos donde abundan especies exclusivas de árboles, peces, lagartos y aves (lea en las ediciones nº 93 y 108). Una zona particularmente rica, oculta bajo una impresionante aridez, son las dunas del São Francisco, en el norte del estado de Bahía. Las arenas hirvientes con vegetación raleada albergan “una fauna loca”, tal como la definió el biólogo Miguel Trefaut Urbano Rodrigues, de la Universidad de São Paulo (USP), quien visitó por primera vez la región en 1980 y 30 años después todavía seguía recorriéndola y hallando animales fascinantes a cada lado del río, como por ejemplo algunas especies de lagartos que parecen serpientes, a causa del tamaño mínimo de sus miembros. En los médanos habitan especies con pequeñas diferencias en su apariencia o constitución genética, a las cuales se las denomina especies hermanas, que comparten un antepasado común y siguieron trayectorias evolutivas propias a partir del momento en que el río las separó.

Léo Ramos Chaves El Museo de la Naturaleza, en el Parque Nacional Serra da Capivara, en el estado de Piauí, BrasilLéo Ramos Chaves

Con algo de tiempo y un poco de suerte, el visitante hallará especies de animales que solo viven allí, tales como el lagarto Eurolophosaurus amathites; el ratón cola de antorcha (Trinomys yonenagae), un roedor de 20 centímetros de largo; y un chotacabras de 20 centímetros de altura, el añapero de Bahía (Nyctriprogne vielliardi); todos adaptados a las arenas tórridas. En ese Sahara brasileño, los biólogos han identificado casi 30 especies y ocho géneros nuevos de lagartos endémicos: son más de los que hay en los desiertos norteamericanos o africanos. Las dunas exhiben una diversidad biológica comparable a la del archipiélago de las Galápagos, en cuya fauna se basó Darwin para elaborar su teoría de la evolución de los seres vivos (lea en las ediciones nº 57, 194 y en la edición especial FAPESP 50 años).

En la Caatinga, el pasado queda expuesto de múltiples formas. En diversos artículos se han descrito los fósiles excepcionalmente bien conservados de reptiles, peces y plantas con cientos de millones de años de Chapada do Araripe, una meseta cuyo territorio que se extiende por los estados de Ceará, Pernambuco y Piauí (lea en las ediciones nº 78, 115 y 283). A la par, puede conocerse la historia de la ocupación humana a través de los más de 1.200 sitios prehistóricos con pinturas rupestres que datan de hace entre 4 mil y 50 mil años en el Parque Nacional Serra da Capivara, considerado como patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco, y del Museo del Hombre Americano, inaugurado en enero de 2019 en el sur del estado de Piauí, cerca del Museo de la Naturaleza (lea en las ediciones nº 272 y 275). Otra región que amerita una visita es Lagoa Santa, en la ecorregión del Cerrado (la sabana brasileña) de Minas Gerais, que cobijó a poblaciones humanas antiguas, con sus propias culturas. Entre 2001 y 2009, científicos brasileños exhumaron y analizaron 26 sepulturas humanas realizadas hace 10.500 y 8.000 años que revelan prácticas mortuorias hasta entonces desconocidas (lea en la edición nº 247).

La historia de la Tierra puede rescatarse por medio de los 142 sitios geológicos propuestos en 2017 en 81 localidades del estado de São Paulo como incentivo para su preservación. En 2012, con el mismo propósito, la Comisión Brasileña de Yacimientos Geológicos y Paleobiológicos presentó un mapeo nacional, donde figuran 116 sitios con relevancia geológica, 16 de los cuales se encuentran en São Paulo (lea en la edición nº 257). En el estado de Rio Grande do Sul, las ruinas de Sete Povos das Misões, más allá de su valor cultural, guardan registros que sirven para entender cómo varía el campo magnético natural de la Tierra a lo largo de los siglos (lea en las ediciones nº 97, 185 y 244).

Los reportajes de las ediciones nº 90 y 247 expusieron investigaciones realizadas en el Observatorio Pierre Auger, en Argentina, y en Lagoa Santa, estado de Minas Gerais, en Brasil

Los telescopios terrestres invitan a un viaje aún más amplio que abarca diferentes marcos ambientales: uno geográfico, porque están emplazados en zonas aisladas; uno cósmico, porque introducen a eventos físicos que ocurrieron en estrellas y galaxias; y otro de las profundidades recónditas de la materia, puesto que, a veces, retratan fenómenos que ocurren a nivel de las partículas elementales. En esta área, Brasil forma parte de tres consorcios internacionales: el Observatorio de Rayos Cósmicos Pierre Auger, instalado en planicies  semidesérticas del oeste de Argentina (lea en las ediciones nº 90, 142 y 260); el Observatorio del Sur para la Investigación Astrofísica (Soar) y el Observatorio Gemini, ambos emplazados en una montaña de los Andes chilenos, el Cerro Pachón, a 2.700 metros de altura (lea en las ediciones nº 98 y 100).

También hay lugares en otros países que reciben a científicos brasileños y merecen conocerse, tales como el Observatorio Interferométrico de Ondas Gravitacionales (Ligo), en el Instituto de Tecnología de California, en Estados Unidos, desde donde se pudo registrar la primera imagen de las vecindades de un agujero negro, presentada en abril de 2019 (lea en la edición nº 279), y el Large Hadron Collider (LHC), el mayor acelerador de partículas del mundo, instalado en la frontera franco-suiza (lea en las ediciones nº 147 y 270).

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