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LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA DURANTE LA CUARENTENA

“Para no enloquecer, concentré mi energía en la investigación y las clases en la educación pública”

João Neves Pires, doctorando en historia, repartió su tiempo entre el estudio del punk en São Paulo y el curso en el que utilizó a Pesquisa FAPESP como material pedagógico

En la Etec de Hortolândia, João Neves sigue utilizando la revista como fuente de información y material para debates

Léo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESP

Cuando llegó la pandemia, tenía previsto viajar a Noruega. Estaba aguardando una respuesta de la beca Bepe [Beca de Pasantía de Investigación en el Exterior], de la FAPESP, para realizar un período de mi doctorado en historia, que curso en la Unicamp [Universidad de Campinas], en la Universidad de Oslo. Los documentos habían sido presentados y todo indicaba que funcionaría.

Estudio la historia urbana de São Paulo narrada por el movimiento punk de la década de 1980, una práctica cultural que exalta la basura y el lujo, el underground y las galerías de las ciudades, en resentimiento y revuelta. Esas personas elaboraron una narrativa singular sobre la violencia urbana, la degradación y la angustia que experimentaban. En mi pasantía de intercambio, iba a estudiar el nexo entre los punks paulistas y los nórdicos, que mantenían una comunicación activa y producían fanzines [publicaciones artísticas independientes, generalmente en formato de revista, hecha con collages de otras revistas y periódicos], cartas y discos. Con el advenimiento de la pandemia, todo se canceló. No pude viajar y decidí trabajar con el material que pude conseguir en forma online. Para no volverme loco, resolví concentrar mis energías en la investigación y en el proyecto pedagógico de las clases con los jóvenes. Eso fue lo que me salvó.

Como tendría que quedarme en casa, orienté parte de mis esfuerzos en la creación de un sitio web que no estaba previsto en el proyecto inicial del doctorado. Por suerte, en 2019 había digitalizado gran parte del material de la Colección Movimiento Punk del Cedic [Centro de Documentación e Información Científica] de la PUC-SP [Pontificia Universidad Católica de São Paulo]. Junto a lo que la propia colección ya había digitalizado y algunos documentos más enviados por otros investigadores, armé un catálogo y lo puse a disposición en una página web, que acabó convirtiéndose en un producto. Eso pude hacerlo gracias a una colaboración con la PUC y el Ciec [Centro Interdisciplinario de Estudios sobre la Ciudad] de la Unicamp, del que formo parte.

En cuanto a las clases, en la Unidad de Mogi Mirim de la Escuela Técnica Estadual (Etec) del Centro Paula Souza, traté de adaptarme a la situación. Ni bien entramos en el régimen a distancia, a principios de 2020, noté que eso era pésimo, que los jóvenes tenían problemas para conectarse a internet y dificultades para concentrarse durante mucho tiempo. Pasé todo el primer semestre de la pandemia teniendo que hacer montajes de imágenes que encontraba en internet para elaborar un contenido atractivo para mis alumnos. Ahí fue que me di cuenta que Pesquisa FAPESP tenía todo listo. Yo recibía las ediciones en mi casa y ya había llevado algunos ejemplares al aula en años anteriores, para conversar sobre uno u otro texto.

En la pandemia, noté que el sitio web de la revista permitía descargar los reportajes en formato PDF, manteniendo la configuración de la revista impresa, incluyendo las imágenes y también los enlaces. Era todo lo que necesitaba, porque podía utilizarlo en las clases online y enviárselos a los alumnos que no podían asistir por problemas de conexión. Fue una solución inmediata ante una emergencia apremiante. Como los contenidos incluyen entrevistas con investigadores, pódcast, enlaces útiles y los jóvenes andan siempre con el teléfono móvil a mano, pueden hacer esa inmersión. Los estudiantes lo encontraban interesante y participaban, porque siempre procuré conectar los temas con la realidad que estaban viviendo.

Como vi que este tipo de actividad funcionó bien en 2020, en 2021 elaboré una planificación pedagógica para utilizar la revista a lo largo de todo el año. Armé un cronograma con una lista de artículos que podía aprovechar dentro de los contenidos de historia previstos para los jóvenes de dos divisiones del 1º año de la enseñanza media, con 40 alumnos cada una.

Siempre intenté hacer alguna conexión con mi investigación doctoral. Así como en ella indago en la producción cultural de los jóvenes del movimiento punk de los años 1980, que estaban angustiados viviendo las miserias urbanas, indignados con la situación política del país, en mis clases también estaba lidiando con jóvenes que vivían un contexto angustiante, haciendo frente a problemas económicos. Y ahora, en medio de una pandemia.

Debido a esa conexión, la FAPESP me autorizó a dedicar una determinada cantidad de horas a las clases, pese a tener una beca doctoral. Intenté trabajar con actividades didácticas y temáticas inspiradoras. Como dentro de la cultura punk se producen fanzines, elaborados con recortes y collages de otras revistas y periódicos, pensé cómo trabajar con esa expresión cultural.

Empecé 2021 todavía en la educación remota, pensando que tenía que contar que las pandemias no son nuevas en la historia de la humanidad. En la revista encontré contenidos que justamente trataban de ello, como en los artículos intitulados “Similitudes entre la gripe española y el covid-19” y “La guerra a la peste”, donde en este último, pudimos ver cómo fue la epidemia de la peste bubónica en Brasil a finales del siglo XIX y principios del XX, y debatir cómo el país enfrentó la situación. También escuchamos el pódcast “Epidemias en la Historia”. Seleccioné comentarios y observaciones de los investigadores que aparecían en los textos para discutir sobre aspectos del pasado, los avances de la ciencia y las cuestiones históricas, políticas, sociales, culturales y económicas de las epidemias.

João NevesEl panel montado por los estudiantes hace hincapié en los contenidos estudiados durante el año, incluyendo recortes de Pesquisa FAPESPJoão Neves

El reportaje “La pandemia como alegoría”, que mostró trabajos artísticos creados a partir de las experiencias trágicas de la peste, fue el tema de varias clases. Les mostré las obras de arte y les pregunté qué percibían y qué sentían al respecto. Ese artículo inspiró el trabajo final del primer semestre, en el cual les pedí que produjeran sus propias alegorías. Podían hacerlo en formato de video, fotografía, pódcast, cualquier medio que quisieran utilizar para relatar cómo se sentían durante la pandemia.

Cuando nos preparábamos para retornar a las clases presenciales, en el segundo semestre de 2021, empezamos a discutir cómo sería la reanudación. Hice una selección de datos e información en artículos como “Más allá de las aulas”, les mostré imágenes de la galería “Alejados de la escuela”, que mostraba escenas de las escuelas vacías, y vimos el video Educación a distancia y teledocencia durante la pandemia. A partir de los estudios, gráficos estadísticos y debates que observamos en todo ese material, conversamos sobre la complejidad de ese momento.

A propósito del reportaje “Espacios saludables”, que trataba sobre el cambio de las estructuras arquitectónicas ante las pandemias del pasado, pensamos en cómo aplicar esas ideas a nuestro propio retorno a la presencialidad. Nuestras charlas me alentaron a proponerles que tuviéramos clases fuera del aula. Utilizamos la biblioteca, el comedor y el patio, donde hicimos rondas de conversación debajo de los árboles, en el suelo o en bancos. Redescubrimos la escuela.

En esta reanudación les presenté la revista impresa y les propuse una nueva actividad que duraría todo el semestre: escoger artículos e imágenes de la revista para montar un panel permanente en la escuela, inspirado en los fanzines que habíamos estudiado. A lo largo de esta tarea encontramos una fotografía maravillosa, que salió en la portada de la revista [en la edición nº 300], de un hombre negro con una máscara en la que estaba escrito SUS [las siglas del sistema público de salud en Brasil], aludiendo en simultáneo a la cuestión racial y pandémica en Brasil.

A finales de noviembre montamos nuestro panel en dos días, en el marco de la efeméride instituida como el Día de la Conciencia Negra [el 20 de noviembre]. El panel mide aproximadamente 2,5 metros de largo por 1 metro de ancho y está ubicado en un pasillo al aire libre, por donde circulan los alumnos de la escuela. Todo el material pegado tenía un código QR con un enlace a los artículos o más información.

Invité a un amigo mío de Campinas, el comunicador social André Moraes, de la comunidad Jongo Dito Ribeiro, para que asistiera a la construcción del panel y compartiera con los estudiantes su experiencia como jongueiro [practicante del jongo, una danza de origen africano]. El panel posee una narrativa propia, que comienza con los pueblos indígenas y termina con el artículo referido a los trabajos de los esclavizados invisibilizados. Al finalizar, tuve la sensación de que mi misión estaba cumplida. Aun con la pandemia y todas las dificultades que enfrentamos, pudimos llegar a hacer todo eso.

Ese fue el final de un ciclo y me acordé de los momentos difíciles. Como cuando mis padres se contagiaron el covid-19, en octubre de 2020. Mi papá tuvo que ser hospitalizado, mientras que mi mamá estaba enferma en casa. Fui desde Campinas, donde vivo, hasta Uberlândia, en Minas Gerais, para cuidarlos. Cuando ellos se recuperaron, me enfermé yo. Perdí a un tío a causa de la enfermedad y mi pareja, que se vino a vivir conmigo durante la pandemia, también perdió familiares. Empecé a practicar yoga, caminatas, a tocar la guitarra, fui al psicólogo. Armé una rutina con horarios fijos para el trabajo y para el ocio y me discipliné para cumplirla.

Ahora, en 2022, estoy realizando las últimas correcciones a mi tesis, que defenderé en el segundo semestre. También cambié de escuela y ahora soy docente de las escuelas técnicas Etec de Hortolândia y Bento Quirino, en Campinas. En mi planificación pedagógica mantuve la estructura basada en los artículos de la revista, tanto para la asignatura de historia como para la de sociología. He descubierto que la revista puede ser una estupenda herramienta educativa. Puesto que todo ha salido bien, seguiré por ese camino. Como lo hicieron algunas tendencias del punk, transformaremos nuestros resentimientos en estímulos de revuelta.

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