HUMANIDADES

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Brasil en transición demográfica

De acuerdo con un estudio, la fecundidad nacional cae cada vez más y se concentra entre las adolescentes

CARLOS HAAG | ED. 192 | FEBRERO 2012

 

En el Mundial 2050, según proyecciones demográficas dadas a conocer el año pasado por la ONU, los hinchas brasileños deberán contentarse con cantar “¡222 millones en acción, salve la selección!” en lugar de los esperados “300 millones en acción”. Esto puede sonar como una buena noticia para aquéllos que profetizan los peligros de una “explosión demográfica” en el país, pero la realidad es otra, y es igualmente preocupante desde hace ya varias décadas. La fecundidad femenina ha venido cayendo rápidamente, y si bien en 1960 ese índice era de 6,3 hijos por mujer, la cifra cayó a 5,6 (en 1970), 2,9 (en 1991), 2,4 (en 2000) y 1,9 en 2010. “La población brasileña ha llegado a una tasa de fecundidad ubicada por debajo del nivel de reposición. Esta declinación se dio en todas las franjas etarias, estratos socioeconómicos y regiones del país. Otro aspecto que debe destacarse apunta que la transición de la fecundidad obedece a un patrón de rejuvenecimiento, es decir, a partir de 1991 son las mujeres de 20 a 24 años las que exhiben la mayor tasa específica de fecundidad, lo que correspondía en años anteriores a la franja de los 25 a 29 años. También la participación relativa de la fecundidad de las jóvenes de 15 a 19 años en la fecundidad total correspondiente a todo el período reproductivo, trepó del 9% en 1980 al 23% en 2006”, explica la demógrafa Elza Berquó, del Centro Brasileño de Análisis y Planificación (Cebrap), en donde coordina la investigación intitulada La reproducción en la juventud y después de los treinta años.

De acuerdo con las investigadoras Elza Berquó y Sandra Garcia, también investigadora del Cebrap, el principal objetivo de este trabajo consiste en mostrar que en Brasil la transición demográfica tiene características propias. Por un lado, el rejuvenecimiento de la fecundidad ya señalado. Por otro, una postergación de la reproducción para después de los 30 años. La convivencia de esos dos regímenes de fecundidad moldeará el futuro cercano del país. “Esa transición puede ser positiva o no, dependiendo de cómo lidie la sociedad con estos cambios. Como la fecundidad ha caído mucho y la población está envejeciendo, y aparte la expectativa de vida se ha elevado, en el futuro, entre 2030 y 2035, enfrentaremos una seria carencia de mano de obra joven, tal como sucede en los países más desarrollados, donde desde hace décadas hay más ancianos que jóvenes, lo que se convierte cada vez más en un peso que recae sobre la población económicamente activa”, analizan las investigadoras. “Pero en Brasil existe este elemento nuevo, el rejuvenecimiento de la fecundidad, que no se verifica en los países desarrollados. En 1980, el pico de la fecundidad estaba entre los 25 y 29 años. Actualmente se encuentra en la franja de las jóvenes de 20 a 24 años. Esto muestra que hay margen todavía, pero los jóvenes pronto van a ir pesando cada vez menos, y los ancianos más.”

076-081_Demografia_192_ESPAl analizar los diversos factores que han influido sobre la reducción del tamaño de la familia en el país, Elza menciona que, antiguamente, las familias tenían muchos hijos porque sentían el efecto de las altas tasas de mortalidad infantil y era necesaria esa compensación para que hubiese sobrevivientes que cuidasen a sus padres en la vejez. Con el sistema previsional, el Estado en principio se hizo cargo de ejercer ese rol. Al mismo tiempo, la política de crédito al consumidor de los años 1970 llevó a la gente a tener mayores aspiraciones de consumo y a pensar cómo ajustar sus anhelos de consumo y la cantidad de hijos. El gran cambio acaecido en el área de las comunicaciones, en especial con la televisión, que llegó a un gran número de hogares y lugares, terminó influyendo fundamentalmente a través de las telenovelas, los valores y los estilos de vida, vía familias pequeñas. Surgía también en esa época la pastilla anticonceptiva, que ciertamente otorgó a las mujeres la oportunidad de regular la fecundidad.

Bonos
“A mediados del siglo XXI tendremos una población envejecida. Pero en el caso brasileño, aún hay tiempo de aprovechar eso como un ‘bono demográfico’, cosa que ya no es viable en el caso europeo. En educación, por ejemplo, la disminución del ritmo de crecimiento de la población, junto al envejecimiento, pueden constituir un bono, pues existen posibilidades de mejorar la cobertura y la calidad de la enseñanza. Se disminuye la presión también sobre los recursos naturales y el medio ambiente”, sostiene la demógrafa. “Pero es una ventana que se cerrará rápidamente, más o menos en 2030, lo cual hace posible un despegue del desarrollo y un aumento de la calidad de vida, siempre y cuando ese bono se aproveche de manera inteligente”, advierte el demógrafo José Eustáquio Diniz, coordinador del posgrado del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). “Si perdemos esa posibilidad, quedaremos únicamente con las desventajas de una población envejecida, que puede significar la caída del crecimiento económico de cara a la crisis del mercado de trabajo y el peso de los ancianos sobre los más jóvenes”.

Pero no es solamente la vejez lo que moldea la transición demográfica. “La investigación confirmó el inicio cada vez más precoz de la vida sexual, fruto de un mundo más liberal, en el cual la virginidad ha dejado de ser un valor. Pero eso no ha venido acompañado por un mayor conocimiento y por la utilización de métodos anticonceptivos”, dice Elza. Si bien el conocimiento de estos métodos es universal entre las jóvenes menores de 20 años, solamente el 60% de las chicas sexualmente activas empleaba algún método para prevenir el embarazo. De las no usuarias, el 40% no sabía dónde obtenerlo y una de cada cinco quedó embarazada durante la primera relación sexual, situación que llega al 68% entre las jóvenes de las clases D y E y al 70% entre las menos escolarizadas. Entre las jóvenes que quedaron embarazas antes de los 20 años, el 78% desconocía nociones básicas sobre fisiología de la reproducción y del período fértil durante el ciclo de ovulación”, comenta la investigadora. El estudio sugiere que los comportamientos sexuales y reproductivos son moldeados por las posibilidades estructurales y por las normas culturales. Por eso las más pobres y las menos escolarizadas exhiben un menor porcentaje de uso de anticonceptivos, lo que materializa un puente directo entre embarazo antes de los 20 años y pobreza con poca escolaridad.

“Existe también una percepción altamente positiva de las jóvenes acerca de las implicaciones del embarazo en su vida amorosa y en su autoestima: un sorprendente 96,2%. Eso va a contramano de quienes ven en el embarazo adolescente una falta de proyecto de vida. Los datos parecen indicar que, ante la ausencia de una mejor educación, de mejores condiciones de vida y de oportunidades, ese embarazo, aunque no haya sido previsto, se configura como un proyecto de vida y no como la ausencia del mismo”, dice Sandra. “Para una buena parte de la sociedad, el embarazo en la adolescencia es un mal de grandes proporciones, una irresponsabilidad, casi una tragedia nacional, pues lo que se espera de los jóvenes es que estudien y que se preparen para el mercado. Esa visión ideal no tiene en cuenta que las oportunidades no se les ofrecen de igual manera a todos en la sociedad brasileña”, sostiene Maria Luiza Heilborn, docente del Instituto de Medicina Social de la Universidad Estadual de Río de Janeiro (IMS/ UERJ). “Es el mismo equívoco de pensar que las poblaciones pobres van a causar una explosión demográfica. En general, en los segmentos más pobres, la maternidad es vista como una señal de estatus social de cara a la falta de perspectivas laborales; es una forma de entrar en el mundo adulto. En las capas medias, la maternidad solamente es bien recibida más tarde, cuando las cuestiones laborales y económicas han sido resueltas. De allí el recurso del aborto en esos estratos”, analiza.

Para la investigadora, al tiempo que el embarazo joven no es deseado, y es un indicador de “subdesarrollo”, la sociedad les cierra las puertas de acceso a los métodos anticonceptivos y criminaliza el aborto y la píldora del día después. “Existe una censura contra el embarazo en la adolescencia, pero no existe un consenso análogo en lo que respecta a permitir el uso de ciertos métodos de interrupción del embarazo”, evalúa Maria Luiza. “Las decisiones anticonceptivas y reproductivas se concretan en un contexto de ilegalidad del aborto y de poca información y suministro inadecuado de la anticoncepción de emergencia en Brasil. Cabe hacer referencia también al reducido nivel de implementación de los programas de educación sexual en las escuelas públicas. ¿Cuál sería la trayectoria de esas jóvenes si las instituciones mejorasen su accionar y el país brindase oportunidades más igualitarias?”, se pregunta Sandra. Al fin y al cabo, la información sobre los métodos anticonceptivos durante las relaciones sexuales no asegura su uso adecuado. “A esa edad existe una gran imprevisibilidad con respecto a los encuentros sexuales, por consiguiente, la anticoncepción no es incorporada al cotidiano juvenil. Existe una cierta vergüenza de hablar con la familia o de ir a una farmacia a comprar preservativos. En tanto, la pastilla, con sus efectos colaterales sobre el cuerpo de las jóvenes, que viven en una sociedad que demanda formas perfectas, la tendencia ecológica de los jóvenes de no ingerir productos químicos, y el olvido a la hora de tomarla determinan el embarazo indeseado”, evalúa Eliane Brandão, del IMS/ Universidad Federal de Río de Janeiro. A todo esto se le suman las fallas en el uso de los anticonceptivos y la falta preparación de los profesionales de la salud para atender a los jóvenes y explicarles los métodos.

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“En el fondo, el sexo entre adolescentes es un tabú, algo no asumido y a lo que las autoridades no le prestan la debida atención, ni tampoco lo hacen la escuela o la familia. ¿Por qué las campañas de uso del condón contra el VIH, que tuvieron gran repercusión, no enlazaron el problema de las enfermedades sexualmente transmisibles con la cuestión del embarazo? Eso fue una tremenda falta de visión”, sostiene Elza. La investigadora no es tan optimista acerca del entusiasmo de las jóvenes que quedan embarazadas en la adolescencia. “En general, es una visión positiva ex post facto, es decir, es una forma de aceptar algo que ya existe”, dice.

La demógrafa tampoco coincide totalmente con la argumentación de que muchas de las jóvenes que dejaron la escuela al verse embarazadas habrían desertado de cualquier forma o ya estaban afuera de ella antes del embarazo. “Resulta pertinente preguntarse por qué sigue sucediendo esto en una sociedad en que las mejores oportunidades de trabajo están asociadas a mayores niveles educativos. No existen programas especiales para madres jóvenes en nuestras escuelas y, aunque no contemos con datos concretos, debemos considerar que el ser madre, cuando ya de por sí existen tan pocas posibilidades para las personas con poca educación, tendrá consecuencias serias en las vidas de esas adolescentes”, estima la demógrafa. Una joven sin hijos tiene 60 veces más posibilidades de seguir en la escuela que una madre de la misma edad e igual estrato social y económico.

076-081_Demografia_192-2“En Brasil, la falta de educación y de oportunidades induce a muchas adolescentes a constituir una familia como proyecto de vida. En un sistema educativo y económico mejor, esto seguramente no sucedería, tal como se detecta en los países avanzados, donde también se registra una caída de la fecundidad general, pero sin concentración en franjas etarias bajas”, pondera Elza. ¿Quién efectivamente planificaría ser madre tan joven en un país sin jardines maternales o apoyo a la maternidad adolescente, lo que obliga a contar con la solidaridad familiar y la de vecinos para sobrevivir y entrar en el mercado? “Esto explica las grandes listas de espera para esterilización, que exponen a las mujeres a ETSs. El ejercicio de la sexualidad no es fácil. Es un derecho natural, pero existen riesgos”. Al mismo tiempo, entre las clases más pudientes, la investigación reveló un fenómeno curioso: el 44% de las jóvenes entre 15 y 20 años nunca tuvo relaciones sexuales. “Este porcentaje nos impresionó. Ellas afirman que tienen otras cosas que hacer y para ocupar el tiempo y que se quieren casar vírgenes: no se trata únicamente de no quedar embarazadas o de no iniciar a vida sexual. Es un conservadurismo creciente que puede estar asociado al incremento de la cantidad de evangelistas”, sostiene Elza.

Más recientemente, el Decreto Provisorio 577 del gobierno federal, que instituyó un registro nacional de embarazadas y puérperas, cuya intención sería disminuir la mortalidad materna, puede tener como consecuencia la detección de abortos, “lo que sería una invasión directa en la intimidad de las mujeres y la posibilidad de que grupos conservadores ejerzan presión con propuestas de medidas que lleven a un retroceso con respecto a los avances logrados en este campo, tales como el congelamiento de embriones y los experimentos con células madre”, dice Elza.

Para complementar este nuevo cuadro demográfico que se delinea, surge el fenómeno del embarazo luego de los 30 años. La investigación muestra que “son mujeres de estratos sociales y educativos privilegiados que optan por no tener hijos y concentrarse en la realización personal y profesional. Pero llama la atención que, entre éstas, el 45% nunca se casó o se unió. Entre 1996 y 2006, la proporción de mujeres que no tenían hijos antes de los 30 años trepó del 5,3% al 9,2%, y la de aquéllas que los tuvieron con 30 años o más subió del 4,8% al 6,7%”, dice Elza. La percepción que dichas mujeres tienen de su vida les indica que tomaron la decisión adecuada y que serán mejores madres con más de 30 años. Sin embargo, cuando la postergación de la maternidad excede ciertos límites biológicos y trae aparejados problemas de fertilidad, entra en escena el más reciente componente de la transición demográfica actualmente en curso: la reproducción asistida. “El 37% de las mujeres en edad fértil declara no poder tener hijos: son estériles o fueron esterilizadas. Este porcentaje trepa al 57% en la franja de los 35 a los 49 años. De las mujeres fértiles de esa edad, el 7% sostuvo que desea tener hijos. Si tenemos en cuenta también el arrepentimiento de las esterilizaciones, y la reproducción luego de los 30 años, tendremos un porcentaje grande de mujeres que desean usar los servicios de reproducción asistida”, explica Sandra Garcia, del Cebrap, y autora de la investigación que lleva por título la Reproducción asistida en Brasil, que cuenta con el apoyo de la FAPESP en la categoría Jóvenes Investigadores.

La reproducción asistida, un fenómeno presente en diversos países europeos y en EE.UU., registra una creciente demanda en Brasil; pero, en su gran mayoría, los tratamientos se realizan en clínicas privadas y tienen un alto costo. “Hoy en día no son solamente las parejas más pudientes, sino que la población más pobre también desea acceder al tratamiento, como un derecho que está garantizado por la Constitución en el apartado del derecho a la reproducción. Es del Estado la responsabilidad de poner a disposición de la población en general los tratamientos”, comenta Sandra. Lesbianas y homosexuales masculinos, junto con personas solteras, también reivindican este derecho. En 2005 se instituyó la Política Nacional de Atención Integral en Reproducción Humana Asistida, ligada al Sistema Único de Salud (SUS), pero enseguida fue suspendida. “Es una falta de respeto que atenta contra el derecho de ciudadanía, como así también deja a la práctica sin ninguna regulación, con lo que expone a las mujeres a la vulnerabilidad. No es nada inusual, cuando una nueva tecnología de reproducción asistida aparece en los medios, que se desate una carrera rumbo a las clínicas que la practican en busca de soluciones tecnológicas que recién están saliendo al mercado y requieren mayor tiempo para su validación”, comenta la investigadora. Para Sandra, la reproducción asistida no impedirá la caída de la fecundidad, pero puede aportarles la realización a muchas personas. “No obstante, hace falta una movilización mayor de las mujeres en pro de este derecho. Este déficit puede deberse al hecho de que los movimientos de mujeres luchan desde hace mucho tiempo por el derecho a acceder al aborto y a los métodos anticonceptivos, demandas prioritarias que todavía no han sido plenamente atendidas”, dice Sandra. “Por otra parte, el trabajo de deconstrucción de la maternidad como destino femenino por parte de los movimientos feministas ha llevado a que algunos sectores de ese movimiento lancen fuertes críticas y manifiesten resistencia a las tecnologías reproductivas”, añade.

La investigadora Elza Berquó afirma que “varones y mujeres deben tener derecho a decidir tanto sobre la sexualidad como sobre la orientación sexual y la reproducción, y le compete al Estado informar y suministrar las condiciones para que el sexo sea seguro y por ende placentero”. Porque es en la intimidad donde se delinea el nuevo mapa demográfico del país. Las acciones tendientes a conocerlo y comprenderlo pueden aportar la garantía y la ampliación de los derechos sexuales y reproductivos.

El Proyecto
Reproducción asistida en Brasil: aspectos sociodemográficos y desafíos para las políticas públicas (nº 2010/14827-6); Modalidad Joven Investigador; Co­or­dinador Sandra Garcia – Cebrap; Inversión R$ 142.680,00


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