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La primera patente

El pedido de privilegio industrial para la máquina de pelar café data de 1822

En los últimos años, empresarios, economistas, abogados, investigadores y autoridades del gobierno brasileño han comenzado a valorar el derecho a la propiedad industrial como nunca antes lo habían hecho. Los efectos de la globalización, las disputas por la reducción de los precios de medicamentosimportantes y la necesidad cada vez mayor de apoyar los descubrimientos surgidos de estudios de universidades e institutos de investigación llevan a que actualmente todos se empeñen para proteger a un número mayor de patentes brasileñas en el país y en el exterior.

Este esfuerzo actual es indispensable, pero las más antiguas medidas para el otorgamiento de patentes datan del comienzo del siglo XIX. La primera resolución se emitió 1809, un año después de que la familia real portuguesa trasladara a la Corte a Brasil. Hasta ese entonces, un decreto de la reina María I de 1785 prohibía las fábricas, manufacturas e industrias en la distante colonia. Ésa era en realidad una manera de contar con monopolios comerciales que transfirieran las riquezas de las colonias a la metrópoli. Pero a partir de la instalación del gobierno portugués en Brasil, se hizo necesario crear medios para el desarrollo industrial -entre ellos, la concesión de privilegios a los inventores e creadores de nuevas máquinas, que tendrían el derecho exclusivo de explotar sus invenciones durante 14 años.

Otro decreto permitió la liberación de recursos para impulsar las invenciones y otorgar premios. Éstas y otras acciones culminaron con el pedido de privilegio industrial para una máquina de pelar y bruñir (pulir) café, en julio de 1822. Fue la primera patente brasileña, pedida por Luiz Louvain y Simão Clothe, con base en el decreto de 1809, de acuerdo con el libro Propiedade Industrial no Brasil – 50 Anos de História, de la Asociación Brasileña de los Agentes de Propiedad Industrial (Abapi).

Louvain y Clothe pidieron el privilegio de cinco años para el invento, una “máquina para pelar café, que además de ser enteramente de invención propia de los solicitantes, produce todo el buen resultado (…) por la perfección con que pela el café sin romper el grano, es decir, por su brevedad y economía y la simplicidad del trabajo”. La Constitución de 1824 consagraba el principio de la “propiedad del inventor” y hacía referencia a la remuneración “en caso de vulgarización del invento”.

La primera ley de patentes surgió en 1830 y, al margen de contener una política más amplia de fomento a la industria, protegía a los inventores, garantizándoles el uso exclusivo de su descubrimiento por períodos de entre cinco y veinte años. La legislación más antigua de la que se tenga noticia sobre este tema fue creada en Venecia, Italia, en 1474, época en que la ciudad era un gran centro comercial. En el caso brasileño, los avances fueron tan solo una consecuencia de la política de fomento a la industria. Actualmente, el concepto es diferente: las patentes estatuyen el derecho que cualquier ciudadano, empresa o institución tienen sobre todo lo que resulta de su inteligencia o su creatividad.