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Memoria

Creación en concreto

Hace cien años el hormigón armado comenzaba a ser utilizado en Brasil

En la segunda mitad del siglo XIX, y hasta 1910, el puerto de Santos, situado en el litoral paulista, era considerado por los europeos como maldito. Y motivos no les faltaban. La ciudad llana, encharcada, calurosa, contaminada y con una población creciente de inmigrantes  con motivo de la exportación de café  coleccionaba epidemias: fiebre amarilla, malaria, peste bubónica, viruela y tuberculosis. Para resguardar la salud de los habitantes santistas, como así también la economía local, sólo restaba sanear la ciudad a cualquier costo. Para la tarea fue elegido el ingeniero de Río de Janeiro Francisco Saturnino Rodrigues de Brito, en la Comisión de Saneamiento, y el médico paulista Guilherme Álvaro, en la Comisión Sanitaria. Una técnica de construcción ya utilizada en el exterior, pero prácticamente inédita en Brasil, el hormigón armado, de gran resistencia, tuvo una participación preponderante en la restauración de la salubridad de la ciudad de Santos.

Hasta donde los estudios de los especialistas en ingeniería e historia se retrotraen, las primeras obras conocidas realizadas con dicha técnica fueron canales, galerías y puentes que atraviesan Santos, proyectados y construidos por Saturnino de Brito. Éste imaginaba que los canales drenarían el agua de lluvia y colectarían también la que desciende de los cerros. Un sistema de compuertas regularía la entrada y salida del agua hacia o desde el mar. Además de eso, el régimen de las mareas actuaría sobre los canales impidiendo que el agua quedase estancada y evitando así la proliferación de mosquitos, principales vectores de las enfermedades antes mencionadas. El canal 1, realizado sobre el trazado del arroyo de los Soldados, fue inaugurado en 1907. En total, Brito proyectó ocho de ellos, los cuales fue sumando al primero, posteriormente. La obra fue fundamental para el saneamiento y se transformó en marca registrada de la ciudad junto con los extensos jardines de la costanera marítima. El año próximo serán conmemorados los cien años de los canales, a cargo de una comisión de organización, de la cual forma parte la Fundación Archivo y Memoria de Santos (www.fundasantos.org.br).

El hormigón armado es una masa conformada por cemento, arena, agua y piedras, que envuelve a una estructura de hierro prearmada adquiriendo así la forma que se desee. Surgió en Francia con Joseph Louis Lambot, en 1850. En Brasil, la primera referencia que se encuentra sobre la técnica proviene del profesor Antonio de Paula Freitas, de la Escuela Politécnica de Río de Janeiro. En un trabajo de 1904, Freitas menciona la ejecución de seis predios proyectados por el ingeniero Carlos Poma, quien también habría construido un reservorio de agua en Petrópolis, en Río de Janeiro. Ocurre que hoy no quedan signos de dónde esas construcciones fueron erigidas ni se conocen siquiera sus vestigios. Tampoco se puede afirmar que fueron realizadas concretamente con lo que hoy se define como hormigón armado dice Augusto Carlos de Vasconcelos, ingeniero y profesor jubilado de  la Escuela Politécnica de la Universidad de São Paulo y de la Universidad Mackenzie, autor del estudio Grandes obras de hormigón armado, que consta en el libro 500 años de ingeniería en Brasil (Edusp, 384 páginas).

Después de los canales de Santos, Vasconcelos considera que el puente sobre el Arroyo dos Machados, en Socorro (São Paulo), es la obra más antigua conocida en utilizar la técnica, realizada allá por 1910. El hormigón armado provocó una revolución en la ingeniería brasileña porque solamente con estructuras metálicas no había condiciones para realizar tantas grandes obras, explica el ingeniero. El acero era importado, caro, y no existía una industria montada para producirlo aquí. Otro factor que contribuyó para su diseminación: operarios sin calificación aprenden fácilmente a hacer la mezcla en el suelo de la obra y a aplicarla en las estructuras de hierro. Ese ambiente ideal encontró en Oscar Niemeyer su mejor arquitecto. No es exagerado decir que Niemeyer no sería Niemeyer sin el hormigón armado, dice.

A propósito de su trabajo con la técnica, el arquitecto carioca relata lo siguiente: La arquitectura me atrapó para toda la vida. Fue mi afición, una de mis alegrías, intentar la forma nueva y creativa que el hormigón armado sugiere. Descubrirla, multiplicarla, articularla con la técnica más avanzada, crear un espectáculo arquitectónico.

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