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Innovación

Interacción productiva

Dos libros muestran que los vínculos entre universidades y empresas tienen impacto en los países en desarrollo

038-041_Livros_234-01Dos libros publicados recientemente abordan panoramas complementarios sobre la construcción de vínculos entre universidades y empresas en Brasil. Ambas obras comparan al país con naciones emergentes o en desarrollo, y muestran que Brasil ha venido multiplicando las conexiones entre el sector privado, las universidades y los centros de investigación y agencias gubernamentales, lo cual torna más robusto su sistema de innovación. Así y todo, dichas mejoras ni por asomo han sido suficientes como para asegurarle al país el estatus alcanzado por la Corea del Sur, por ejemplo, o que se encuentra en vías alcanzar China, países que movilizaron grupos de científicos de diversos campos del conocimiento alrededor de desafíos de muchos sectores de la industria. “Brasil no se ha quedado parado, pero, en términos comparativos, sigue en la misma ubicación en esa carrera, pues otros países han avanzado tanto o más”, dice Eduardo Albuquerque, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG).

Albuquerque y el profesor Wilson Suzigan, de la Universidad de Campinas (Unicamp), son los coorganizadores brasileños de uno de los libros, intitulado Developing national systems of innovation – University-industry interactions in the global South, publicado por editorial Edward Elgar. La obra es fruto de un proyecto internacional promovido por el International Development Research Centre (IDRC), de Canadá, en el cual se compararon las estrategias de 12 naciones para desarrollar sus sistemas nacionales de innovación: Sudáfrica, Argentina, Brasil, China, Corea del Sur, Costa Rica, la India, Malasia, México, Nigeria, Tailandia y Uganda. Teniendo en cuenta el desempeño científico de dichos países, medido en artículos publicados, y el tecnológico, evaluado según el volumen de patentes, se observó su distribución en tres grupos. Países como Nigeria y Uganda se ubican en el último pelotón, con baja productividad e interacción restringida entre la academia y el sector privado. En tanto, latinoamericanos como Brasil, México y Argentina, como así también Sudáfrica, están en un régimen tecnológico intermedio, en un nivel alcanzado hace cuatro décadas, pero nunca superado. En el primer pelotón se observa únicamente a Corea del Sur, que estaba en el grupo intermedio durante los años 1980, pero que multiplicó las conexiones entre empresas e institutos de investigación, una trayectoria que China, todavía en el segundo pelotón, está cerca de cumplir.

Para Suzigan, hay que invertir en calidad, cantidad y diversidad en la producción científica brasileña, factores necesarios para propagar nuevas interacciones con las empresas. “La ciencia y la tecnología caminan juntas: el crecimiento de una depende del crecimiento de la otra, ambas se refuerzan mutuamente. Para que exista desarrollo tecnológico, debe haber crecimiento y diversificación de la producción científica y, sobre todo, una relación entre esos dos componentes del sistema nacional de innovación, es decir, interacción, que es la cuestión clave que se aborda en nuestro libro”, afirmó.

Investigadores vinculados al proyecto del IDRC salieron al campo en los 12 países y mapearon conexiones entre universidades y empresas. Encontraron en todos ellos ejemplos que contrarían el sentido común, según el cual, en las naciones periféricas, la investigación científica tiene poco impacto sobre el desempeño del sector privado. “Es al contrario: las ciencias y las ingenierías son importantes incluso para los sectores de baja tecnología. Ése es el caso de la investigación en la área de minería en Brasil y en México o en alimentos en Argentina, por ejemplo”, dice Albuquerque.

038-041_Livros_234-02En los países estudiados, a los responsables de investigación y desarrollo en empresas de diversos sectores se les preguntó sobre el aporte de la investigación científica en su esfuerzo de innovación, de acuerdo con una metodología creada y aplicada en Estados Unidos en los años 1980 y 1990. Con el objetivo de adaptar esa investigación a las realidades locales, se consideraron campos del conocimiento relevantes para la industria de países latinoamericanos, tales como los de agronomía, ingeniería de minas e ingeniería de alimentos.

En el caso brasileño, 325 empresas innovadoras de 23 sectores de la economía se manifestaron sobre la importancia de la investigación realizada en universidades e instituciones públicas en 16 áreas de las ciencias e ingenierías. El resultado puede verse en una matriz puntuada por conexiones, pero también por vacíos, que revela el peso de la ciencia en el desempeño del sector privado (véase el cuadro). Siempre que más de la mitad de las empresas de un determinado sector informaba que la investigación en una determinada disciplina era moderadamente importante o muy importante para su desempeño, se consideró que existe allí un punto de interacción entre universidades y empresas. En la matriz brasileña se detectaron 29 puntos de interacción en 20 sectores de la economía. Ese desempeño supera el resultado de la investigación aplicada en Argentina (15 puntos de interacción en 19 sectores) y en México (23 puntos de interacción en 15 sectores), y, por supuesto, se ubica aquende el resultado obtenido en un estudio realizado anteriormente en Estados Unidos y utilizado como referencia, en el cual se identificaron 47 puntos de interacción en 34 sectores.

Aparte de los 29 puntos de interacción, hubo 195 puntos de conexión más débil, en los cuales menos de la mitad de las empresas informó que la investigación en esa área era al menos moderadamente importante. Y, en 144 puntos de la matriz brasileña, el resultado fue igual a cero, es decir, sin interacción entre empresas y universidades. “Este estudio resulta importante debido a las interacciones que señala y también porque muestra la existencia de muchos vacíos, en donde no hay interacciones”, explica Albuquerque. La investigación científica brasileña en el área de ingeniería metalúrgica, de minas y de materiales se mostró importante para siete sectores; ingeniería mecánica y agronomía para cuatro sectores, y química, ciencia de la computación e ingeniería eléctrica, para tres sectores. Los sectores con más puntos de interacción con la universidad fueron los de minería, producción de alimentos, papel, derivados de petróleo, productos de metal, computadoras y electrónicos, equipos eléctricos y vehículos automotores. “Hay sectores que se ubican entre los más importantes de la economía brasileña. Los puntos de interacción son, en realidad, fruto de un largo proceso de construcción de vínculos entre instituciones”, afirma Albuquerque. “Pero la investigación no está suficientemente difundida en todos los sectores de la economía. Y debería haber más conexiones entre sectores de la economía ya conectados a la investigación con otros campos del conocimiento”. El investigador advierte que las interacciones tienen múltiples facetas y no todas pudieron captarse. “Conocí a un investigador de la UFMG que tiene una interacción directa con una multinacional estadounidense que no pasa por la filial brasileña. La inserción en redes internacionales aún está por medirse.”

038-041_Livros_234-03En el segundo libro, La transferencia de I+D, la innovación y el emprendimiento en las universidades, se formula un diagnóstico comparativo de los países iberoamericanos, que reúnen a España, Portugal y las naciones de América Latina, poniendo de relieve la evolución de la transferencia de tecnología a empresas y organizaciones de la sociedad durante la primera década del siglo XXI. Guilherme Ary Plonski, coordinador del Núcleo de Política y Gestión Tecnológica  de la Universidad de São Paulo (USP) y responsable del capítulo sobre Brasil, destaca un cambio de mentalidad. “A lo largo del período estudiado, la innovación se convirtió en el foco de las preocupaciones del gobierno, de las universidades intensivas en investigación y de algunos sectores empresariales”, dice Plonski. “El estímulo al emprendedorismo se arraigó en el discurso de las universidades, aunque no siempre la intensidad de la práctica coincida con ese discurso.”

Datos del libro muestran que las instituciones de educación superior han diversificado su estructura de apoyo a la transferencia de conocimiento. La cantidad de núcleos de innovación tecnológica en Brasil trepó de 11 en el año 2000 a 127 en 2012. La Ley de Innovación, aprobada en 2004, conminó a las instituciones científicas y tecnológicas a contar con dichas estructuras para encargarse de su política de innovación y de la gestión de su propiedad intelectual. De la misma manera, la cantidad de incubadoras de empresas en instituciones de educación superior aumentó de 39 en 2000 a 134 en 2010, y la de parques científicos y tecnológicos trepó de 10 a 28 en idéntico período.

En un diagnóstico convergente con el del libro organizado por Albuquerque y Suzigan, Plonski sostiene que las interacciones entre universidades y el sector productivo deben multiplicarse, y destaca que, pese a los avances, el sistema de innovación brasileño sigue siendo bastante heterogéneo. En el caso de la destinación de los recursos financieros, por ejemplo, menciona el ejemplo de São Paulo, estado en el cual, en contraste con lo que sucede en los restantes estados brasileños, más de la mitad del esfuerzo en investigación y desarrollo corre por cuenta de las empresas, y no del gobierno. “El libro revela la situación de países en general, pero intenté mostrar que existen realidades distintas en la esfera subnacional”. El desempeño de São Paulo también se distingue en otros indicadores. En la lista de las universidades de países iberoamericanos con investigaciones más mencionadas en solicitudes de patente en Estados Unidos, la USP aparece en primer lugar, con 783 documentos citados, seguida por las universidades de Barcelona (609) y la Autónoma de Madrid (581). La Unicamp se ubica en el 9º puesto (346 documentos citados).

038-041_Livros_234-04Una característica de los países iberoamericanos consiste en que la gran mayoría de las solicitudes de patentes corre por cuenta de no residentes, generalmente empresas extranjeras que procuran proteger sus productos en los mercados de la región. En España, por ejemplo, el 98% de las solicitudes de patentes en 2011 partió de no residentes. Luego aparecen México (92%), Argentina (86%) y Brasil (75%). En cifras absolutas de patentes otorgadas a residentes, que en general resultan de investigación y desarrollo nacional, España aparecía en primer lugar en 2011, con 2.582. Brasil se ubicaba segundo, con 725 patentes. En tanto, en el ranking de patentes otorgadas (a residentes y no residentes) por millón de habitantes, Brasil, con 26, aparece en quinto lugar, delante de las 552 de España, 141 de México, 77 del Chile y 40 de Argentina. Si bien el país va en zaga sólo de España en número de publicaciones científicas (39 mil artículos ante 55 mil de los españoles en 2001, según el Science Citation Index), la situación brasileña es menos favorable cuando se analiza la cantidad de publicaciones por millón de habitantes. Brasil aparece en la sétima ubicación, detrás de España, Portugal, Chile, Uruguay y Argentina.

El libro muestra que los países iberoamericanos están mal ubicados cuando se los compara con los países desarrollados. “Pero en América Latina y el Caribe es necesario distinguir a Brasil, Argentina, México y Chile del resto. Esos países concentran alrededor del 90% de la actividad científica y tecnológica de la región”, dice Senén Ameneiro, investigador de la Universidad de Santiago de Compostela, España, y presidente de la RedEmpreendia, responsable de la compilación del libro. Para Ameneiro, la inversión continua en educación e investigación sería la respuesta adecuada para combatir ese desfase, tal como hizo Corea del Sur, que aun durante la crisis de finales de los años 1990 siguió aumentando sus inversiones en educación, y actualmente obtiene los frutos de ello.

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