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BIBLIOMETRÍA

Carné de identidad de investigador

Las instituciones brasileñas empiezan a adoptar el identificador Orcid, una firma digital global para autores científicos y académicos

ORCID_238Durante los próximos meses se convocará a los 3.500 docentes de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) para empadronarse en el Orcid (la sigla en inglés para Open Researcher and Contributor ID), quienes, de allí en más, contarán con un número de identificación que servirá como firma digital dentro del ambiente científico global, sin riesgo de que se los confunda con homónimos. Cuando remitan un artículo a una revista científica, por ejemplo, solamente necesitarán informar su secuencia particular de 16 dígitos, a semejanza de los de una tarjeta de crédito, para que sus datos, tales como el nombre y el apellido, su firma registrada y su afiliación queden registrados en el formulario.

Ésta es una de las utilidades más palpables de este registro, pero sus aplicaciones son más amplias. Cada usuario, si así lo desea, puede elaborar un perfil consignando su producción académica, en una especie de currículo académico certificado. Cada paper nuevo se guardará automáticamente, dado que el número de identificación único se conecta con bancos de datos de revistas científicas y repositorios de instituciones que se afiliaron al sistema. También puede rescatarse la producción científica previa. El usuario puede intercambiar datos con otros perfiles académicos y profesionales, tales como el ResearcherID, de la empresa Thomson Reuters, el Scopus y el Mendeley, de editorial Elsevier, o LinkedIn. Así, un perfil con información certificada puede quedar a disposición de editores y revisores de revistas científicas, organismos de fomento y programas de evaluación.

El registro de autores es gratuito, pero las instituciones pueden suscribirse a la plataforma abonando un valor anual para la integración de sistemas y soporte. La Unesp se propone perfeccionar la identificación de sus afiliados en el repositorio institucional, que reúne datos sobre 92 mil artículos de la producción científica de docentes e investigadores de la institución. La elaboración del repositorio arrancó de cero hace poco más de dos años y atendía a una demanda de la FAPESP para agrupar, conservar y brindar acceso abierto a la producción científica de los investigadores de las tres universidades estaduales paulistas.

Tal esfuerzo, dice Flavia Maria Bastos, coordinadora de las bibliotecas de la Unesp y del programa de repositorio institucional de la institución, exigió un trabajo minucioso en el tratamiento de las informaciones disponibles en bases de datos de revistas científicas y del currículo Lattes de los docentes para identificar la producción de cada uno de ellos, pues, al no haberse utilizado una firma personalizada en todos los artículos, resulta común, principalmente cuando el autor tiene varios apellidos, que las firmas figuren con abreviaturas diferentes. “Ahora, cuando un docente de la Unesp publique un artículo científico, nuestro sistema podrá guardar inmediatamente los datos de ese paper, vinculándolo a su producción científica”, dice Bastos. “De esta manera, dispondremos de datos de calidad al respecto de la producción de cada investigador, de cada unidad de la Unesp y del conjunto de la universidad. Aún hoy en día, pese de los esfuerzos en pro de la creación del repositorio, parte de nuestra producción aún está oculta debido a la ambigüedad de nombres de investigadores y de la propia Unesp, cuya sigla, en ocasiones, se ha confundido con la de la USP, e incluso con la de la Universidad Paulista, la Unip”.

El trabajo de recopilación
La Unesp es la primera institución brasileña en afiliarse al Orcid, pero pronto tendrá compañía. La Universidad de São Paulo (USP) también contempla afiliarse en 2016. Con un repositorio que se creó en 1985 y que contiene más de 700 mil registros de la producción intelectual de sus investigadores, incluso copias físicas, la USP se propone, por medio de este padrón universal, tornar automática la guarda de la producción científica, facilitando así el trabajo de recopilación. Actualmente, el equipo del Sistema Integrado de Bibliotecas (SIBi) de la USP, registra el nombre de cada uno de los investigadores en bases de datos de publicaciones científicas para recibir mensajes de aviso cuando se publican sus artículos científicos. El paso siguiente consiste en realizar una copia del documento y conservarla en el repositorio. “Pretendemos valernos del Orcid para facilitar el rastreo y el acceso a los metadatos de las diversas fuentes interconectadas por medio de un código de identificación único, tal como ocurre con el ResearcherID. Esta herramienta permitirá que la universidad monitoree su productividad intelectual por medio de los indicadores”, dice Maria Fazanelli Crestana, coordinadora del Sistema Integrado de Bibliotecas de la USP.

Orcid es una organización sin fines de lucro que concentra los registros de 1,78 millones de investigadores, principalmente en Estados Unidos y en Europa. También se empadronaron alrededor de 28 mil brasileños. En mayo de este año, la organización abrió una oficina en São Paulo para ampliar su presencia en América Latina que, además del acuerdo reciente con la Unesp, ya logró la afiliación de la biblioteca virtual Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal (Redalyc) cuya sede se encuentra en México, y del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica, un organismo de planificación científica del gobierno de Perú que desea ensamblar al Orcid con el currículo de los investigadores del país. “Estamos conversando con las autoridades brasileñas acerca de la posibilidad de integrar al Orcid con los datos de la Plataforma Lattes, que congrega más de cuatro millones de currículos de científicos y estudiantes brasileños”, dice Lilian Pessoa, historiadora graduada en la USP que se convirtió en representante de Orcid para América Latina.

La plataforma se creó en 2011 en Estados Unidos, con la intención de sortear un obstáculo que afecta a universidades, editoriales de publicaciones científicas y bibliotecas: la dificultad para distinguir autores con apellidos muy comunes e identificar su producción académica. La incidencia creciente de China en la ciencia internacional complicó aún más la labor de identificación de la producción de homónimos. En este caso, lo que sucede es que el 85% de la población china comparte un conjunto de poco más de cien apellidos. “El Orcid resuelve el problema de la ambigüedad, puesto que no hay dos investigadores con un mismo número de identificación”, dice Lilian Pessoa. “Si una investigadora cambia de apellido cuando se casa, su código en el Orcid no se altera y por eso no tendrá dificultades para identificar su producción”, explica Antonio Álvaro Ranha Neves, docente de la Universidad Federal del ABC, un promotor de la nueva plataforma que se registró en 2013 y se convirtió en embajador de la iniciativa en Brasil. Su función, con carácter voluntario, consiste en la difusión de su uso en el ámbito académico. “Se puede, incluso, utilizar el Orcid para la identificación de los autores en sus sitios web personales y blogs.”

La idea de un registro individual para los investigadores no es nueva. La empresa Thomson Reuters creó en 2008 el ResearchID, un código de identidad para los investigadores que agrupa su producción científica registrada en la base de revistas Web of Science (WoS). La editorial Elsevier, que mantiene la base de revistas Scopus, lanzó uno similar, el Scopus Author Identifier y, del mismo modo, Google desarrolló el Google Scholar ID, que identifica la producción científica de varias fuentes en internet y elabora perfiles de investigadores, ofreciendo incluso indicadores tales como citas e índice h. “Estas propuestas tienen una limitación. En el caso del ResearcherID y del Scopus, ambos pertenecen a empresas que venden servicios e indicadores, y sus resultados son abiertos sólo para sus suscriptores”, dice Neves. “Además, se basan en un conjunto específico de revistas, las que se encuentran indexadas en cada base de datos, y no en toda la producción”.

Graduados
La ventaja del Orcid sobre los otros sistemas consiste en que cuenta con un registro capaz de obtener datos de cualquier fuente que acepte al identificador como referencia, incluyendo a los bancos de datos de las revistas indexadas, repositorios institucionales, bancos de tesis e incluso perfiles de redes sociales académicas. La plataforma se creó con el apoyo de editoriales científicas, tales como las del grupo Nature, a las que les interesaba mejorar el flujo y confiabilidad de los metadatos (datos sobre los datos) de artículos científicos, facilitando el trabajo de los editores y revisores en la evaluación de los manuscritos. Hubo varias universidades que se sumaron a la iniciativa, entre las cuales se puede citar a Harvard y al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos. “La Boston University adoptó el Orcid no sólo para sus docentes e investigadores, sino también para los alumnos de grado. De esa manera, pretende evaluar la producción de los graduados y disponer de un registro de su trayectoria profesional”, dice Antonio Neves.

En países tales como Portugal e Italia, el Orcid fue adoptado por organismos gubernamentales para registrar la producción de los investigadores. Esta herramienta también gana adeptos en el Reino Unido, donde el Higher Education Funding Council for England (Hefce), uno de los organismos encargados de la costosa y detallada evaluación de las universidades que se realiza cada cinco años, comenzó a alentar a los investigadores a crear sus registros para dotar de mayor visibilidad a su producción. Instituciones de fomento, tales como los Institutos Nacionales de salud, de Estados Unidos, y el Welcome Trust, del Reino Unido, introdujeron el registro en sus sistemas de evaluación, y comenzaron a exigirles el número de identificación a los investigadores que presentan solicitudes de financiación.

Para Abel Packer, coordinador de la biblioteca digital brasileña SciELO, que agrupa a 280 revistas en un régimen de acceso abierto, la adopción del Orcid constituye una tendencia irreversible, pero la velocidad con la que ocurre aún es lenta. “Su crecimiento ha sido constante, pero no fue el boom que se esperaba”, afirma. El formulario para enviar manuscritos de más de un centenar de revistas que forman parte de SciELO cuenta con un campo opcional para la inclusión del Orcid. “Pero tan sólo el 5% de los autores consigna sus datos, una proporción que se repite en las revistas de otros países”, afirma. Lo ideal, añade Packer, sería que las revistas científicas y las agencias de fomento declarasen la obligatoriedad de inclusión del registro. “El Orcid sólo se convertirá en consenso de ser obligatorio, tal como ocurrió con el sistema de identificación DOI para el registro de los artículos científicos. La unánime adhesión a la Plataforma Lattes se produjo cuando se la declaró obligatoria para los estudiantes de posgrado y docentes”, sostiene. “Pero hay muchas revistas científicas que recelan de la exigencia del registro porque temen espantar a los autores”.

La consolidación del Orcid es lenta, opina Packer, porque muchos autores todavía no vislumbran la utilidad del uso del registro, al igual que las universidades, editoriales y agencias. “Un gran contingente de investigadores mantiene perfiles en redes sociales científicas, tales como el ResearchGate, la Academia.edu y el Mendeley, donde aglutinan y dan a conocer sus trabajos científicos. Para muchos de ellos, la inscripción en el Orcid solamente es otra opción para alcanzar el mismo objetivo”, dice.

Para Packer, un paso fundamental para la difusión del Orcid en Brasil sería integrarlo a la Plataforma Lattes. “Para los científicos brasileños, sería bastante útil si la información que ellos ya consignaron en el currículo Lattes fuera registrada en forma automática por el Orcid”, afirma el coordinador de la SciELO, quien opina que el Lattes necesita reinventarse en forma urgente. “La plataforma brasileña necesita de una innovación radical para no quedar obsoleta. Se la concibió como una base de currículos única y ejemplar en el mundo, pero en los últimos años debería haberse transformado en una red social por medio de la cual los investigadores pudiesen realizar networking y trabajar en redes, tal como ocurrió con el Mendeley o el ResearchGate. La pérdida de espacio de la Plataforma Lattes y las restricciones que se imponen al acceso e intercambio de datos es algo trágico y revela las dificultades que afronta Brasil para innovar”, sostiene.

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