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Paulo Artaxo

Paulo Artaxo: La física al servicio del planeta

Científico comenta el acuerdo logrado en la COP21 y destaca la importancia de la Amazonia en el clima global

Paulo ArtaxoLÉO RAMOSEl gusto por las cuestiones prácticas y por los problemas de importancia social lo llevó al paulistano Paulo Artaxo a andar por una senda poco usual entre sus colegas docentes del Instituto de Física de la Universidad de São Paulo (IF-USP). Tras un rápido romance con la física nuclear durante su maestría, a finales de la década de 1970, volcó sus esfuerzos hacia un área en ese entonces relativamente nueva, que recién empezaba a obtener reconocimiento: el estudio de los problemas ambientales causados por los aerosoles, esas ínfimas partículas en suspensión existentes en la atmósfera, en ciudades como São Paulo y sobre todo en la Amazonia. Con el paso del tiempo, las investigaciones de este físico se convirtieron en una referencia internacional respecto al papel de esas partículas en la formación de las lluvias y en el control de los niveles de radiación solar sobre la gran selva tropical. “Los aerosoles constituyen la clave de los efectos climáticos generados por el hombre, junto con los gases de efecto invernadero”, afirma Artaxo, uno de los coordinadores del Programa FAPESP de Investigaciones sobre Cambios Climáticos Globales (PFPMCG).

La elevación del cambio climático a la condición de uno de los temas científicos más importantes del siglo XXI puso al trabajo de Artaxo sobre el tapete. Entre los alrededor de dos mil científicos que brindaron aportes relevantes al cuarto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que se hizo acreedor al Nobel de la Paz en 2007 junto al ex vicepresidente estadounidense Al Gore, despuntaron 12 brasileños, y Artaxo fue uno de ellos. Más recientemente, el profesor titular del IF-USP pasó a figurar a menudo en la lista de los científicos más influyentes del planeta, el 1% de la elite científica cuyos papers son los más citados y los de mayor impacto, de acuerdo con un estudio de la empresa Thomson Reuters. En la siguiente entrevista, Artaxo comenta los resultados del acuerdo sellado en el marco de la conferencia del clima COP21, realizada en París en diciembre (lea también el reportaje sobre dicho acuerdo), y habla sobre su trayectoria y sus investigaciones.

Edad
62 años
Especialidad
Física aplicada a problemas ambientales
Estudios
Carrera de grado, maestría y doctorado en el Instituto de Física de la Universidad de São Paulo (IF-USP). Cuatro posdoctorados (en las universidades de Amberes, Lund, Harvard y en la Nasa)
Institución
IF-USP
Producción científica
586 artículos científicos y más de 26 mil citas

¿Cuál es su análisis general sobre el acuerdo sellado en la COP21?
Sin duda fue un excelente comienzo de una nueva era de nuestra sociedad global. Por primera vez en la historia, tras 21 años de COP, una mayoría de los 195 países que responden por el 90% de las emisiones de los gases de efecto invernadero se comprometió con metas claras de disminución de las emisiones. Una de las directrices apunta a reemplazar combustibles fósiles por energías renovables. Con todo, el desafío que tenemos delante es enorme. Los cambios climáticos ya están produciéndose y será necesario realizar un esfuerzo de adaptación al nuevo clima, sobre todo en los países en desarrollo. Tendremos que hacer también un gran esfuerzo científico a los efectos de entender los procesos de cambio en los diversos ecosistemas y desarrollar estrategias de minimización de los impactos ambientales. Habrá que revisar nuestros sistemas de producción y uso de energía, y los niveles de consumo, para llegar a niveles sostenibles.

Aun cuando se cumplan totalmente, las metas de disminución de emisiones que asumieron espontáneamente los países durante la COP21, las llamadas INDCs, son insuficientes como para asegurar que la temperatura global suba entre 1,5 y 2 grados Celsius (ºC) hasta 2100, el objetivo al que apuntan los signatarios del acuerdo. ¿Qué hacer, frente a este panorama?
La temperatura del planeta ya ha aumentado 1 ºC con relación a la era preindustrial. De respetarse los compromisos de reducción de las emisiones asumidos en París, el planeta, aun así, se calentará alrededor de 3 ºC durante este siglo. Esto provocará una profunda y rápida alteración del funcionamiento de los ecosistemas y tendrá impactos socioeconómicos significativos. El conjunto de los compromisos de las INDCs prevé una disminución del 40% en las emisiones globales. Pero necesitaremos una reducción global del 70% al 90% de las emisiones si realmente pretendemos limitar el incremento de la temperatura a 2 ºC al final de este siglo. Es decir, deberemos cortar las emisiones de manera más intensa y más rápida. Así y todo, necesitamos contar con un sistema de gobernanza a nivel global para hacer un seguimiento de la implementación de las INDCs en cada país. También debemos efectuar revisiones periódicas –en la actualidad está previsto realizar esas revisiones cada cinco años– hasta que nuestro planeta logre estabilizar las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono (CO2) y reducirlas a niveles aceptables. No será una tarea fácil. La implementación de la necesaria merma de las emisiones se extenderá durante varias décadas. Al fin y al cabo, existen cuestiones económicas, sociales y políticas que aún están por resolverse.

¿Las metas brasileñas propuestas son tímidas o son ambiciosas?
El problema que tenemos que resolver es global, y depende de los cortes en las emisiones de todos los países, especialmente los países desarrollados. La sumatoria de las emisiones de China y Estados Unidos es responsable por más del 50% de las emisiones globales. Lo que esos dos países hagan será estratégico para todo el planeta. Con relación a las cifras de 2005, Estados Unidos se está comprometiendo a reducir un 27% sus emisiones. Brasil, por ejemplo, y al sólo efecto de establecer una comparación, se está comprometiendo a reducir un 42% sus emisiones hasta 2030. La propuesta estadounidense es muy tímida. Es necesario que haya equidad entre los países, tanto en las emisiones como en el estándar de consumo de los recursos naturales globales. Todos deberán hacer un esfuerzo mayor que el prometido hasta ahora, incluso Brasil, que deberá reducir aún más el desmonte en la Amazonia e invertir fuertemente en el aprovechamiento de las energías solar y eólica, abundantes particularmente en el nordeste del país.

¿Y en el caso de China, que actualmente es el mayor emisor de gases de efecto invernadero?
China tiene una industrialización relativamente reciente, y la mayor parte de sus productos se exporta a otros países. Entonces una fracción de esas emisiones no es propiamente de China, pues los bienes de consumo producidos allá se venden a Estados Unidos, Europa y el resto del mundo. Las fábricas estadounidenses y europeas montaron plantas en China para hacer productos que salen con destino a sus mercados. En la práctica, son los países desarrollados los que consumen esos productos, pero las emisiones se computan en la cuenta de China, lo que no está precisamente correcto. Debemos desarrollar mecanismos tendientes a contabilizar de manera justa y correcta las emisiones.

Pero ese razonamiento vale para cualquier economía exportadora, ¿no es cierto?
Sí. Hoy en día tenemos una economía global, pero no un sistema de gobernanza y de contabilidad global de las emisiones de gases de efecto invernadero. Sólo globalizamos la economía: ningún otro aspecto sociopolítico. China, en su INDC, por ejemplo, no se comprometió a reducir sus emisiones. Su compromiso es el de aumentar la eficiencia de sus emisiones de CO2 por unidad de crecimiento del PIB. Es decir, sus emisiones seguirán creciendo, pero de modo más lento que el ritmo de la economía. En la práctica, los países en desarrollo, tales como la India y China, seguirán incrementando sus emisiones para atender la demanda legítima de su población por más bienes de consumo. Las poblaciones de los países desarrollados ya gozan de esos bienes. La India está mucho más atrasada todavía que China en ese proceso de desarrollo. Cuando cada uno de los más de dos mil millones de chinos e indios quiera tener un coche en su garaje, y una casa con horno de microondas, televisor y otros bienes, sencillamente no habrá recursos naturales como para sostener ese nivel de consumo. Sin embargo, pese a ser crucial, el tema de la equidad ni siquiera estuvo presente en las mesas de discusión de la COP21. Debemos entender que la COP21 es tan sólo el comienzo de un proceso necesario.

¿Es factible reducir a cero el desmonte ilegal en Brasil?
Brasil cuenta con la mejor historia de éxito entre todos los países en lo que hace a la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero. Mediante la aplicación de políticas públicas, redujo el desmonte de 27 mil kilómetros cuadrados [km2] en 2005 a alrededor de 5 mil km2 en 2014. Es decir, disminuyó drásticamente sus emisiones. Sin embargo, reducir a cero el desmonte será muy difícil, pues eso requiere contar con nuevos instrumentos, con una nueva legislación y con incentivos económicos. Y es una tarea absolutamente esencial que Brasil debe realizar, pues nos interesa mantener el bioma de la Amazonia para las generaciones futuras. La selva amazónica de pie, como ecosistema, tiene un valor incalculable. La peor cosa que podemos hacer es transformarla en dióxido de carbono con los incendios.

Cambiemos de tema. ¿Por qué decidió ser científico?
Cuando tenía 12 ó 13 años, me di cuenta de tenía mucha habilidad para las ciencias exactas: matemática, física y química. Además leía mucho y tenía una tremenda curiosidad por entender cómo funcionaba nuestro planeta. También tuve la suerte de tener buenos profesores de física en la enseñanza media, algo raro hoy en día. Esos factores juntos me motivaron a seguir la carrera de científico.

¿Por qué física?
Yo quería entender los procesos de la naturaleza, desde cuestiones de mecánica hasta cosas más amplias, como el funcionamiento del Universo como un todo. Leía mucho sobre física desde chico. De allí hasta convertirme en científico fue un paso sencillo. Hice la carrera de grado en la USP y la maestría en física nuclear, bajo la dirección del profesor Iuda Goldman. Luego decidí hacer algo más aplicable y con un interés social más directo. Pase entonces a investigar en el área ambiental. Primeramente trabajé con procesos asociados con la polución ambiental urbana. En la década de 1980, São Paulo tenía serios problemas de polución del aire, algo que la sociedad todavía no reconocía. Posteriormente empecé a trabajar en la comprensión de los procesos que regulan el funcionamiento del ecosistema amazónico de un modo interdisciplinario.

En una torre en la Amazonia: la selva como impronta investigativa

Archivo personalEn una torre en la Amazonia: la selva como impronta investigativaArchivo personal

En aquella época no era una elección obvia estudiar física del clima. ¿Por qué optó por esa área?
Estaba en un instituto de física muy tradicional en áreas tales como la de física nuclear, la de física de partículas y la de física del estado sólido. Todo el mundo miraba medio que de reojo hacia las investigaciones aplicadas y hacia mi trabajo. Me preguntaban qué pretendía hacer al mezclar la física con temas ambientales. Por suerte tomé la decisión correcta. Más tarde demostramos que la física tiene mucho que aportar a la comprensión de los procesos asociados con la contaminación del aire y con los cambios climáticos globales. De ser el patito feo del instituto, mi grupo de investigación terminó convirtiéndose en referente en la USP y también en el exterior.

Usted es un experto en el estudio de los aerosoles. ¿Qué son esas partículas?
Los aerosoles atmosféricos son partículas sumamente pequeñas, sólidas o líquidas, que se encuentran en suspensión en la atmósfera, lo cual las vuelve invisibles a simple vista. En una ciudad como São Paulo, la gente respira alrededor de 30 mil de esas partículas por centímetro cúbico de aire. Los aerosoles, que forman parte de la polución atmosférica, se depositan en los pulmones y pueden causar enfermedades cardiorrespiratorias y otros problemas de salud. En la Amazonia, las partículas que conforman los aerosoles son muy importantes para el funcionamiento básico del ecosistema. Una nube no se forma únicamente con vapor de agua. Necesita vapor y partículas higroscópicas, es decir, que tengan afinidad con el agua: son los aerosoles. El vapor se deposita sobre esas partículas y forma pequeñas gotas que conforman las nubes. Esas nubes evolucionan; eventualmente llueve. La comprensión de estos procesos fisicoquímicos constituye un reto importante para la ciencia del clima.

¿Ese proceso de formación y desarrollo de nubes también vale para las ciudades?
Sí, es un mecanismo universal. En São Paulo, los aerosoles provienen de las chimeneas de las industrias y de los caños de escape de los automóviles, entre otras fuentes. En los motores diésel de los autobuses y los camiones, aquel humo negro está compuesto por partículas en concentraciones muy altas. Los aerosoles tienen dos acciones importantes en el clima. Primeramente, interceptan y reflejan la radiación solar, con lo cual afectan el balance de radiación y alteran la cantidad de luz del Sol que llega al suelo. En segundo lugar, son absolutamente fundamentales para la formación de las nubes. Sin nubes, no hay lluvias. Sin lluvias, no hay agricultura. A decir verdad, los aerosoles constituyen la clave de los efectos climáticos del hombre, junto a los gases de efecto invernadero. Lo curioso es que, en la Amazonia, la vida biológica de la selva controla la concentración de esas partículas en la atmósfera y determina el clima de la región. Ése fue uno de los descubrimientos que hicimos en nuestro trabajo.

¿Cómo fue eso?
En la Amazonia nos dimos cuenta de que las plantas eran las principales responsables de generar los aerosoles que controlan la formación de nubes y el balance de radiación sobre la selva. Las plantas emiten compuestos orgánicos volátiles, tales como los gases terpenos y el isopreno, que se convierten en partículas de aerosoles. También los fragmentos de hojas, granos de polen, bacterias y hongos, aparte de las cenizas de los incendios, se encuentran en la constitución de esas partículas. Es decir, la propia vegetación controla el clima sobre la selva. Regula las lluvias y el balance de radiación a través de la emisión de aerosoles. La selva también procesa el vapor de agua, que es el segundo ingrediente importante de las nubes. Es fascinante entender estos procesos biológicos, físicos y químicos.

¿Usted trabaja con aerosoles desde su doctorado?
Sí, con el efecto de los aerosoles sobre el clima, particularmente en la Amazonia. En la década de 1980 eso era una novedad total. Tuve la suerte de tener como colaborador durante mi doctorado al profesor Paul Crutzen, premio Nobel de Química [en 1995]. Participé en el primer gran experimento que se realizó en la Amazonia en 1979, llamado Brushfire, coordinado por el profesor Crutzen, quien investigaba el efecto de los incendios sobre el clima de la región. Él tenía la idea, todavía no muy bien formulada en aquella época, de que las emisiones en la Amazonia podrían afectar al clima global. Esa cuestión realmente me fascinó y me estimuló a intentar entender cómo funciona la integración de procesos biológicos, físicos y químicos que controlan el funcionamiento de la Amazonia como un todo. A medida que fueron generándose resultados innovadores, iban apareciendo a su vez nuevas cuestiones importantes.

¿Por qué se interesó en estudiar específicamente los aerosoles?
En la década de 1970, las investigaciones sobre la polución del aire eran casi exclusivamente referentes al componente gaseoso, es decir, la fotoquímica del ozono y sus efectos sobre las plantas y sobre la salud de la gente. En el seno de la comunidad científica nadie hablaba de aerosoles atmosféricos. Pero me di cuenta de que había una ciencia sumamente importante por detrás de esas partículas y me aboqué a develar ese papel.

¿Qué fue lo que lo llevó a hacer cuatro posdoctorados en el exterior?
Al inicio de mi trayectoria, me percaté de que, en áreas asociadas al medio ambiente y a los cambios climáticos globales, no tiene ningún sentido trabajar aisladamente. Los socios internacionales fuertes son absolutamente necesarios y estratégicos. Por eso, al cabo de tres meses de haber terminado mi doctorado, y ya como profesor contratado de la USP, fui a la Universidad de Amberes, en donde estuve trabajando dos años. Y aprendí mucho. Luego estuve otros dos años en las universidades de Lund y de Estocolmo, en Suecia. Y después me di cuenta de que debía aprender técnicas de detección remota y a utilizar mediciones ambientales vía satélite. Fui entonces a trabajar a la Nasa, entre 1993 y 1994. Más recientemente, en 2008, trabajé en la Universidad Harvard, en Estados Unidos, y colaboré con buenos investigadores que estudian el balance de carbono y aerosoles. Mantengo sólidas colaboraciones internacionales desde hace más de 25 años.

¿Cuál es la influencia del clima de la Amazonia sobre el clima del resto de Brasil y del planeta?
La selva es un gigantesco procesador de vapor de agua. Transforma el agua mediante mecanismos biológicos de una manera sumamente intensa e importante para el mantenimiento del clima regional y global. Desde el punto de vista regional, entre el 60% y el 70% del vapor de agua que llega a la parte central de América del Sur se origina en el océano Atlántico tropical y es transportado y procesado por la Amazonia. Este transporte de vapor tiene un influjo sobre las lluvias en la región sur de América del Sur. Desde el punto de vista global, la Amazonia, por ubicarse en una región tropical, participa en importantes procesos de convección. En otras palabras: masas de aire ascendientes retiran el vapor de agua de la superficie y lo trasladan hasta grandes alturas, desde donde es a su vez eficientemente transportado hacia las zonas templadas de nuestro planeta. Por eso la Amazonia y el océano Pacífico constituyen las dos principales fuentes de humedad del clima global. Aparte de ser un importante gas de efecto invernadero, el vapor de agua resulta esencial para la formación de nubes, al controlar el balance de radiación y la ocurrencia de precipitaciones.

En 2011, Artaxo recibe el título de doctor honoris causa en la Universidad de Estocolmo: colaboraciones fuera de Brasil

Archivo personalEn 2011, Artaxo recibe el título de doctor honoris causa en la Universidad de Estocolmo: colaboraciones fuera de BrasilArchivo personal

¿Es posible asociar la sequía reciente en São Paulo con la deforestación de la Amazonia?
No como factor exclusivo. Y las razones de ello son sencillas. En promedio, alrededor del 30% del vapor de agua que llega a la ciudad de São Paulo proviene de los frentes fríos del sur del país. Otro 30% llega desde el océano Atlántico Sur, a través de la brisa marítima. Al fin y al cabo, São Paulo está cerca de la costa. Aproximadamente el 40% de la humedad llega a la ciudad desde de la región norte. Hasta ahora, Brasil ha talado alrededor del 19% del área original de la Amazonia. O sea que, si solamente el 40% del vapor de agua que llega acá a la región sudeste proviene de la Amazonia, y si se vio afectado a lo sumo el 20% del vapor de agua procesado por la selva, podría adjudicársele al desmonte de la Amazonia una reducción del 7% o el 8% de la humedad en São Paulo, en la peor de las hipótesis. Los procesos no son lineales, pero esa cuenta muy simple muestra que es imposible, desde el punto de vista climatológico, atribuirle la sequía en São Paulo directamente al desmonte de la Amazonia. De acuerdo con los últimos análisis, la situación en São Paulo se debió a la permanencia de masas de aire muy secas sobre la región sudeste de una manera anómala, un fenómeno que aún no han entendido muy bien los meteorólogos. Resulta evidente que la falta de preparación para enfrentar situaciones de clima anómalo y la falta de planificación a mediano y largo plazo también hicieron lo suyo para que se produzca la crisis de falta de agua en la zona.

¿Es seguro que los eventos extremos tales como las grandes sequías o las grandes lluvias están relacionados con los cambios climáticos?
Estadísticamente, el aumento de la frecuencia de eventos climáticos extremos está relacionado con los cambios climáticos. La razón de esto es sencilla. Cuando se inyecta más energía en el sistema climático, cosa que está sucediendo ahora, con el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero, esa energía debe disiparse de alguna manera. La atmósfera acumula mucho más calor hoy en día que hace 200 años. Esto hace que aumente la frecuencia de eventos extremos a nivel regional o global. También observamos cambios a pequeña escala, tal como en la cuestión de la lluvia en la ciudad de São Paulo. En la década de 1950, São Paulo era la ciudad de la garúa. Ahora es la ciudad de las grandes tempestades. Hoy en día, cuando llueve, llueve fuerte y esto trae aparejadas pérdidas socioeconómicas. Pero el tema persiste: ¿esto obedece o no al cambio climático? Aún no tenemos una respuesta directa y conclusiva. Así y todo, es probable que la respuesta surja cuando hayamos acumulado información más sólida y con una visión a largo plazo. En el caso de la Amazonia, las sequías de 2005 y 2010 no pueden asociarse unívocamente a los cambios climáticos globales. Podemos decir con confianza que esas sequías fueron las mayores de los últimos 100 años y ocurrieron en un lapso de tiempo sumamente corto; y probablemente fueron causadas por los cambios climáticos que estamos generando.

¿Cómo es hacer investigación con colegas que tienen una formación distinta?
Hacer investigación interdisciplinaria es más difícil que hacerla en una sola disciplina. Estamos aprendiendo algo todo el tiempo. Si necesito entender el efecto de la radiación sobre el ecosistema amazónico, por ejemplo, debo estudiar la fotosíntesis: como se abren los estomas de las hojas para recibir el CO2 atmosférico y cómo afecta a este proceso el flujo de radiación. Lo importante es entender que, en la naturaleza, los procesos suceden simultáneamente y las cosas no se dividen en física, química y biología, tal como se hace en la universidad. Entendí tempranamente en mi carrera la cuestión de lo interdisciplinario, tanto que mi primer posdoctorado fue en el Departamento de Química de la Universidad de Amberes. En mis investigaciones debo observar el planeta de manera interdisciplinaria en todos sus niveles.

¿Por qué usted se convirtió en uno de los científicos brasileños más citados en el mundo?
Nunca pensé que mi carrera científica tendría esa repercusión. Coordino muchos proyectos, publico mucho, dirijo a muchos alumnos. La comunidad científica dialoga a través publicaciones y conferencias. Seguí ese modelo de concretar fuertes colaboraciones internacionales y no cuento con ningún trabajo científico que no sea en colaboración con investigadores extranjeros. Eso me da visibilidad internacional, pero la importancia de los trabajos, especialmente los de la Amazonia, también estimula las citas. La Amazonia es un ecosistema en donde las investigaciones son recientes y están llenas de novedades importantes. Otro tema es que prácticamente todos los artículos que publiqué son interdisciplinarios. Soy citado por públicos distintos, de más de un área temática. Tengo 11 papers en Science y en Nature, una cifra que pocos científicos, incluso del exterior, han logrado. Hasta desde ese punto de vista he tenido mucha suerte. Eso muestra el dinamismo de la ciencia brasileña. Brasil es hoy en día uno de los socios más importantes de la ciencia a nivel mundial, y no sólo en el área ambiental. Con la crisis económica actual, no está muy claro de qué manera vamos a mantener ese liderazgo durante los próximos años, pero debemos hallar una salida. Las investigaciones que realizamos en la Amazonia fueron sumamente importantes para los resultados del IPCC. Algunos procesos de las nubes sólo se producen en ambientes muy limpios como el de la Amazonia, y se descubrieron mediante mediciones realizadas en el marco de grandes experimentos en dicha región. No hay manera de estudiar procesos naturales en atmósferas limpias en Estados Unidos, Europa o Asia, donde la polución se ha apoderado del aire. Hay que aprovechar las ventajas estratégicas con que cuenta Brasil en el terreno científico.

¿Qué está investigando actualmente?
Estoy llevando a cabo varios proyectos, pero el principal es el programa Green Ocean Amazon (GOAmazon). En él estudiamos el impacto que tiene un centro urbano como Manaos, con dos millones de habitantes, sobre las propiedades atmosféricas de sus alrededores. Pretendemos saber de qué manera interactúa la polución que genera Manaos con las emisiones naturales de la selva. Manaos constituye un caso único en el mundo: es una situación que sólo existe en la Amazonia. No existe otra ciudad grande y aislada entre 1.500 kilómetros de selva en todas las direcciones. De allí surge la pregunta: ¿de qué modo interactúan los gases y los aerosoles producidos por los automóviles de Manaos con los aerosoles de la selva, y cuáles son los efectos causados por este tipo de contaminación en el ecosistema? Éste es el tema central del experimento GOAmazon, que moviliza a más de 250 científicos de Brasil, Estados Unidos y Europa.

¿El GOAmazon ha producido nuevos datos?
El impacto de la polución ambiental de Manaos en el funcionamiento del ecosistema amazónico es muy grande. Las emisiones de óxidos de nitrógeno provenientes de procesos de combustión en la ciudad, tales como el funcionamiento de las centrales termoeléctricas que alimentan Manaos y los automóviles, interactúan con los compuestos orgánicos volátiles que emiten las plantas y producen ozono. Hemos encontrado concentraciones de ozono saliendo de Manaos similares a las de la ciudad de São Paulo: superiores a 40 partes por mil millones, límite en el cual el ozono empieza a ser tóxico para las plantas. Las concentraciones naturales de ozono en la Amazonia son de 8 a 10 partes por mil millones a la mitad del día. Cuando se deparan con altas concentraciones, los estomas no se abren, y evitan de este modo los daños en sus tejidos. Al hacerlo, las plantas realizan menos fotosíntesis, fijan menos carbono y experimentan una fuerte reducción de su tasa de crecimiento. Éste es un efecto directo de la contaminación urbana sobre el ciclo del carbono de la selva amazónica. Este efecto aparece centenas de kilómetros viento abajo de Manaos. Y estos datos son importantes para el país. La Amazonia absorbe aproximadamente media tonelada de carbono por hectárea anualmente. Como el área de la selva es enorme, esto tiene un impacto muy grande sobre el ciclo global de carbono. Si la Amazonia pierde un porcentaje de esa capacidad de almacenar carbono, el efecto invernadero se agrava. Necesitamos entender los factores que influyen sobre el ciclo del carbono de la Amazonia. En el marco del GOAmazon también hemos observado fuertes alteraciones de las propiedades de las nubes bajo el influjo de la pluma de contaminación de Manaos si se las compara con nubes “limpias”. Esto afecta al ciclo hidrológico intensamente.

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