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Memoria

El adiós al Prof. Besnard

La Universidad de São Paulo deberá remover el buque oceanográfico del puerto, pero preservará su memoria documental

El primer viaje: en 1967, de Bergen, Noruega, rumbo a Santos

Archivo Pessoal Yara Novelli El primer viaje: en 1967, de Bergen, Noruega, rumbo a SantosArchivo Pessoal Yara Novelli

desde Santos, São Paulo

De pie, junto a un florero con rosas y gerberas entre grúas blancas con grandes manchas de óxido, en la cubierta principal del buque oceanográfico Prof. W. Besnard, Mario Katsuragawa, un profesor de 64 años del Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo (IO-USP), dijo con voz firme y pausada, al final de la mañana del 16 de febrero: “La ciencia oceanográfica brasileña le debe mucho a este barco”.

Katsuragawa y otros 11 investigadores estaban allí para despedirse del buque que formara parte de la formación científica de cada uno de ellos y que fue un hito en la investigación oceanográfica en Brasil. Katsuragawa realizó 33 viajes en el Prof. Besnard. Según dijo, el más dramático, en el cual no participó, fue uno en 1988, cuando el eje del motor se rompió en el pasaje de Drake, un largo tramo de mar revuelto y vientos fuertes a la entrada de la Antártida, y el buque debió ser remolcado hasta Chile. Lourival Pereira de Souza, técnico del laboratorio de oceanografía química, participó en “más de 50” expediciones, según  comentó, incluso en tres a la Antártida. En la platea estaba también Luiz Bruner de Miranda, a sus 78 años, docente del IO-USP quien acompañó la construcción del navío en el astillero de Bergen, en Noruega, integró el equipo del primer viaje, durante dos meses, en 1967, rumbo al puerto de Santos, y fue investigador en jefe de muchas expediciones del Besnard.

En construcción: el lanzamiento del casco, en 1966

Archivo IO-USP/ Reproducción Francisco Luiz Vicentini Neto En construcción: el lanzamiento del casco, en 1966Archivo IO-USP/ Reproducción Francisco Luiz Vicentini Neto

Anclado al lado estaba uno de sus sucesores: el Alpha Delphini, el primer barco oceanográfico enteramente construido en Brasil (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 208). Con 27 metros (m) de eslora y espacio para 12 investigadores y seis tripulantes, está en operación desde 2013, cuando fue incorporado por el IO para aumentar la capacidad de investigación en oceanografía del estado de São Paulo. En 2012, el instituto de la USP, con el apoyo de la FAPESP, compró el buque Alpha Crucis (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 195), que asumió buena parte de las funciones del Besnard. Con 64 m de eslora y capacidad para 19 tripulantes y 21 investigadores, el Alpha Crucis se encuentra en reforma en un astillero del estado de Ceará y reanudará sus actividades en los próximos meses.

Con 49,3 m de eslora y capacidad para transportar a 22 tripulantes y 15 investigadores, el Besnard fue construido a pedido del gobierno paulista, con fondos estaduales y federales, como resultado de intensas negociaciones iniciadas al final de la década de 1950 por Wladimir Besnard, investigador ruso radicado en Brasil, al frente del por entonces denominado Instituto Paulista de Oceanografía (IPO), y continuadas por Martha Vannucci, primera directora del IO, constituido a partir del IPO.

La inauguración, en 1967, del buque cuyo nombre homenajea...

Archivo IO-USP La inauguración, en 1967, del buque cuyo nombre homenajea…Archivo IO-USP

Con más de 150 viajes, este buque pasó por una amplia reforma entre 1994 y 1997. En 1998 debió parar otra vez, con problemas en el motor, y regreso al mar en 2000 (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 59). En 2008 sufrió un gran incendio y quedó sin condiciones operativas de investigación, ya que los costos para recuperarlo eran sumamente altos. En 2012, la compra del Alpha Crucis, que estaba planeándose desde hacía muchos años, generó un dilema acerca de qué hacer con el histórico navío, continuamente castigado por el tiempo: en febrero de 2016, casi toda la estructura de madera estaba tomada por termitas y el motor estaba inoperante. Ninguna alcaldía expresó interés en transformar el buque en museo, y ni siquiera la posibilidad de donarlo a Uruguay prosperó. La empresa que administra el puerto de Santos solicitó su retiro y la universidad resolvió abrir una licitación para su remoción por parte de alguna empresa interesada, que le dará al barco el fin que le parezca conveniente, culminando así un largo trayecto de producción de conocimiento sobre la costa brasileña.

En la primera expedición, el equipo del buque identificó una montaña submarina de 3.500 m de altura y con su cumbre a 194 m de profundidad, cerca de una de las menores islas del archipiélago de Cabo Verde. El navío exploró fundamentalmente la costa sudeste brasileña, desde Cabo Frio, en Río de Janeiro, hasta Cabo de Santa Marta, en Rio Grande do Sul. Una de sus primeras misiones consistió en una serie de 12 viajes para investigar el potencial pesquero de la costa de Rio Grande do Sul, en 1968. Le siguieron más de 260 viajes, con finalidades didácticas –para la formación de estudiantes e investigadores– o científicas, con unos 10 mil puntos de recolección de informaciones sobre corrientes, temperaturas, salinidades u organismos marinos. El Besnard también desempeñó una función geopolítica, al participar en el Programa Antártico Brasileño entre 1982 y 1988, junto a buques de la Marina como el Barão de Teffé.

...Wladimir Besnard

Archivo IO-USP …Wladimir BesnardArchivo IO-USP

Ahora los equipos del IO se movilizan para conservar lo máximo posible de sus instrumentos y documentos. Ingeniero eléctrico de formación y participante en cuatro viajes a la Antártida con el Besnard, Luiz Nonnato muestra el timón con los comandos de rotación del motor y de la hélice y una columna de hojalata y madera que contiene la aguja de bitácora, retirados del navío en 2015, después de que se decidiera su destino, y mantenidos en el Laboratorio de Instrumentación Oceanográfica del IO.

“Bronce puro”, dice el Ingeniero mecánico Francisco Vicentini, quien realizó 51 viajes en el Besnard, de los cuales 21 como investigador en jefe, al retirar con cuidado una de las dos campanas del buque de una de las estanterías del laboratorio. Por allí se encuentran también, en variados estados de conservación, algunas ventanas –o portas–, luces de navegación de emergencia de querosén, la placa original del fabricante noruego y un sextante. Una de las anclas e instrumentos de mayor porte están a la muestra a la entrada y en el museo del instituto.

La bibliotecaria Eloisa de Sousa Maia presenta la colección de fotos, películas y documentos mantenidos en el museo del IO. En una de las salas refrigeradas de la colección biológica del instituto se encuentran los 68 diarios de bordo, que están siendo catalogados por el equipo del museo en busca de información sobre investigaciones, instrumentos, proyectos e investigadores de cada viaje. “Los diarios son sumamente útiles”, dijo Monica Petti, bióloga del instituto y curadora de la colección, con seis viajes en el Besnard. Según Petti, ese archivo contiene unas 50 mil muestras de organismos marinos recolectadas en viajes del Besnard, muchas aún a la espera de análisis detallados.

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