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ARTE

El renacimiento del barroco paulista

El rescate de obras, artistas y documentos expande el conocimiento sobre las expresiones de este estilo en el estado de São Paulo

Léo Ramos Chaves Iglesia Do Carmo, en São Paulo: pintura de Jesuíno do Monte Carmelo en la naveLéo Ramos Chaves

El trabajo mancomunado de investigadores académicos, restauradores profesionales y especialistas de organismos públicos y empresas ha resultado en el descubrimiento de obras, autores y documentos del barroco paulista que permanecieron ocultos, desconocidos o guardados durante más de un siglo. Las figuras, las formas y los colores originales emergen a medida que se restauran iglesias y se remueven pinturas más recientes, y así se revelan obras de mayor valor artístico e histórico. Estos hallazgos están redimensionando el valor de las expresiones paulistas de este estilo de arte, más visible y pujante en los estados de Minas Gerais, Bahía, Pernambuco y Río de Janeiro. Caracterizado por sus formas rebuscadas y una intensa religiosidad, el barroco dejó su impronta durante los primeros tres siglos de la colonización europea en Brasil.

Como producto de un trabajo puesto en marcha por el Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (Iphan), en 2011 reaparecieron las pinturas de 1796 y 1797 del cura Jesuíno do Monte Carmelo (1764-1819), nacido en Santos, en los cielorrasos de la capilla mayor y de la nave de la iglesia de la Venerável Ordem Terceira de Nossa Senhora do Carmo, ubicada en el centro de la ciudad de São Paulo. El escritor paulista Mário de Andrade (1893-1945), poco antes de morir, advirtió sobre la probable existencia de esa pintura en el área central de la nave, que estaba cubierta. La imagen original, ahora expuesta, muestra a la Virgen María rodeada de ángeles, nubes y, en los bordes del techo, carmelitas de 2,20 metros (m) de altura. Mário de Andrade nunca supo por qué había sido encubierta la pintura original.

La historiadora del arte Danielle Pereira, investigadora del grupo Barroco Memoria Viva del Instituto de Artes de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) en São Paulo, cree que ha descubierto lo que el escritor paulista no sabía. Durante los últimos siete años, Pereira peregrinó por archivos de iglesias y de organismos públicos, examinó alrededor de 22 mil páginas de 600 libros antiguos y halló documentos inéditos sobre las pinturas y sus autores. Con base en eso documentos, confirmó que la obra de Jesuíno no fue la original sino la tercera –los cielorrasos con las dos anteriores habrían sido retirados–, y encontró el motivo del cambio de pinturas que intrigaba a Mário de Andrade. “Los carmelitas cambiaban la ornamentación de toda la iglesia para seguir los gustos de la época y no quedarle en zaga a las iglesias de otras órdenes religiosas, y no escatimaban gastos a tal fin”, sostiene la historiadora. “La idea de que el barroco paulista era pobre e ingenuo no tiene sentido.”

LÉO RAMOS CHAVES … y Cristo crucificado, ambos del siglo XVIIILÉO RAMOS CHAVES

Autor de 20 libros sobre arte brasileño, el artista plástico e historiador del arte Percival Tirapeli, coordinador del grupo de investigación sobre el barroco de la Unesp, observa el techo de la Igreja do Carmo y comenta: “Fueron cuatro años removiendo con bisturí las capas recientes de pintura”. Atrás del altar está la obra Senhor morto, de 1746, en madera, también restaurada, de autoría desconocida, a la que él considera “una de las esculturas más hermosas del barroco paulista”. A casi 30 kilómetros (km) del centro de la capital, en la capilla de São Miguel Arcanjo, una de las más antiguas del estado, erigida en 1622, se halló una rara pintura en perspectiva del altar que permaneció escondido durante décadas por detrás de otro altar de madera construido alrededor de 150 años después.

Obras de arte insólitas aparecieron también en la matriz de Nossa Senhora da Candelária de Itu, a 101 km de la capital, la mayor iglesia barroca del estado de São Paulo, construida en 1780, en restauración desde 2001. Por recomendación del músico Luís Roberto de Francisco, investigador del Museo de Música de la ciudad, los equipos de restauración rescataron seis planchas de madera que retratan una de las escenas del calvario de Cristo. Cubiertas por una capa de cal, eran probablemente las originales del cielorraso del coro de la iglesia, y posiblemente se las utilizó como protección de un reloj de la torre. Fueron realizadas por Jesuíno do Monte Carmelo, y no se sabía de su existencia.

En 2015, los equipos de restauración encontraron pinturas en azul en las paredes de la capilla mayor de la matriz de Itu, cubiertas de pintura de desde hacía décadas. Había una fecha, 1788, y una firma, que reveló en ese caso un autor desconocido, Mathias Teixeira da Silva, sobre el cual poco se sabe. Las investigaciones sobre ese artista, llevadas adelante por el historiador del Iphan Carlos Gutierrez Cerqueira, llevaron a la identificación del escultor Bartolomeu Teixeira Guimarães (1738-?) como autor del monumental altar mayor, de 12 m de altura por 6 m de ancho. Emergieron también indicios de la colaboración entre Guimarães y José Patrício da Silva Manso (1753-1801), autor de la pintura del cielorraso y maestro de Jesuíno, que apuntan hacia las conexiones entre los artistas y sus obras. Jesuíno también realizó pinturas en otras tres iglesias de Itu: Do Carmo, Nossa Senhora do Patrocínio y Bom Jesus.

Ideas renovadas
“Estamos deshaciendo el prejuicio de que el barroco paulista era pobre e inexpresivo”, dice el restaurador Júlio Moraes, propietario de una empresa de restauración. Moraes empezó a trabajar con el barroco paulista en 1990, cuando restauró la capilla de 1681 de un campo en São Roque, cerca de la capital paulista, donado por Mário de Andrade al Iphan. “Existen efectivamente muchas más obras y más artistas de lo que se pensaba”, añade, confirmando las advertencias de sus docentes de la carrera de artes plásticas en la Universidad de São Paulo (USP) a mediados de la década de 1970. En 2001, con su equipo, Moraes restauró la pintura del techo de la capilla mayor de la iglesia Candelária de Itu, adonde regresó en 2014 para ponerse al cuidado de otras obras.

LÉO RAMOS CHAVES En la iglesia Da Ordem Terceira de São Francisco, en São Paulo, el altar de 1792 volvió a relucir después de la restauraciónLÉO RAMOS CHAVES

“Esta entrada estaba toda pintada de gris”, dice Tirapeli al ingresar en la iglesia de la Ordem Terceira de São Francisco, en la plaza Largo do São Francisco, en la capital, construida entre 1676 y 1787. “Todo estaba cayéndose”. Clausurada durante muchos años, la iglesia fue restaurada en buena medida con recursos aportados por empresas (Ley Rouanet) y también del Consejo de Defensa del Patrimonio Histórico, Arqueológico, Artístico y Turístico (Condephaat). Quienes la visiten ahora podrán ver las puertas de colores vivos y un altar reluciente terminado en 1792, con un dorado “sin equivalente en ningún otro lugar de Brasil”, dice. Las paredes de la capilla mayor exhiben 10 pinturas religiosas refinadas de la primera mitad del siglo XVIII de 2,2 m de altura, que hasta hace algunos años estaban cubiertas por residuos que las ennegrecían. Según Tirapeli, esas pinturas fueron realizadas en atelieres portugueses y “atestiguan la influencia italiana en el barroco brasileño”, además de mostrar el poder de compra de los religiosos.

Pereira identificó a 56 pintores que trabajaron en iglesias de São Paulo, Itu y Mogi das Cruzes entre 1750 y 1827. Como resultado de ello, el grupo de los artistas paulistas más conocidos –Jesuíno do Monte Carmelo y José Patrício da Silva Manso– cuenta ahora con los refuerzos de Lourenço da Costa de Macedo, Antonio dos Santos y Manuel do Sacramento, que pintaron los cielorrasos del vestíbulo, de la capilla mayor y de la nave de la iglesia de la Ordem Terceira do Carmo en Mogi da Cruzes, tal como se especifica en un artículo publicado en 2016 en la revista Caiana, del Centro Argentino de Investigadores de Arte. Pereira identificó también a una rara pintora, Miquelina Constância das Chagas, quien se encargó del dorado de los seis altares de la iglesia de la Ordem Terceira de São Francisco, en São Paulo, en el siglo XIX. Si bien las obras y las trayectorias profesionales de los artistas barrocos ahora están más claras, los detalles personales, tales como las fechas de nacimiento y de muerte, permanecen inciertos.

léo ramos chaves La restauradora Ana Cristina Jacinto recupera el San Juan Evangelista de la iglesia Da Candelária, en Ituléo ramos chaves

En otro estudio del grupo de la Unesp, el arquitecto Rafael Schunk rescató a dos artistas poco conocidos: el fraile portugués Agostinho da Piedade (1580-1661) y su alumno Agostinho de Jesus (1600-1661), que vivieron y trabajaron en la zona de Vale do Paraíba. Schunk considera a Agostinho de Jesus “el primer artista brasileño”. Después de éste vinieron los más conocidos del barroco brasileño, Antonio Francisco Lisboa (1738-1814) –Aleijadinho– y Manuel da Costa Ataíde (1762-1830), en Minas Gerais, y Valentim da Fonseca e Silva (1745-1813), en Río de Janeiro.

La historiadora del arte Maria José Passos, docente de la Universidad Cruzeiro do Sul, identificó más obras barrocas de las que esperaba al recorrer 79 iglesias de 47 ciudades del estado de São Paulo como parte de su doctorado, concluido en 2015 en la Unesp (vea el mapa). Una decena de esculturas religiosas con al menos 200 años de edad estaban guardadas sin identificación en armarios, sacristías o depósitos. Y otras se perdieron. “La mayor parte de los bienes muebles no están debidamente catalogados”, afirmó.

Passos quedaba intrigada siempre que veía esculturas que desentonaban del conjunto, con ojos de vidrio, fundamentalmente en Vale do Paraíba, aunque fuesen efectivamente barrocas. La investigadora de la Unesp y restauradora Cristiana Cavaterra tenía la respuesta: muchas de esas obras habían sido realizadas por el artista italiano Marino Del Favero (1864-1943). Del Favero se mudó a Brasil a los 28 años y abrió un taller de esculturas sacras y altares en el centro de la ciudad de São Paulo. Anunciaba su trabajo en periódicos, vendía por catálogo y recibía pedidos de São Paulo, Minas Gerais, Mato Grosso, Río de Janeiro y Rio Grande do Sul, empujando así una parte del barroco hacia el comienzo del siglo XX. Los historiadores del arte afirman que el barroco termina formalmente con A última ceia, pintada por Costa Ataíde en el Colégio do Caraça, en Minas Gerais, en 1828.

léo ramos chaves En la capilla mayor de la iglesia Da Candelária, el altar, el techo y las paredes se restauraron…léo ramos chaves

Durante 50 años, se estima que el artista italiano habría producido 300 altares, tales como los de la matriz de Pindamonhangaba y de una capilla en São Luiz do Paraitinga, ambas en São Paulo, y en una iglesia de Maria da Fé, en Minas Gerais, además de unas mil esculturas de portes variados. “Incluso con una producción a escala industrial, Del Favero se consideraba artista y velaba por la calidad de lo que producía junto a su equipo”, dice Cavaterra. “Su gusto personal y la influencia de los maestros italianos prevalecieron en su obra.”

Los trabajos y los descubrimientos más recientes indican que São Paulo produjo menos obras que estados tales como Minas Gerais, Río de Janeiro o Bahía. Las paredes de las iglesias de la capital y del interior paulista eran predominantemente de tapia, con una decoración sencilla, mientras que en los otros estados eran de piedras y ricamente adornadas. “Las paredes blancas contrastan con un altar colorido”, dice Moraes. “No era posible cubrir todo de oro, pero a veces usaban plata, que llegaba proveniente de Bolivia, como en Itu.”

Como las ciudades paulistas –fundamentalmente la capital– crecieron a un ritmo más acelerado a partir del siglo XIX, el arte barroco desentona del paisaje urbano según la óptica del artista plástico Emanoel Araújo, director del Museo Afro Brasil, en São Paulo: “São Paulo tiene un sesgo espartano”. Como director de la Pinacoteca del Estado de São Paulo entre 1992 y 2002, Araújo organizó exposiciones que ampliaron la visibilidad del barroco brasileño. En 1998, en la muestra intitulada O universo mágico do barroco brasileiro, de la cual fue curador, se expusieron 364 obras de 1640 a 1820 en el Centro Cultural Fiesp.

léo ramos chaves …pero el trabajo sigue adelante en el arco de la entradaléo ramos chaves

Según Tirapeli, las exposiciones y la publicación de libros sobre el barroco (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 90) en los últimos años renovaron el interés de los especialistas y de los organismos públicos sobre la necesidad de restauración artística de las obras de arte de la época colonial en Brasil. Como consecuencia de esta movilización, 10 iglesias del estado rescataron sus colores y su brillo original, tales como la matriz de Itu, la iglesia Da Orden Terceira do Carmo y la de São Francisco, la iglesia Da Boa Muerte y la iglesia de Santo Antonio, en la ciudad de São Paulo; la iglesia Da Candelária, en Itu; la basílica antigua de Nossa Senhora da Aparecida, en Aparecida, y la matriz de Jacareí.

“Se ha perdido mucho mientras el barroco paulista estaba menos valorado”, dice el historiador del arte Mozart Costa, profesor de restauración artística de la Pontificia Universidad Católica (PUC-SP) y de la Universidade Cidade de São Paulo. Cerqueira, del Iphan, leyó relatos sobre 45 capillas rurales paulistas del siglo XVII y las buscó, pero encontró sólo dos. “Ha llegado el momento de invertir intensamente en la restauración de obras artísticas, del mismo modo que el Iphan ha invertido en la restauración de la arquitectura de las iglesias desde hace 80 años”, dice. “Aún queda mucho por hacer.”

Aunque el interés por el barroco paulista ha revivido, falta inversión. En las paredes de un corredor de la iglesia Da Ordem Terceira do Carmo hay 19 cuadros de Jesuíno do Monte Carmelo casi totalmente cubiertos de residuos negros. La restauración de cada uno costaría alrededor de 50 mil reales y, como no hay dinero, no hay fecha para comenzarla.

Vea más imágenes sobre el barroco paulista

Proyecto
Autoría de las pinturas ilusionistas del estado de São Paulo: São Paulo, Itu y Mogi da Cruzes (nº 13/04082-1); Modalidad Beca Doctoral; Investigador responsable Percival Tirapeli (Unesp); Becaria Danielle Manoel dos Santos Pereira; Inversión R$ 168.710,49

Artículo científico
PEREIRA, D. M. S. Pintura setecentista na igreja da Ordem Terceira de Nossa Senhora do Carmo em Mogi das Cruzes (SP-Brasil). Caiana – Revista Virtual de Historia del Arte y Cultura Visual. v. 8, n. 1, p. 105-20, 2016.

Libro
TIRAPELI, P. Arquitetura e urbanismo no Vale do Paraíba. São Paulo: editorial Unesp/ Sesc, 2014. 250 p.

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