Imprimir

Tapa

El Brasil de internet de las cosas

Un estudio muestra que los ambientes conectados tienen potencial para aumentar la productividad de la economía y dar impulso a empresas innovadoras

En un mundo tachonado por sensores conectados a internet, los agricultores les confían a los algoritmos la decisión del momento de sembrar o abonar el suelo, existen dispositivos que extraen sangre para analizarla y procesan el diagnóstico rápidamente en una nube computacional remota, se detectan y se corrigen instantáneamente pérdidas de agua y las industrias monitorean sus líneas de producción en tiempo real, reduciendo los stocks al mínimo y disminuyendo costos de logística y mantenimiento. Este mundo, el de la internet de las cosas (IoT, en inglés), migra velozmente de los laboratorios a la vida real en países tales como Estados Unidos, Alemania, Japón y el Reino Unido, y se vuelve palpable también en Brasil, donde comienza a ser visto como una alternativa para afrontar la dificultad de aumentar la productividad de la economía o las ineficiencias del sistema de salud.

Este potencial resulta tangible en el estudio intitulado “Internet de las cosas: Un plan de acción para Brasil”, elaborado por un consorcio de instituciones a instancias del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) en forma conjunta con el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicaciones (MCTIC). Este trabajo, que se encuentra en fase de conclusión, costó 10 millones de reales y presenta el estado del arte de la IoT en economías avanzadas y emergentes. Se realizaron entrevistas en decenas de empresas, se organizaron eventos para el debate, se analizaron más de 2 mil contribuciones provenientes de consultas públicas y se detallaron las aspiraciones de Brasil en esa frontera tecnológica.

Como resultado de ello, el documento apunta nichos tecnológicos y segmentos de la economía en los cuales el país estaría más capacitado para competir. Se identificaron cuatro ámbitos prioritarios para la inversión: el agronegocio, la salud, las ciudades inteligentes y la industria. “Son sectores que ya cuentan con empresas consolidadas en Brasil y hay buenas oportunidades para el desarrollo de innovaciones”, dice la ingeniera Maria Luiza Carneiro da Cunha, del Departamento de Tecnología de la Información y Comunicación del BNDES y una de las coordinadoras del estudio, ejecutado por un consorcio que agrupa a la empresa Centro de Pesquisa e Desenvolvimento em Telecomunicações (CPqD), la consultora McKinsey y el bufete de abogados Pereira Neto Macedo.

Esos ambientes despuntan como prometedores por su anclaje en grandes demandas nacionales. “La mayoría de la población brasileña vive en el medio urbano y estas iniciativas en ciudades inteligentes podrían mitigar problemas de movilidad y mejorar la calidad de vida”, explica Vinícius Garcia de Oliveira, investigador de CPqD y responsable de la vertiente tecnológica del estudio. “La misma lógica es válida para el sector de la salud, por su potencial para mejorar la atención de la población; para el agronegocio, por su importancia económica; y para la industria, por su posibilidad de producir riqueza. Tenemos la oportunidad de desarrollar tecnología basándonos en el mercado interno”, agrega.

La idea de conectar objetos a internet es casi tan antigua como la propia red mundial de computadoras. Lo que cambió en los últimos años fue el abaratamiento de las tecnologías de microelectrónica y teledetección, así como la gigantesca expansión de la conectividad. Según datos aportados por la consultora Gartner, en la actualidad hay en el mundo 8.400 millones de dispositivos conectados, tales como smart TVs, automóviles, sistemas de iluminación inteligentes o equipamientos industriales, entre diversos otros. Esa cifra es un 31% mayor que la de 2016 y, según la empresa consultora, en 2020 crecerá hasta 20 mil millones de “cosas” conectadas a internet. “Una aplicación como Uber es internet de las cosas en estado puro. Automóviles y pasajeros se rastrean mutuamente a través de celulares y se encuentran”, ejemplifica Garcia de Oliveira.

El potencial impacto socioeconómico de internet de las cosas sobre la productividad de la economía brasileña y en el perfeccionamiento de los servicios públicos fue calculado por la consultora McKinsey hasta en 200 mil millones de dólares –el equivalente a aproximadamente el 10% del PIB de 2016–, considerando su utilización en diversos segmentos de la economía descritos en el plan hasta 2025. En el caso del transporte vial, el monitoreo de mercaderías en tiempo real puede reducir hasta un 25% de los costos y la elección inteligente de rutas otro 20%, de acuerdo con el estudio, que también enumera otras posibilidades. Por ejemplo, el empleo de IoT puede ayudar en la detección de delitos y robos, por medio de cámaras en las calles y sensores en automóviles, o bien planificar actividades policiales mediante el análisis de grandes volúmenes de datos acerca de sitios y horarios de acciones ilegales. El uso de sensores móviles de monitoreo de la calidad del aire y sistemas de aviso en teléfonos celulares reducirían un 90% los gastos en infraestructura destinada al control de la contaminación.

Hi Technologies Un dispositivo extrae una muestra de sangre y envía datos a la nube informática que procesa el diagnósticoHi Technologies

Diagnóstico en la nube
Empresas e institutos de investigación brasileños están trabajando en soluciones para los diversos ambientes. La empresa Exati, de la ciudad de Curitiba, desarrolló una plataforma para gestionar el alumbrado público que se está usando en 200 localidades brasileñas: utiliza sensores y comunicación inalámbrica y ahora está perfeccionándola en forma conjunta con CPqD. Otra empresa, Hi Technologies, también de Curitiba, está testeando con cuatro clientes un dispositivo de diagnóstico denominado Hi Lab, que toma una muestra con una gota de sangre y la somete a la acción de distintos reactivos, envía los datos a una nube informática que los procesa y entrega un resultado. “Se puede hacer un diagnóstico de zika en 20 minutos o un test de embarazo en 10 minutos”, dice Marcus Figueiredo, el CEO de la empresa. “El potencial de IoT en productos y servicios de salud es muy grande y lanzaremos otros productos en la misma línea del Hi Lab”. En el mes de agosto, el BNDES aprobó una financiación de 13 millones de reales adjudicada a Inmetrics, una empresa de TI con sede en São Paulo, para el desarrollo de una plataforma de internet de las cosas destinada a franquicias para otras empresas y proveedores de otras aplicaciones independientes.

Una de las premisas del estudio consiste en que Brasil no dispone de recursos humanos y financieros como para ubicarse en una posición de liderazgo global en IoT, una carrera que disputan Estados Unidos, el Reino Unido y Corea del Sur. Tampoco posee carnadura para mezclarse con el pelotón de las naciones que buscan destacarse en vertientes tecnológicas específicas, como es el caso de Alemania, en el campo de la manufactura avanzada, o España y China, en cuanto a ciudades inteligentes. Pero puede aspirar a convertirse en una referencia entre los países emergentes y a fortalecer la industria y la exportación de productos nacionales, mejorando la eficiencia y la competitividad de los sectores público y privado. El trabajo también identificó a un grupo de sectores industriales tales como petróleo y gas, minería, automotor y textil que merecerían ser objeto de políticas específicas que sirvan como modelo para su posterior implementación en otros segmentos. “Son sectores con un nivel de madurez superior a la de los demás. El del petróleo y gas, por ejemplo, ya cuenta con un historial consistente de inversiones en investigación y desarrollo”, dice Maria Luiza Carneiro da Cunha.

El BNDES y el MCTIC encargaron el estudio como sostén para el Plan Nacional de Internet de las Cosas, que el gobierno lanzará al final del mes de octubre. Se trata de un conjunto de estrategias y políticas públicas que apunta a comprometer a empresas, gobierno e instituciones de investigación científica en pos de la difusión del uso de dispositivos conectados a internet en la industria y en los servicios en todo el país. Vinícius Oliveira, de CPqD, sostiene que internet de las cosas posee un perfil más inclusivo que otras tendencias tecnológicas anteriores. “IoT configura la tercera ola de internet. La primera fue el surgimiento de la internet comercial y la segunda, la de la internet móvil. Ambas fueron bastante homogéneas y dieron origen a gigantes de la tecnología tales como Dell, Qualcomm o Facebook”, dice. “En tanto, internet de las cosas crea un escenario heterogéneo y mucho más democrático. Una solución para rastrear una flota de camiones es diferente a una solución de alumbrado público inteligente, y esto genera un ambiente repleto de oportunidades para las empresas. Pueden coexistir 10 empresas brasileñas de mediano porte trabajando con IoT en alumbrado público, cada una con su solución”.

Y las pequeñas empresas de base tecnológica se movilizan para explotar este nicho del mercado. Durante el último año hubo un crecimiento significativo de proyectos que comprenden innovaciones en internet de las cosas remitidos al Programa de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe), de la FAPESP. Actualmente hay 21 proyectos en curso liderados por startups del estado de São Paulo que desarrollan soluciones en IoT aplicadas a servicios de salud, rastreo de vehículos, manejo del ganado, automatización de edificios y administración de energía, entre otros. Antes de esa cosecha de proyectos, el programa Pipe había financiado solamente a una decena de empresas dedicadas al tema.

Nexxto Sensores monitorean las góndolas de los supermercados y avisan si la temperatura supera lo recomendadoNexxto

Para patrocinar la ampliación de internet de las cosas en Brasil, el plan propondrá una articulación entre agencias de fomento y ministerios que coordinan recursos provenientes de la exención tributaria de ciertos sectores de la economía, como en el caso del MCTIC. Según Maximiliano Martinhão, secretario de Política de Informática del MCTIC, la sinergia ayudaría a generar un ambiente capaz de impulsar la inversión en IoT en Brasil. “Esperamos que la inversión privada pueda aportar la mayor parte de lo necesario para nuestra infraestructura”, dice el secretario. En tanto, Ailton Nascimento, vicepresidente de Stefanini, una multinacional brasileña de servicios de TI, considera que el futuro del plan dependerá en gran medida de la disponibilidad de inversiones públicas. “Es posible concertar convenios entre gobierno y empresas, pero las inversiones que se refieren a la infraestructura de los servicios públicos, en el campo de la movilidad urbana o de la oferta de internet en el sector rural requerirán de un incentivo del Estado”, contrasta. “El panorama económico actual no genera perspectivas alentadoras a corto plazo”.

Stefanini ingresó al mercado de internet de las cosas con aplicaciones en la industria de la minería y en la agricultura. Por ejemplo: valiéndose de sensores, monitorea 529 kilómetros de ductos que transportan minerales desde Minas Gerais hasta Porto Sudeste, en Itaguaí, una localidad situada en la Región Metropolitana de Río de Janeiro. Las informaciones, transmitidas hacia salas de control situadas en diversas estaciones a lo largo del ducto, posibilitan la realización de intervenciones instantáneas en caso de que surja algo fuera de la rutina. La capacidad de transporte del mineroducto, propiedad de la empresa Anglo American que atraviesa 32 ciudades, es de 26,5 millones de toneladas de pulpa de mineral de hierro por año. El mercado de IoT aún no llega al 7% de la facturación del grupo Stefanini, pero la apuesta es al crecimiento. “Se está produciendo una transformación digital en la cadena logística a nivel global y Brasil ya forma parte de esa transformación”, dice Nascimento. El ejecutivo advierte que la inversión en nuevas tecnologías no debe ser vista como una panacea. “Internet de las cosas puede ayudar a mejorar el transporte de la producción, pero si la ruta fuera mala y el camión quedara atascado, no habría cómo resolver el problema”, sostiene. “Las inversiones en infraestructura de caminos, puertos y aeropuertos seguirán siendo fundamentales, tal como lo son hoy en día”, añade.

Centros de competencia
Una de las preocupaciones del proyecto es la limitación de los recursos. Por eso se plantea una amplia cooperación entre empresas, universidades y agencias de financiación a los efectos de evitar la atomización de las inversiones y el aislamiento de los grupos de investigación. El modelo propuesto se basa en la creación de centros de competencia, afincados en instituciones con vocación para desarrollar tecnologías específicas, tales como nanotecnología y conectividad y, en otro campo, la formación de redes de innovación para los ambientes destacados por el estudio, en este caso de carácter virtual, reuniendo a los grupos de investigación diseminados por el país. “Las redes de innovación estarán orientadas por la demanda de soluciones de grandes problemas y los centros de competencia tecnológicos apoyarán y apuntalarán las cadenas productivas”, considera Martinhão. Esta estructura se abocará a la resolución de una serie de cuellos de botella tecnológicos, tales como el desarrollo de sistemas de seguridad y de privacidad, de dispositivos de bajo consumo de energía y de baterías de larga duración, el perfeccionamiento de la conectividad entre sistemas y máquinas y la capacidad de trabajar en forma conjunta, entre otros.

En Brasil, uno de los grandes impedimentos para la expansión de los negocios en internet de las cosas son las deficiencias en la infraestructura de telecomunicaciones, dice el ingeniero Antonio Rossini, uno de los fundadores de Nexxto, una empresa de São Paulo que ofrece servicios en IoT para monitorear la temperatura y la humedad en la cadena de alimentos. “Brasil es un país continental y resulta habitual que al salir de las ciudades se pierda la conectividad del celular. Ésta es una dificultad concreta para la expansión de nuestros servicios al agronegocio”, analiza Rossini. Nexxto, que obtuvo ayuda de la FAPESP en el marco del programa Pipe, cuenta con más de mil sensores monitoreando en tiempo real la operación de 25 clientes, entre los que figuran supermercados que controlan la temperatura de sus góndolas y redes farmacéuticas que monitorean la distribución de medicamentos. El problema se tornó evidente en una experiencia piloto que llevó a cabo Nexxto con un productor de carnes, que contrató a la empresa para la conservación de lotes de vacunas por valor de 400 mil reales que debían mantenerse a temperaturas entre 2 y 8 grados Celsius y distribuirse a productores en localidades diseminadas por el país. “Allí donde existe alguna conectividad, pueden utilizarse antenas de alta ganancia y repetidoras de señal, pero para ofrecer un servicio de alta calidad, sería necesario disponer de una conectividad perfecta”.

El programa Pipe de la FAPESP patrocina 21 proyectos de empresas innovadoras sobre internet de las cosas

Startups
La capacitación de recursos humanos constituye un reto para Brasil, según el estudio del BNDES y del MCTIC: tan sólo el 0,9% del total de brasileños que trabajan lo hace con tecnologías de información y comunicación, en comparación con el 3,7% de los países de la Unión Europea y el 3,3% en Estados Unidos. No obstante, ese déficit aún no impacta en la fase actual de implementación de la IoT. “Nuestras universidades forman a una buena cantidad de ingenieros y expertos en TI y muchas empresas, ante un panorama de crisis económica, son renuentes a contratar esa mano de obra, a la que consideran cara. Quizá por ello, muchos profesionales crean startups que ofrecen productos y prestan servicios”, informa el ingeniero mecatrónico Fabiano Corrêa, docente del Departamento de Ingeniería de Construcción Civil de la Escuela Politécnica de la USP, que lidera un proyecto de investigación para la evaluación del impacto de las tecnologías de IoT en obradores. La tendencia de contratación de servicios de startup ya es visible en el área de la manufactura avanzada (lea el reportaje).

Para Herlon Oliveira, vicepresidente de la Asociación Brasileña de Internet de las Cosas (Abinc), el foco debería recaer sobre la formación de científicos de la computación, profesionales capaces de concebir los algoritmos que procesan la masa de datos recabados por sensores y que, de esa forma, ayudan en la toma de decisiones. “No es necesario desarrollar en Brasil tecnologías que ya están afianzadas y se han transformado en commodities, siendo que hoy en día existen sensores que se comercializan por centavos de dólar. Como contrapartida, los algoritmos resultan claves para la oferta de servicios de calidad y necesitamos contar con masa crítica para poder generarlos”, sostiene Oliveira, quien es presidente de la empresa Agrus Data, fundada en 2015, que ofrece servicios de IoT para la agricultura. El producto insignia de la empresa es un software que, a partir de la recopilación de datos realizada por sensores en extensas áreas agrícolas y el entrecruzamiento con pronósticos climáticos, se vale de un algoritmo para sugerir el mejor momento para la siembra y la aspersión de fertilizantes o agroquímicos.

Así como es necesaria la capacitación de profesionales especializados, también hay que ocuparse del impacto de internet de las cosas sobre la mano de obra con baja calificación. El estudio del BNDES reconoce que la IoT puede conducir a la reducción de puestos de trabajo, a raíz de la automatización de las actividades industriales y de servicios, como así también debido a la asimetría existente entre la cantidad de empleos extintos y los que generan las nuevas actividades. Asimismo, advierte que ese problema ha sido solucionado en otros países por medio de programas de transferencia de ingresos y recalificación profesional, o bien mediante la disminución de la jornada laboral.

Un servicio para viviendas inteligentes
VivintDurante un período de 24 meses, entre el 4º trimestre de 2014 y el 3º trimestre de 2016, fondos de venture capital y de private equity de Estados Unidos invertirán 7.200 millones de dólares en empresas que ofrecen soluciones o servicios en internet de las cosas. Una de las más destacadas es Vivint, que comercializa sistemas para hogares inteligentes, señalada como la startup de IoT que mayores inversiones atrajo en los últimos cinco años, de acuerdo con la base de datos CB Insights. En abril de 2016, el inversor Peter Thiel, creador del sistema online de transferencia de dinero PayPal y el fondo de capital de riesgo Solamere invirtieron 100 millones de dólares en Vivint, cuya casa matriz está ubicada en el estado de Utah, EE.UU. y cuyo modelo de negocios se basa en la prestación de servicios. Más de un millón de estadounidenses y canadienses se suscribieron al abono mensual de la empresa, cuyo costo va de 40 a 80 dólares, e instalaron en sus hogares un sistema de control de iluminación, termostatos y cerraduras inteligentes, con cámaras y sensores, que puede controlarse desde su interior o a distancia valiéndose de una aplicación para celulares. “Nosotros no vendemos un dispositivo de hardware y nos vamos”, dijo el fundador de la empresa, Todd Pedersen, al portal de noticias Business Insider. “Los clientes desean un servicio que funcione”. Un ejército de 2.500 vendedores domiciliarios impulsa las ventas.
La estructura para internet de las cosas
Las redes que brindarán soporte a la internet de las cosas en Brasil emplean tecnologías y frecuencias diferentes a las de la internet comercial. El rango de frecuencia reservado en América para la transmisión de datos en IoT va de 902 a 928 megahercios (MHz) y la nueva frecuencia de internet 4G en Brasil, por ejemplo, es de 700 MHz. Los datos recopilados por sensores se transmiten en paquetes que suman pocas decenas de bytes, bastante más livianos que las informaciones e imágenes transmitidas por internet convencional. Esto, sumado a la necesidad de operar con costos más bajos, condujo al desarrollo de modelos tecnológicos específicos para IoT, que son las redes Low Power Wide Area (LPWA). Hay modelos en fase de prueba en Brasil, tales como el Sigfox, de origen francés, y el estadounidense LoRa. Sus antenas son pequeñas –del tamaño de una tostadora– y en áreas rurales logran cubrir un radio de hasta 40 kilómetros. “Resta determinar en qué frecuencia Brasil va a transmitir los datos de IoT, porque el rango que va de 908 a 915 MHz, que está dentro de la banda que se utiliza internacionalmente, en este país le pertenece a una operadora de telefonía y no está disponible”, explica Herlon Oliveira, vicepresidente de la Asociación Brasileña de Internet de las Cosas (Abinc). Oliveira, propietario de una empresa que presta servicios en IoT para propiedades rurales, dice que sus clientes siempre preguntan si la calidad de internet en las fincas mejorará con la instalación de redes de internet de las cosas. “Se muestran decepcionados cuando explico que son estructuras paralelas”, afirma.