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Cuando aprender es cuestión de indios

La serie, publicada en cuatro tomos, es el resultado de un proyecto temático que discute la educación indígena

Imagem: COLEÇÃO MUSEU NACIONAL / UFRJ Los indios según Cândido Portinari:Imagem: COLEÇÃO MUSEU NACIONAL / UFRJ

En el comienzo era el verbo, mas no fue fácil entenderlo. “Permanecía con mi oído aplicado en la boca del bárbaro, sin poder distinguir sílabas o percibir vocales o consonantes”, escribió el padre Vieira acerca de su dificultad para entender a los indios. Nacía así el pecado original de la educación indígena: enseñarles a hablar en portugués, alejándolos de su cultura y negando el diálogo entre las diversidades. Y en el epicentro estaba la escuela. “La institución de la educación fue fundamental en la configuración de los indios brasileños, pues de la catequesis al positivismo, siempre se los quiso asimilar al Estado”, explica Lux Vidal.

Esta antropóloga es una entre los más de 20 investigadores del Mari – Grupo de Educación Indígena de la USP -, creado en 1995 para pensar formas de educación que promuevan el diálogo interétnico entre indios y no indios. Pero, para ellos, el verbo no bastaba. “Siempre hubo un lapsus entre la práctica y la teoría antropológica para pensar esta cuestión, hacer avanzar al área y darles una devolución a los indios sobre los resultados de nuestros estudios”, cuenta Lux. El resultado de este deseo de práctica son los cuatro tomos recientemente lanzados de la serie Antropologia e Educação.

Antropologia, História e Educação (organizado por Aracy Lopes da Silva y Mariana Kawall Leal Ferreira), Práticas Pedagógicas na Escola Indígena (de las mismas organizadoras), Crianças Indígenas: Ensaios Antropológicos (de Aracy Lopes, Ana Vera Lopes Macedo y Ângela Nunes) e Idéias Matemáticas de Povos Culturalmente Distintos (organizado por Mariana Ferreira) acaban de ser lanzados por Editora Global, con apoyo de la FAPESP. Estos libros, que reúnen varios artículos de especialistas del Mari, son producto de un ambicioso proyecto temático iniciado en 1995 y financiado por la FAPESP: Antropología, Historia y Educación: La Cuestión Indígena y la Escuela.

Pero a mitad de camino, hubo que lamentar una pérdida irreparable: la de la investigadora Aracy Lopes, muerta en 2000. “La finalización del proyecto temático y estos libros resultantes deben mucho a la dedicaciónde Aracy, que supo reunirnos a todos en torno al proyecto”, elogia Lux Vidal. “El tema de la educación indígena no es novedad, pero gracias a este esfuerzo tiene ahora un nuevo espíritu y una nueva dirección”, cree la antropóloga.

La actual reorientación llega en el tiempo justo para contemplar un nuevo desafío: la globalización. Si antes era preciso integrar al indio a su cultura y a la nuestra, la educación de hoy en día debe reunirlo con el mundo. “La aldea ya no está más aislada en el mundo globalizado. Los indios están siendo informados de esto y desean participar en esa unión sin dejar de ser lo que son”, analiza Lux. Una vez más, el epicentro de todo está en la escuela, el lugar privilegiado de esta discusión, pero esta vez en un contexto positivo.

Dominación
“Una de las reivindicaciones más sólidas del movimiento indígena organizado en Brasil durante las últimas dos décadas, junto a la cuestión de las tierras y la atención de la salud, se refiere a la educación”, observa Mariana Kawall Ferreira. Tras 500 años en el transcurso de los cuales la escuela fue utilizada como un instrumento de dominación e integración forzosa, los indígenas pretenden ahora relacionarse con la sociedad brasileña sobre nuevas bases. Pero fue necesario esperar el cambio de la Constitución en 1988, que los reconoció como brasileños con derechos plenos, entre los cuales se destaca el derecho a su propio idioma y a su cultura. Y ése fue un largo camino.

Mariana Ferreira recuerda el modo como la catequesis fue puesta al servicio del aniquilamiento cultural de los indios en el Brasil colonial. La enseñanza obligatoria del portugués constituyó un medio para insertar a los indígenas en la civilización cristiana, “concentrando esfuerzos para destruir las instituciones autóctonas, como el chamanismo y los sistemas de parentesco, instaurando relaciones de sumisión y dominación, y perpetuando las desigualdades sociales”. Los nativos solamente eran capacitados a la medida para trabajar como mano de obra barata para los colonizadores.

Recién en 1910, observa Mariana, el Estado brasileño, bajo la influencia de los ideales positivistas, empezó a preocuparse mínimamente con la cultura y la lengua indígenas, a partir de la implementación del Servicio de Protección del Indio (SPI). Las escuelas enseñaban menos religión, pero todavía querían indios únicamente aptos integrarse al mercado de trabajo. En 1967, con la creación de la Fundación Nacional del Indio (Funai), que sustituyó al SPI, la enseñanza bilingüe ingresó a la agenda del gobierno para la política indígena. En 1991, durante la administración Collor, el control educacional salió de la fundación y pasó a la órbita del Ministerio de Educación.

Un nuevo dispositivo legal garantizaba “que las acciones educativas destinadas a las poblaciones indígenas se deben fundamentar en el reconocimiento de sus organizaciones sociales, costumbres, lenguas, creencias y tradiciones, y en sus propios procesos de transmisión del saber”. Se abría así el camino para la escuela diferenciada y para los profesores indígenas. “Esta nueva educación conjuga la preocupación por el mantenimiento de la identidad de los indios y al mismo tiempo les da a éstos los tan anhelados nuevos conocimientos de la sociedad de los no indios”, evalúa Lux Vidal.

Los indígenas rápidamente notaron que, más allá de adquirir conocimientos para establecer relaciones igualitarias con los no indios, también podían valerse de la institución “blanca” de la escuela con un nuevo significado, más acorde con su realidad y sus necesidades. El antiguo hechizo de la catequesis destructiva se volvía contra el hechicero: la enseñanza podía ayudar a los indios en la preservación de sus tradiciones, costumbres y modos de hablar. “Los maestros indios cuentan hoy en día con el auxilio de antropólogos para pensar maneras de crear su educación, sin dejar de lado el instrumental necesario para ‘triunfar en el mundo de los blancos’ “, analiza Lux.

De este modo, además de aprender portugués y volverse bilingüe, la nueva generación también domina operaciones matemáticas (dentro, lógicamente, del espíritu indio de entendimiento de esa matemática, vinculada a una delicada cosmogonía nativa). “Curiosamente, para muchos fue una sorpresa descubrir que todavía son indios, como pude presenciarlo en una visita al Oiapoque. Con el trabajo de rescate de su lengua y sus historias, muchos pudieron reencontrarse con su identidad ‘perdida’ de indígenas”, cuenta la antropóloga. De allí surge el aumento del número estadístico de indios en Brasil, que saltó en pocos años de 350 mil a 850 mil. “En realidad, lo que ha habido es un reconocimiento, con base en la nueva educación indígena, por parte de muchos de ellos en el sentido de que son indios”, explica Lux Vidal. Ahora son los propios indígenas los que producen su material escolar, sus cartillas, sus mapas y sus atlas, contando su versión de la historia del país con sus propias palabras.

Pero no todo son maravillas, advierte la antropóloga. En especial con relación al concepto de escuela diferenciada. “Muchos indios piensan que se trata de una enseñanza menor, inferior. Asimismo, existe un aparato formal que los aparta del crecimiento real necesario. De nada sirve prepararlos para un examen de ingreso al universidad, pues ellos no lo pasan. Y ni siquiera sería bueno”, advierte. “Pocos llegan a la universidad, y la mayoría prefiere permanecer en las aldeas, por eso se debe pensar en una enseñanza específica. Existe un gran potencial para la investigación socioambiental entre los indios, para el análisis y la catalogación de fauna y la flora, etc.; que por supuesto, ellos podrían llevar a cabo esa actividad y hacerlo muy bien”, cree Lux.

Fragilidad
Asimismo, la antropóloga teme que falte voluntad política futura para continuar con los emprendimientos que figuran en los cuatro tomos de la serie Antropologia e Educação. “Tal como los investigadores informan en los libros, existe una inmensa fragilidad en ese sistema. Y la población indígena aumenta, y anhela una buena enseñanza”, advierte. Según la investigadora, este año electoral ya ha provocado bastantes estragos en varias fases del proyecto, que fueron dejadas de lado y relegadas a segundo plano.

Lux Vidal dice también que es complicado mantener a los profesores por mucho tiempo en un lugar, y varias organizaciones de profesores indígenas piden sin respuesta la ayuda del gobierno, para alterar ese estado de cosas. En caso contrario, las conquistas pueden perderse fácilmente. Es necesario también formar profesores no indios para que piensen esta cuestión y colaboren para que el proceso continúe.

Por encima de todo, recuerda la investigadora, se debe estudiar la situación particular de los niños indígenas, tema de uno de los libros resultantes del proyecto temático. Sucede que la educación ha generado roces entre generaciones. “Los más viejos se sienten disminuidos por la instrucción adquirida por los jóvenes”, comenta. “Pero, si lo pensamos bien, lo mismo ocurre en nuestra realidad, con Internet separando generaciones”, dice.Y hablando de “nuestro mundo”: el proyecto Antropología, Historia y Educación se preocupa igualmente con la otra cara de la moneda: la visión estereotipada de los no indios sobre los indígenas.

La sociedad blanca aprende en la escuela a entender a los nativos como “unos pobrecitos, buenitos, que no desean salir de la ‘edad de piedra’ y deben ser preservados como primitivos”, recuerda Lux. “Eso es tan malo como el prejuicio, en especial en estos tiempos en los que se ve mucho sobre los indios en los medios de comunicación. Hacer eso equivale a no reconocer a la población indígena en su propia dinámica”, evalúa la investigadora. “Es preciso también darse cuenta de que no se puede hablar de educación indígena sin considerar que entre esas poblaciones existen grandes diferencias y distintas necesidades. Todo eso está presente como materia de discusión en el proyecto temático”, dice.

Por último, Lux Vidal recuerda que la educación indígena trajo frutos inesperados, tales como la inserción política de los indígenas. “El voto de los indios en algunos lugares es significativo; por eso éstos son muy acosados por los políticos, lo que, de una cierta forma es bueno, ya que fuerza al Legislativo a pensar también en la cuestión indígena”, evalúa la profesora. Pero el destino de los indígenas debe permanecer fundamentalmente en manos de los propios nativos.

Comunidad
Tal como señala un documento del I Encuentro Nacional de Coordinadores de Proyectos en el Área de Educación Indígena, realizado en 1997: “La familia y la comunidad son responsables por la educación de los hijos. En el seno de la familia se aprende a cuidar la salud, y la geografía de los bosques, ríos y sierras; se aprende también matemática y geometría, para poder construir canoas. No existe un sistema de reprobación o de selección. Los conocimientos específicos están al servicio y al alcance de todos. Todos son maestros y alumnos al mismo tiempo”, observa el documento. “La escuela no es el único lugar de aprendizaje. La escuela no es el establecimiento construido y los útiles de los alumnos. Son los conocimientos, los saberes. La comunidad también posee su sabiduría, que debe ser comunicada, transmitida y distribuida”, completa el texto.

La cuestión es realmente compleja. “Es necesario formar y valorar profesionales que miren hacia su propia comunidad, para lograr nuestra autonomía y para que las escuelas sirvan como instrumento de permanencia de los jóvenes en nuestras aldeas y no como puertas de salida”, sostenía el documento final del IX Encuentro de Profesores Indígenas de Amazonas, Roraima y Acre. Existen actualmente en Brasil 218 pueblos indígenas, que hablan 180 idiomas diferentes y dialectos nativos. Oswald de Andrade tenía razón: “Los brasileños nunca fuimos catequizados”. Menos mal.

El proyecto
Antropología, Historia y Educación; Modalidad Auxilio a la publicación; Coordinadora Aracy Lopes da Silva – FFLCH-USP; Inversión R$ 25.000,00