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Memoria

Entre las estrellas

El trabajo de César Lattes, que falleció a los 80 años, fue fundamental para detectar el mesón pi

Las condiciones de trabajo acá son excelentes. Estoy acá por invitación de la Universidad de Bristol (que Occhialini la consiguió), percibo un haber mensual y tengo una amplia libertad de trabajo y de iniciativa. Puedo trabajar en lo que más me interesa y quedarme todo el tiempo que quiera. Es una verdadero privilegio.

De César Lattes a Leite Lopes, el 21 de abril de 1946

Estoy totalmente dispuesto a ir a trabajar allá en condiciones mucho menos favorables (me refiero a la parte científica y a la posibilidad material de investigación, no a la parte profesional), pues creo que es mucho más interesante y difícil formar una buena escuela en un ambiente precario que ganar el premio Nobel trabajando en el mejor laboratorio de física del mundo.

De César Lattes a Leite Lopes, el 12 de agosto de 1946

A los párrafos anteriores de César Lattes los separa un lapso de tiempo de menos de cuatro meses. Figuran en cartas escritas en Bristol, Inglaterra, cuyo destinatario era José Leite Lopes, en Río de Janeiro. Lattes tenía entre 22 y 23 años, y haría luego los dos trabajos que lo catapultaron hacia la constelación de las estrellas científicas en los años siguientes, en 1947 y 1948. Dichos párrafos denotan un deslumbramiento por las condiciones de trabajo halladas en el H.H. Wills Laboratory de la Universidad de Bristol, y la preocupación por armar equipos competitivos para trabajar en física en Brasil, especialmente en Río. Fallecido a los 80 años el pasado 9 de marzo, en Campinas (interior de São Paulo), como consecuencia de un paro respiratorio, el más reconocido físico brasileño empleó el enorme prestigio adquirido con sus descubrimientos para armar laboratorios en Río de Janeiro, São Paulo y Campinas, fiel a sus ideales de juventud. Las cartas están en el libro Uma história da física no Brasil, de Leite Lopes, con organización de Amélia Império Hamburger (Livraria da Física Editora, 2004).

El físico italiano Giuseppe Occhialini (mencionado por Lattes) había trabajado en Brasil a partir de 1938 con Gleb Wataghin, ucraniano naturalizado italiano, que era docente de la Universidad de São Paulo (USP) desde su creación en 1934. Con Wataghin y un grupo de brasileños muy talentosos, como el pernambucano Mario Schenberg y los paulistas Marcello Damy de Souza Santos y Paulus Aulus Pompéia, entre muchos otros, Occhialini realizaba trabajos con rayos cósmicos, y fue uno de los maestros de Lattes. A propósito, el nombre original del brasileño era Cesare Mansueto Giulio Lattes, nacido en Curitiba el día 11 de julio de 1924, hijo de los inmigrantes italianos Giuseppe y Carolina.

Su padre, cuando vivía en São Paulo, se dio cuenta de la inclinación de César por las matemáticas y la física y le presentó a Wataghin, un conocido suyo. Aprovechando la brecha de una resolución gubernamental, Lattes saltó algunos años e ingresó en la por ese entonces Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras (FFCL/ USP). A los 19 años ya se había recibido e integraba el equipo de Wataghin como tercer asistente.

Fue la primer y última carrera superior que cursó. Wataghin y Occhialini hacían física de la mejor calidad en la FFCL entre los años 1930 y 1940. Mantenían la biblioteca actualizada, había un intercambio permanente con grandes centros de investigación del mundo y se esforzaban para mandar a sus discípulos brasileños al exterior.

No fueron ni Inglaterra ni Estados Unidos los que me dieron mi formación de físico. La logré en São Paulo, con Wataghin, Occhialini y Damy, comentó Lattes, en una entrevista publicada en la revista Ciência Hoje en agosto de 1995. Lo que quiero decir es que allá no aprendí nada, a no ser inglés. En 1945 Occhialini fue a Bristol a trabajar con Cecil Powell, que utilizaba placas (o chapas) fotográficas comunes para el estudio de reacciones en el núcleo del átomo. Un año después Lattes siguió el mismo rumbo y se integró al equipo de Powell.

El procedimiento para la detección de partículas era exponer al aire libre las placas con emulsión (similar a la de las películas fotográficas comunes). La emulsión detecta el paso de partículas altamente energéticas cargadas eléctricamente.

Después de revelarla, la placa muestra el trayecto de la partícula (observable en el microscopio) por la secuencia de granos que contienen plata metálica a lo largo de ese trayecto. Sucede que las partículas provenientes del espacio (los rayos cósmicos) se chocan con partículas de la atmósfera terrestre y dan origen a otras partículas, difíciles de detectar. Por eso, Occhialini y Lattes arribaron a la conclusión de que, al margen de necesitar placas con una emulsión más sensible, era preciso reducir el tiempo de exposición.

Había que realizar los experimentos en lugares muy altos, donde el aire se enrarece. Occhialini hizo el primer experimento en Francia, en Pic du Midi, a 2.800 metros, en el año 1946. Al revelar las placas, en enero de 1947, halló algunas partículas, y escribió una nota publicada en Nature, exaltando las ventajas de las placas de emulsión. Pero la gran novedad no residía únicamente en exponer las placas en la altura, sino también en la sugerencia de Lattes en el sentido de cargar algunas de éstas con bórax (tetraborato de sodio), lo que permitió conservar las marcas de las partículas por más tiempo en la chapa antes que éstas decayeran en otras partículas. El brasileño y el italiano buscaban mesones, partículas subatómicas que efectúan la interacción entre los neutrones y los protones, previstas por el físico japonés Hideki Yukawa en 1935. Al ver el resultado de las chapas de Pic du Midi y también la nota de Occhialini en Nature el brasileño pidió que se repitiera la experiencia en el monte Chacaltaya, a 20 kilómetros de La Paz, Bolivia, donde hay una estación meteorológica enclavada a 5.600 metros. Lattes no quería quedarse afuera del descubrimiento en el cual tuvo una participación relevante.

En los Andes, a aquella altura, las chapas recibirían 100 mil veces más partículas cósmicas que en Francia. Y todo salió bien: se detectó claramente el meson pi.

La física de partículas empezó así, explica Igor Pacca, del Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas (IAG/USP), quien trabajó con Lattes entre 1961 y 1966. Pero César Lattes quería más. En 1948 se mudó de Bristol a la Universidad de Berkeley, Estados Unidos. Esta vez la idea era emplear un acelerador de partículas para detectar mesones creados artificialmente. Apenas dos semanas después de la llegada a Berkeley, Lattes y el norteamericano Eugene Gardner detectaron la partícula. A decir verdad, los mesones ya se producían artificialmente desde noviembre de 1946, pero no se sabía cómo identificarlos. La noticia catapultó a Lattes a un lugar de gran relevancia en el escenario científico mundial. Cuando concluyó su beca en Berkeley, ya sabía qué haría: trabajaría en el recientemente creado Centro Brasileño de Investigaciones Físicas (CBPF) de Río de Janeiro, que ayudará a fundar. La presencia de César Lattes fue aprovechada para valorar la ciencia en Brasil?, escribió la historiadora e investigadora del Museo de Astronomía y Ciencias Afines (Mast) Ana Maria Ribeiro de Andrade en el libro Físicos, mésons e política  a dinâmica da ciencia na sociedade (Hucitec/ Mast/ CNPq, 1999). Lattes también fue importante en la fundación del Consejo Nacional de Investigaciones, actual Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq).

Durante su gestión en el CBPF, erigió el Laboratorio de Física Cósmica en Chacaltaya, e hizo posibles otras líneas de investigación. Pero, en 1955, se apartó al descubrir desfalcos financieros en el centro. Lattes partió rumbo a Estados Unidos, y allí trabajó en las universidades de Chicago y Minnesota. Regresó a la USP en 1960 y montó el Laboratorio de Emulsión Fotográfica. Tomó parte activamente en el International Cooperative Emulsion Flight, un proyecto internacional de análisis de parte de un bloque de 80 litros de emulsiones expuesto por aerostato en el Caribe.

De dicho período es el comienzo de la colaboración con investigadores japoneses destinada a estudiar emulsiones expuestas en Chacaltaya. En 1967 se traslado a la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), y allí organizó y dirigió el Departamento de Rayos Cósmicos y el Laboratorio de Emulsiones Nucleares. Casi siempre se recuerda a César Lattes por ser el brasileño que estuvo más cerca de ganar el Nobel. Por el trabajo de 1947, firmado en conjunto por Occhialini y Cecil Powell y él, quien se alzó con el premio fue Powell solo, en 1950. Powell era el jefe del laboratorio y ganó por el desarrollo del método fotográfico de estudio del proceso nuclear durante la década de 1940, y por los descubrimientos llevados a cabo con este método. Se consideró que supo dar visibilidad a su trabajo, explotar las potencialidades de su grupo, reaprovechar los resultados y, según Ana Maria Ribeiro, tenía el don de convencer a las plateas. Lattes podría haberlo también ganado por la detección del mesón pi artificial, pero el coautor, Eugene Gardner, murió precozmente en 1950, y la Academia Real de Ciencias de Estocolmo no galardona a científicos muertos. Aparentemente, el brasileño no se sentía molesto por eso. Carola Dobrigkeit Chinellato, docente del Instituto de Física de la Unicamp, que hizo su doctorado con él, dice que su capacidad científica no se limitaba a la física. Lattes se quejaba cuando leía un texto mal escrito. Decía: Vaya a su casa y lea a Graciliano Ramos. Cuando aprenda a usar correctamente los adjetivos, escríbalo de nuevo y me lo muestra. De acuerdo con personas que convivieron con él, en ocasiones, Lattes alternaba momentos de suma excitación, cuando se olvidaba de comer y de dormir, y pasaba noches en vela trabajando, con períodos de profunda depresión. Una de las raras críticas que se le hace es que no dejó seguidores lo mismo se dijo de otros grandes físicos, como Schenberg y Oscar Sala. Tal visión es cuestionada por Amélia Hamburger, física del Instituto de Física de la USP, con trabajos en el área de historia de la ciencia: Lattes y los otros formaron grupos de investigación y montaron laboratorios en varios centros de Brasil, y ese trabajo por supuesto que dejó simientes. El punto sobre el cual parece que no hay dudas es la genialidad del científico, de acuerdo con Igor Pacca: En física, Lattes siempre veía más allá que los otros, vislumbraba mucho más que todos.

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