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Memoria

Una ruptura en la universidad

Hace 40 años, el 79% de la planta docente de la innovadora Universidad de Brasilia dimitía en protesta contra la intervención militar y la cesantía de profesores

En su discurso de agradecimiento, al recibir el título de doctor honoris causa de la Universidad de Brasilia (UnB), el físico Roberto Salmeron sostuvo ante el público asistente que aquella fecha en que se realizaba el evento significaba una extraordinaria coincidencia. Exactamente el día en que fuera galardonado, el 19 de octubre de 2005, se cumplía un aniversario más de un acontecimiento insólito en la vida universitaria brasileña. Hace 40 años, 223 profesores renunciaban en protesta contra la interferencia del régimen militar en la vida académica y por la cesantía de 15 docentes. Con una planta de 305 profesores, la UnB perdió el 79% de sus docentes en un solo día.

La universidad había iniciado sus actividades en abril de 1962, y se encontraba aún en plena estructuración, con edificios en construcción y sin que todas las carreras estuvieran abiertas.

Aunque Brasilia fue fundada por Juscelino Kubitschek, el ideal de una universidad inserta en la ciudad siempre constó en el proyecto del urbanista Lúcio Costa, quien le reservó a dicha institución un predio específico en el marco del Plan Piloto. “Lúcio Costa era consciente de que una universidad sería necesaria para la germinación de la vida intelectual en la nueva capital del país”, dice Salmeron, activo partícipe en las discusiones sobre la UnB y, años después, coordinador de sus Institutos Centrales de Ciencia y Tecnología y del Instituto de Física. En Francia desde 1968, y actualmente jubilado de la Escuela Politécnica de París, Salmeron publicó en 1999 A universidade interrompida: Brasília 1964-1965 (Editorial de la UnB, 476 páginas, agotado).

Motivados por los cambios de la época, los expertos invitados a discutir y planear la UnB pensaron en un modelo más avanzado de universidad, que se aplicó allí y que posteriormente adoptaron otras instituciones de enseñanza.

La UnB se dividió en ocho institutos centrales y facultades. Cada uno de éstos agrupaba todas las actividades de enseñanza, investigación o cualquier otra creación intelectual del área en cuestión. A los alumnos se les impartía una formación básica durante dos años. Aquéllos que deseasen seguir la carrera científica o artística, seguirían en el instituto. Con todo, si se decidieran por otra profesión, irían a una facultad adecuada a partir del tercero año. Por primera vez se creó el sistema de créditos, por el cual la aprobación en una asignatura era reconocida en toda la universidad: si el alumno cambiara de opción no debería cursar otra vez tal materia. La carrera docente debería basarse en la producción y la creatividad, con dedicación exclusiva. “Esto puede parecer trivial actualmente, pero no lo era en la década de 1960”, comenta Salmeron en su libro. Caducaron los cargos obsoletos de catedrático y de asistente y se crearon los puestos de instructor, asistente, profesor asistente, profesor asociado y profesor titular. Desde el comienzo se dictaron las carreras de grado y también de posgrado, algo muy poco común en el Brasil de aquel tiempo.

Todo marchaba muy bien, y los profesores y estudiantes trabajaban con entusiasmo, pese a las precarias condiciones. Sin embargo, el 31 de marzo de 1964, se produjo el golpe militar. El rector Anísio Teixeira, que había reemplazado a Darcy Ribeiro, fue cesanteado, y Zeferino Vaz ocupó su lugar al mando de los militares. Nueve días después, se perpetró la primera de varias invasiones en la UnB por parte del Ejército, bajo el pretexto de combatir la subversión: la primera fue en 1964, y la última en 1977. Al cabo de 15 meses, Vaz fue reemplazado por Laerte Ramos de Carvalho. Debido a una huelga de estudiantes y a una paralización de cuatro horas de los docentes, el día 8 de octubre de 1965, el nuevo rector solicitó la presencia de tropas militares en la universidad, y cesanteó a 15 docentes. Pero los profesores reaccionaron: 223 dimitieron. Durante otra invasión, en este caso, en 1968, la situación fue peor aún, pues murió un estudiante. Pero aún con todas estas crisis, la universidad supo recuperarse y cobró importancia. El genetista Antonio Rodrigues Cordeiro, coordinador del Instituto Central de Biociencias, uno de los 15 despedidos por el rector Carvalho, recuerda apesadumbrado de aquellos días: “La UnB se habría vuelto más grande y habría progresado mucho más rápido si no fuera por las brutales intervenciones del régimen”.

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