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Divulgación

El cielo es aquí

Un millón de brasileños tomarán parte en la programación de eventos del Año Internacional de Astronomía

starry-night-over-rhoneReproducciónEn 2009, un contingente estimado en diez millones de personas de todo el mundo -un millón sólo en Brasil- será invitado a mirar hacia el cielo. No con aquel atolondramiento de quien quiere saber si va a llover o si el día está más contaminado que de costumbre, sino para reflexionar sobre las cosas que existen entre la Tierra y el espacio sideral -y que instigaron a generaciones de seres humanos a empujar las fronteras del conocimiento. Se trata de la programación del Año Internacional de la Astronomía (AIA 2009), proclamado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que aglutinará durante los próximos meses miles de eventos en 136 países.

El megaevento se abrió oficialmente el día 15 de enero en una ceremonia realizada en la sede de la Unesco en París. La extensa programación internacional de la apertura incluyó debates sobre el rol de la astronomía en la sociedad, presentaciones sobre los principales momentos de la astronomía moderna, observaciones en tiempo real y videoconferencias en vivo involucrando a algunos de los principales observatorios del planeta -tales como la Estación del Polo Sur y el VLT (Very Large Telescope), situado en Cerro Paranal, Chile.

En Brasil, el megaevento fue inaugurado en el marco de una ceremonia realizada en el Planetario de Río de Janeiro, que abrió sus puertas gratuitamente durante cuatro días. La Escola de Samba Unidos da Tijuca, que llevará al sambódromo el “enredo” [la trama] “Una odisea sobre el espacio”, se presentó en la ceremonia de apertura. En tanto, la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar) dispuso telescopios en diversas plazas de la ciudad, tanto en la región central como en la periferia. Otro destacado fue la reapertura del Observatorio Astronómico del Museo de Historia Natural y Jardín Botánico de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), desactivado desde la década de 1980. La programación se propagará por todos los estados brasileños. Habrá observaciones del cielo por medio de telescopios en lugares públicos, charlas, exposiciones y shows en planetarios, entre otras actividades. Distribuida por 210 puntos del país, la organización está a cargo de tres mil voluntarios, entre astrónomos amateurs, investigadores, docentes de escuelas y estudiantes. La programación del evento está disponible en la siguiente dirección electrónica: www.astronomia2009.org.br .

El AIA 2009, una iniciativa de la Unión Astronómica Mundial, celebra los cuatro siglos desde las primeras observaciones telescópicas del cielo realizadas por Galileo Galilei (1564-1642), quien avistó manchas solares, las montañas de la Luna, cuatro de los satélites de Júpiter, los anillos de Saturno y las estrellas de la Vía Láctea. Para el coordinador nacional del evento, Augusto Damineli, el Año Internacional es una oportunidad de aproximar a la población a la astronomía y reforzar la mentalidad y la educación científica de los jóvenes. “La astronomía tiene más convocatoria entre los legos que otros campos del conocimiento. La observación del cielo podrá ayudar a difundir la importancia de los métodos de la ciencia, estimulando la formación de ciudadanos con pensamiento crítico”, dice Damineli, docente del Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas de la Universidad de São Paulo (IAG-USP).

Damineli también espera que el AIA 2009 ayude a eliminar el desfase de medio milenio en la forma en que la sociedad ve a la astronomía. “La idea cristalizada durante milenios de que el cielo y la Tierra son cosas separadas está superada hace 500 años. Pero la gente todavía mantiene una imagen mental de que el cielo es una quintaesencia inaccesible y la Tierra es un valle de lágrimas, a lo mejor porque la gravedad está siempre tirándonos para abajo. Para ayudar a confundir más, la palabra cielo tiene dos significados: uno científico y el otro religioso. A decir verdad, el cielo es aquí. Todos los átomos que nos rodean vinieron de tipos diferentes de estrellas y surgieron en épocas diferentes del Universo. El gran desafío consiste en llevar al público a restablecer esas ligazones cósmicas, y comprender que estamos efectivamente en el cielo”, dijo.

Fascinación
Para Damineli, el gran objetivo del evento es permitir que las  nuevas generaciones rescaten o al menos noten la fascinación por los astros que moldeó la vida de los seres humanos e impulsó seguidos saltos de la ciencia -la astronomía dio origen a campos enteros de la física y de la matemática, por ejemplo. Recuerda que la comprensión de los ciclos climáticos del planeta, que dio regularidad a la producción agrícola, y el dominio de las técnicas de localización, que promovió las grandes navegaciones, se hicieron posibles gracias al aprendizaje hecho con la observación de los astros.

El profesor enfatiza que la curiosidad intelectual fue el principal combustible de los  precursores de la astronomía, sin que hubiera una lógica utilitarista que los orientase. De cualquier modo, el esfuerzo por comprender el Cosmos tuvo un enorme impacto en el cotidiano de las personas. “La matemática arribó al cálculo integral y diferencial cuando Isaac Newton dedujo la fuerza gravitacional de la Luna. Ningún ingeniero proyecta puentes y edificios sin recurrir a este producto teórico de la astronomía”, dijo. De la misma manera, la tecnología que llevó al hombre a la Luna estimuló la miniaturización de las computadoras y las actividades de supervisión ambiental vía satélite. Damineli menciona la espectroscopia “el análisis de la composición química de los astros” que tiene hoy en día variadas aplicaciones. “El acto fundador de todo esto se dio cuando Newton puso el prisma en un rayo de luz y descubrió el espectro luminoso. De manera análoga, la fotografía es heredera del telescopio, cuando se deseó registrar las imágenes vistas a través del mismo. Hoy es posible fotografiar sin luz natural porque la sensibilidad fotográfica fue perfeccionada para atender al uso de los astrónomos”, dijo.

En 2007, Damineli asumió la coordinación brasileña del AIA 2009 y salió en busca de socios. Conversó con docentes, investigadores, responsables de planetarios y museos de ciencias, pero se sorprendió especialmente con la adhesión de los astrónomos amateurs, que se dispusieron a prestar aparatos y a organizar eventos en lugares públicos y escuelas. “La propuesta inicial era llegar a algunas centenas de miles de personas, pero los astrónomos amateurs propusieron hacer que un millón de brasileños vieran lo que Galileo observó y aseguraron que esa meta es posible”, dice Damineli. Primeramente el profesor del IAG imaginaba que poco más de 30 clubes de astrónomos amateurs estarían activos. El representante de la Red de Astronomía Observacional (REA), Tasso Napoleão, comenzó a relevarlos y constató que 125 grupos querían participar. “Es un número equivalente al de los grupos de Inglaterra o de Francia. Y fueron fundamentales para armar la programación. Son médicos, ingenieros y otros profesionales a los que les gusta de observar el cielo por curiosidad y tienen un enorme placer en hacerlo”, afirma el profesor. “Están más a disposición para la población que los investigadores”, dice.

La participación del gobierno brasileño también fue importante. La diplomacia del país desempeñó un papel destacado junto a países como Francia e Italia para convencer primeramente a la Unesco, brazo de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura, y después a la ONU a proclamar que 2009 fuera el Año Internacional de la Astronomía. “El entonces embajador brasileño ante la ONU, Ronaldo Sardenberg, quien ya fue ministro de Ciencia y Tecnología, se percató de la importancia de esto y se comprometió a superar resistencias y sumar apoyos de otros países”, dice Damineli. Según éste, algunos países, como Inglaterra, suelen oponerse sistemáticamente a la proclamación de años internacionales temáticos, pues creen que no tienen ninguna utilidad. “Nuestros representantes lograron convencer a los otros países al demostrar que, si el Año Internacional no era importante para ellos, era importante para la astronomía y para la divulgación de la ciencia”, afirma el profesor del IAG.

Recientemente salió la ayuda oficial también en dinero. En octubre del año pasado, el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) emitió un pliego por dos millones de reales para la compra y mantenimiento de equipamientos, servicios, pasajes y estadías. “La cantidad de propuestas superó bastante las expectativas y totalizaron pedidos por valor de 16 millones de reales”, dice Damineli. Una novedad en el pliego es que parte del dinero podía ser disputada por profesionales sin nivel de doctorado, si bien que se exigió experiencia en astronomía. Fue una forma de atraer a los astrónomos amateurs y docentes de escuelas. El Ministerio de Educación se dispuso a comprar y distribuir en escuelas 50 mil telescopios con tecnología similar a la usada por Galileo, pero las dificultades burocráticas llevaron a que aún no se viabilizase la compra.

Una preocupación de Damineli es evitar la dispersión de los grupos luego de que el año termine. “Nuestro desafío será crear una red permanente de divulgación científica”, dice el profesor. Una de las herramientas previstas para mantener la red funcionando será la creación de una dirección en internet, el Portal to the Universe, organizado por la Unión Astronómica Internacional, que reunirá una enorme variedad de materiales en formato digital y servirá para mantener la cohesión de la red de participantes del año Internacional de la Astronomía.

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