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…Y Sudamérica se hizo

Gigantescos macizos rocosos de diferentes edades y orígenes formaron el continente, que todavía se encuentra en movimiento

CARLOS GOLDGRUB / OPÇÃO BRASIL IMAGENESCañón del Itaimbezinho, una cicatriz geológica de 130 millones de añosCARLOS GOLDGRUB / OPÇÃO BRASIL IMAGENES

La estructura geológica de América del Sur es un inmenso caleidoscopio de bloques rocosos que se quebraron, se fundieron y se desplazaron de una manera impresionante. En Pirapora do Bom Jesus, una localidad ubicada a 60 kilómetros de São Paulo, el geólogo Colombo Tassinari, docente del Instituto de Geociencias (IGc) de la Universidad de São Paulo (USP), exhibe evidencias de esas transformaciones que decenas de geólogos estudian minuciosamente desde hace al menos 50 años, y que su colega de la USP, Benjamim Bley Brito Neves, sintentizó en un artículo de reciente publicación en la revista Journal of South American Herat Sciences. “Todo esto que vemos aquí, una vez fue un lecho marino, hace 600 millones de años”, dice Tassinari, al llegar a lo alto de una colina en uno de los barrios de Pirapora do Bom Jesus. Acto seguido, se detiene en una esquina bordeada de moreras cargadas de frutos; enfrente hay una escuela municipal de paredes blancas y un mercadito que vende baldes, pelotas de plástico y ojotas havaianas. En una barranca pegada a una calle asfaltada, Tassinari muestra  una de esas evidencias: las pillow lavas, cuerpos de magma basáltico con forma de burbujas o, tal como su nombre lo sugiere, de almohadas (vea las fotos).

“La capa exterior de las pillow lavas se formó cuando la lava hirviente que brotó de la corteza oceánica se enfrió al toparse con el agua del mar”, explica Tassinari, quien trabaja junto con Bley y otros geólogos para reconstruir la turbulenta – e inconclusa – historia geológica de América del Sur. Existen más rocas de ese tipo al otro lado del valle cortado por el río Tietê, aquí todavía bastante contaminado, con aguas oscuras y lentas, cubiertas por blancos bancos de espuma. Al subir al cerro, él ya había mostrado un depósito natural de caliza y había apuntado la ubicación de una antigua mina de magnetita, otros vestigios del lecho de un mar que se cerró como resultado de la colisión entre placas tectónicas que se movían en direcciones opuestas. La fuerza de las placas era intensa a punto tal de hacer que fragmentos de la corteza oceánica que se encontraban a unos 4 mil metros de profundidad fuesen arrojados hacia el interior del continente y actualmente se los encuentre a alrededor de 600 metros de altura (y posiblemente hayan originado cerros todavía más altos).

Normalmente, investigadores de la USP, la Universidad de Brasilia (UnB), la Universidad Federal de Mato Grosso (UFMT) y de otros centros de investigación geológica de Brasil examinan el origen y la composición de las partes de este inmenso rompecabezas, algunas veces ofreciendo visiones más generales tales como la de Bley. Al mismo tiempo, expertos de otros países “Argentina, Estados Unidos, España, Alemania, Inglaterra, Dinamarca y Australia” trabajan para comprender la formación de sus continentes. A menudo se reúnen para colaborar entre sí o estudiar cómo se encajaban los continentes, puesto que los bloques de rocas actuales de América del Sur se hallaban al lado de los que ahora se encuentran en América del Norte o en China.

El artículo más reciente de Bley complementa otro, publicado en 2008 en la revista Precambrian Research, en forma conjunta con Reinhardt Fuck, de la UnB, y Carlos Schbbenhaus, del Servicio Geológico Brasileño. Ambos trabajos ofrecen una amplia visión acerca de la impresionante diversidad de edades, formas, tamaños, composición y orígenes de las placas rocosas de la corteza terrestre, provenientes de diferentes direcciones, que se encontraron, se empujaron, se amalgamaron o se destruyeron, consolidando el esqueleto geológico del continente sudamericano. Bloques rocosos bastante antiguos, con edades superiores a los 2.500 millones de años, hallados en Bahía y en las costas del río Amazonas, se emparientan con otros, de menor antigüedad, de alrededor de 2.000 millones de años, de la región nordeste y de Mar del Plata, en Argentina, y con los más jóvenes, de 500 millones de años, tales como la cadena montañosa de Mantiqueira, que comienza en el sur de Bahía y se extiende hasta Uruguay. Estas capas de rocas pueden comenzar a pocos metros debajo la superficie y llegar hasta los 40 kilómetros de profundidad.

018-023_Geologia_188-1En América del Sur, tal como en todo el globo, se registra una destrucción y reconstrucción permanente. Otro ejemplo a cielo abierto de los embates tectónicos lo constituye el Parque Nacional de Itatiaia. Su estructura geológica basal es el resultado de los derrames de lava liberada por un volcán, aunque luego corrió mucha lava por allí. En el libro Itatiaia – Sentinela das alturas (de editorial Terra Virgem), Humberto Giuseppe Cordani y Wilson Teixeira, también de la USP, muestran la secuencia de movimientos tectónicos que devinieron en la formación del pico de Agulhas Negras y de peñascos cuyas laderas recuerdan las raíces petrificadas de un inmenso árbol.

“Allí donde actualmente se encuentra el centro-oeste existía un océano con las dimensiones del Atlántico, hace entre 900 y 600 millones de años”, dice Fuck. En 1969, luego de trabajar durante cinco años en el mapeo geológico de Paraná, Fuck ingresó como profesor en la UnB y se abocó a estudiar la geología de la región central del país. Sus análisis indicaron que había un arco de islas volcánicas, tal como sucede actualmente en las Filipinas, resultante del choque de las placas oceánicas. Como producto de la destrucción de esas islas surgió una cadena montañosa similar al Himalaya, que se extendía por 1.500 kilómetros desde el sur del estado de Tocantins hasta el sur de Minas Gerais. Y luego también desapareció.

Tassinari considera que la antigua cuenca oceánica de Pirapora do Bom Jesus, que él comenzó a estudiar hace 30 años, debe ser valorada. Es más: se podría convertir en una atracción de la ciudad, conocida por sus fiestas religiosas y por una iglesia que comenzó a construirse en 1725. “Ya hemos hablado con el alcalde y estamos peleando para proteger mejor estas reliquias de la historia de la Tierra”, dice. En su opinión, ése es el único tramo del estado de São Paulo con una corteza oceánica relativamente bien conservada.

Otros vestigios de brazos de océanos extintos son los sedimentos de mar profundo tales como los hallados en Araxá, en Minas Gerais, y en Afranio y Dormentes, en Pernambuco. “La vida de un océano es muy corta, raramente excede los 200 millones de años. La corteza oceánica, al ser más delgada que la continental, resulta constantemente reciclada”, expresa Cordani. Bley y Tassinari y él son actualmente los investigadores principales de un proyecto temático en curso coordinado por Miguel Basei, del Instituto de Geociencias.

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Mares con vida corta
Existen otras síntesis en construcción. Cordani y Víctor Ramos, de la Universidad de Buenos Aires, coordinan la elaboración de un nuevo mapa tectónico – o de las grandes estructuras geológicas – de América del Sur, bajo la supervisión de los servicios geológicos de Brasil y Argentina. Ese trabajo agrupa a alrededor de 40 geólogos del continente, que sintetizan los datos acumulados en el transcurso de los últimos 30 años, desde que se hizo la última versión. Cordani extiende sobre la mesa una de las versiones del nuevo mapa, con una escala de 1:5 millones: constituye un mosaico de manchas en varios tonalidades de rojo, azul y amarillo, que representan las diferentes edades y estructuras geológicas de Sudamérica. “No, todavía no está listo para publicarlo. Es sólo un  borrador”. Ellos pretenden presentar la versión final en agosto de 2012, en el congreso internacional de geología que se desarrollará en Australia.

Varias líneas negras, de diferentes longitudes, cortan el mapa. Representan las fracturas o fallas, que pueden separar los bloques rocosos y dejar espacio libre para otras rocas. Hace alrededor de 30 millones de años, las rocas volcánicas rellenaron las fracturas formadas mucho antes, en estructuras de más de 600 millones de años, formando la base de los terrenos actualmente ocupados por el Gran São Paulo, São José dos Campos, Taubaté y otras ciudades de la zona conocida como Vale do Paraíba. Al norte, la ciudad de Manaos se formó sobre sedimentos rocosos con pocos millones de años de antigüedad, aunque debajo de ellos existen rocas que se formaron hace alrededor de 500 millones de años.

Las formaciones rocosas más antiguas de Brasil se encuentran en el nordeste. En los años 1960, como uno de los fundadores y coordinador del laboratorio de geocronología de la USP, Cordani acompañó a los equipos de la Secretaría de Minería de Bahía que realizaban el relevamiento geológico del estado. En la región central de Bahía hallaron rocas que se revelaron como las más antiguas del país, aunque los métodos de datación todavía eran bastante imprecisos, con un margen de error de alrededor de 100 millones de años.

EDUARDO CESARTassinari y las pillow lavas de Pirapora do Bom Jesus (detalladas arriba)EDUARDO CESAR

De cualquier modo, Cordani presentó sus resultados en el marco de un congreso en Pekín en 1983 y las rocas de Bahía, con una estimación de 3.400 millones de años, figuran entre las más antiguas del mundo. “En 1991 llevé muestras para analizarlas en Australia y lo confirmé”. Actualmente, él simplemente podría atravesar el césped que se encuentra frente a su oficina y utilizar la microsonda iónica de alta resolución, un sofisticado equipo de datación de rocas que comenzó a utilizarse hace pocos meses en un campo frente al Instituto de Geociencias.

Hace dos años, Bley, Fuck y Elton Dantas, de la UnB, identificaron al oeste de Pernambuco rocas todavía más antiguas del continente sudamericano, con 3.600 millones de años. Para Bley, este episodio tuvo un sabor especial, y no por haber nacido en las cercanías, en Campina Grande, Paraíba. Él recorrió el oeste de Pernambuco hace 50 años, cuando recién se había recibido de geólogo en Recife. “Andaba por allí durante el día y por la noche leía Os sertões a la luz de un farol de querosén, en la acera frente al hotel São Pedro, en un pueblito del municipio de Ouricuri”, recuerda. “Me di cuenta que aquello había sido escasamente estudiado y me prometí a mí mismo que regresaría”.

Las rocas  de Pernambuco eran casi tan antiguas como las de Canadá, con 4 mil millones de años. Constituyen los escasos testimonios de los primeros tiempos de la Tierra, formada hace 4.700 millones de años a partir de una nube de gas y polvo en rotación. Solamente había roca derretida, erupciones volcánicas y una atmósfera tóxica, que permaneció durante millones de años. Las primeras bacterias, capaces de sobrevivir a temperaturas cercanas a los 100º Celsius, recién se desarrollaron hace 3.500 millones de años.

La sierra de Carajás, en Pará, y el Quadrilátero Ferrífero, en Minas Gerais, contienen rocas también bastante antiguas, de 3 mil millones de años. “Cuándo llegaron aquí y de dónde provienen, no lo sabemos”, dice Bley. En el Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas (IAG) de la USP, los físicos Franklin Bispo Santos y su director de tesis doctoral, Manoel D’Agrella Filho, trabajan para determinar la dirección magnética de las rocas de Mato Grosso y Roraima en el momento en que se formaron, entre 1.900 y 1.400 millones de años atrás. Al saberlo, tal vez logren determinar de dónde vinieron y si viajaron juntas o no. Esta técnica, denominada paleomagnetismo, puede confirmar o desestimar hipótesis de los geólogos. “El problema”, dice Santos, “es que resulta muy trabajosa y a veces tardamos años para realizar las interpretaciones”.

Un río y una isla
América del Sur se formó a partir de esos núcleos más antiguos, que crecieron incorporando otros. Según Cordani, el cratón amazónico se duplicó en tamaño durante el Proterozoico, el más extenso de los períodos geológicos, con una duración de alrededor de 2 mil millones de años. Los cratones son inmensos bloques conformados por varios tipos de rocas, normalmente con más de mil millones de años, que funcionan como un conjunto relativamente estable de la corteza durante al menos 100 millones de años. El cratón amazónico cuenta con 4.400 millones de kilómetros cuadrados, el equivalente a un 52% del territorio brasileño. Su parte más antigua, con más de 2.600 millones de años, se encuentra en Roraima y en el oeste de Pará, a la cual se unieron otros bloques de granito que formaron las Guayanas y parte de Venezuela, y luego otros, más recientes. Las formaciones rocosas más altas originaron un valle por donde comenzó a correr el río Amazonas, cuyos sedimentos formaron la isla de Marajó.

Hace 2.500 millones de años se produjo una transformación en la historia de la Tierra, con picos de pérdida de calor, que permitieron la formación de la corteza, la capa superficial del planeta, anteriormente constituida por una sopa caliente de magma. Un supercontinente llamado Kenorano pudo haberse formado en aquella época, cuando la atmósfera comenzó a recibir oxígeno, esencial para la supervivencia de microorganismos más sofisticados, a partir de los cuales se desarrollaron los multicelulares. “¿Qué grado de certeza tenemos acerca de la existencia de ese supercontinente? Entre un 20% y un 30%. Todavía existes muchas controversias”, advierte Bley.

Otro supercontinente pudo haberse formado hace entre 2.200 y 2 mil millones de años. Bastante más tarde se fragmentó y sus pedazos se unificaron nuevamente formando Rodinia, que agrupó prácticamente a toda la masa continental de la Tierra hace entre mil y 850 millones de años. Rodinia comenzó a romperse hace alrededor de 800 millones de años, formando ocho continentes, que derivaron y luego se encontraron, otra vez, formando un único supercontinente denominado Pangea.

“Observe aquí”, dice Bley, mostrando uno de los mapas en la pared  de atrás de su mesa de trabajo. “Pangea también se fragmentó, hace alrededor de 230 millones de años, formando los grandes océanos Atlántico, Índico, Ártico y Antártico. El mar de Tethys, que era inmenso, se cerró. Este bloque, la India, subió 200 kilómetros, y derivó del sur hacia el norte”. Inicialmente unidas en un solo bloque en Pangea, América del Sur y África comenzaron a separarse del resto hace alrededor de 220 millones de años. “Los actuales estados de Pernambuco y Paraíba constituyen los últimos puentes que se desprendieron de África”, comenta Bley.

La mayor parte de Sudamérica se estabilizó relativamente hace alrededor de 60 millones de años. Los fragmentos de Rodinia formaron un área relativamente estable desde Venezuela hasta Argentina, la plataforma Sudamericana, un vasto conjunto de bloques rocosos completados con cuencas sedimentarias tales como la cuenca del Paraná, con alrededor de cinco kilómetros de sedimentos. “Sobre ese paquete de rocas sedimentarias y volcánicas se formaron depresiones por donde corren el río Paraná y sus afluentes”, explica Bley.

Con todo, al oeste existe un área aún geológicamente inestable: la cordillera de los Andes, producto de la convergencia entre la placa de Nazca y la placa continental sudamericana. Los Andes todavía están creciendo, incorporando rocas de Nazca, que se insertan en el manto terrestre, se derriten y luego emergen hacia la superficie. “La placa de Nazca se desplaza un centímetro por año”, observa Tassinari.

Los océanos también se encuentran en transformación. “El Atlántico se está expandiendo y el Pacífico estrechándose”, informa Bley. ¿El resultado? “De aquí a 200 millones de años, los continentes se unirán nuevamente”. Aunque falta mucho, el continente que debe resultar de esa fusión ya recibió varios nombres. Uno de ellos es Amasia, puesto que unificará nuevamente  América y Asia.

Los proyectos
1. América del Sur en el contexto de los supercontinentes (nº 05/58688-1); Modalidad Proyecto Temático; Coordinador Miguel Ângelo Stipp Basei – IGC/USP; Inversión R$ 3.611.085,27 (FAPESP)
2. Paleogeografía del cratón amazónico en el período Proterozoico, durante la formación de los supercontinentes (nº 2007/59531-4); Modalidad Línea de Apoyo Regular al Proyecto de Investigación; Coordinador Manoel Souza D’Agrella Filho – IAG/USP; Inversión R$ 317.316,92 (FAPESP)

Artículos científicos
NEVES, B.B.B. The Paleoproterozoic in the South-American continent: Diversity in the geologic time. Journal of South American Earth Sciences (en prensa).
FUCK, R.A.; Neves, B.B.B. e SCHOBBENHAUS, C. Rodinia descendants in South America. Precambrian Research. v. 160, p. 108-26. 2008.

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