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Vida marina

Las rocas vivas de Abrolhos

Las costas de los estados de Espírito Santo y Bahía albergan el mayor banco de algas calcáreas del mundo

Rodrigo Leão de Moura/ UFRJRodolito recogido en AbrolhosRodrigo Leão de Moura/ UFRJ

Las aguas cálidas que bañan la región de Abrolhos, en el sur de Bahía, albergan el mayor banco de algas calcáreas del mundo. En un territorio de casi 21 mil kilómetros cuadrados, similar al del estado de Alagoas, el lecho marino es rocoso. Y se encuentra cubierto por esferas duras de diversos tamaños –las mayores tienen el diámetro de una pelota de fútbol de salón– y colores que van del castaño al rosado. Esas esferas son nódulos de caliza depositada por algas rojas de milímetros de longitud que viven en su superficie. Esas estructuras, también conocidas como rodolitos originan un paisaje con oquedades y salientes que sirven como refugio a peces, crustáceos e invertebrados. El banco de rodolitos de Abrolhos, mapeado ahora por investigadores brasileños, se extiende desde el norte de Espírito Santo hasta el sur de Bahía y produce 25 millones de toneladas de caliza por año, un 5 % de la producción global de ese mineral, utilizado en la agricultura, en la industria cosmética y hasta en medicina.

“Los rodolitos son denominados vulgarmente rocas vivas, a causa de las algas que forman su exterior”, relata Gilberto Menezes Amado Filho, biólogo del Instituto de Investigación Jardín Botánico de Río de Janeiro, y uno de los autores del mapeo publicado en abril en la revista PLoS ONE. Junto con la caliza producida por corales y moluscos con valva, ellos contribuyen en la formación del fondo del océano. “Parte de la plataforma continental brasileña es el resultado del crecimiento calcáreo que tuvo lugar durante los últimos 18 mil años”, explica.

Similares a guijarros, cuya apariencia obtienen al rodar arrastrados por las corrientes marinas, los rodolitos se forman por la aglomeración de pequeñas algas que crecen unas sobre otras o incrustadas en fragmentos de conchas o granos de arena. Aumentan de tamaño a medida que su esqueleto, rico en carbonato de calcio (CaCO3) se mineraliza. Los rodolitos de Abrolhos presentan, en promedio, 5,9 centímetros de diámetro –los mayores alcanzan unos 14 centímetros– y crecen algo más de un milímetro por año. Se hallaron en profundidades que variaban entre 20 y 110 metros, con alrededor de la mitad de su superficie cubierta por algas de una o más especies, y allí en Abrolhos se identificaron seis. En ese tramo de la costa, los rodolitos ocupan un 70% del lecho marino (el resto es sedimento) y, según su datación, los más antiguos cuentan con alrededor de 8 mil años.

Ya se conocía a los rodolitos del litoral brasileño desde los años 1970, pero no se imaginaba que ocuparan tamaña extensión. Mediante proyectos coordinados por el Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo (IO-USP), Conservación Internacional de Brasil y la Universidad Federal de Espírito Santo, los investigadores mapearon el fondo del mar en aquella región entre 2007 y 2011. Fue entonces cuando percibieron que se hallaban a la vista de algo trascendental. “En cuanto nos percatamos de hallarnos ante un gran banco de rodolitos, comenzamos a abocar nuestros esfuerzos a comprender la diversidad asociada con ellos y el rol funcional de ese ecosistema”, comenta Amado Filho.

Luego del mapeo por medio del sonar, los investigadores utilizaron dos robots submarinos para evaluar la distribución, extensión, composición y estructura del banco. “Utilizamos los robots para evaluar las áreas más profundas y marcar los sitios relevantes”, explica Pablo Sumida, del IO-USP. En una tercera etapa se realizaron inmersiones destinadas recolectar ejemplares y realizar experimentos para estimar la producción de carbonato de calcio.

038-039_Abrolhos_196Gilberto M. Amado Filho / IPJBRJHay bancos de rodolitos en todos los océanos. Los más extensos se encuentran, además de en la costa brasileña, en las costas de México y Australia. Son importantes para la vida de otros organismos, ya que sirven como refugio y proporcionan un ambiente más rico biológicamente que un lecho de arena. “Funcionan a modo de corredores entre los arrecifes de coral, facilitando la migración de langostas y peces”, dice Amado Filho.

Desde el punto de vista ambiental, los rodolitos cuentan con otra importante función: ayudan a extraer carbono de la atmósfera, interviniendo en la regulación del clima del planeta. Absorben anhídrido carbónico (CO2) diluido en el agua y lo transforman en caliza, pero se encuentran amenazados a causa de las actividades humanas. La mayor amenaza es el aumento de la acidez del agua del mar, como consecuencia del aumento en los niveles de CO2 en la atmósfera, en gran medida debido a la quema de combustibles fósiles. “Un tercio del carbono emitido por las actividades humanas se agrega en la atmósfera y es absorbido por los océanos”, apunta Amado Filho. “Se calcula que hacia el fin del siglo, el pH del agua de mar disminuirá 0,4 unidades, tornándola más ácida. Las estructuras carbonadas de arrecifes, atolones coralinos y bancos de rodolitos se disolverán”. Esa modificación también reducirá la calcificación de los organismos marinos en un 40%.

“En general, la atención se concentra en los arrecifes de coral, pero ahora se sabe que Brasil cuenta con estas otras fábricas de carbonato de calcio de vital importancia para la biodiversidad marina”, comenta el biólogo Jason Hall-Spencer, de la Universidad de Plymouth, en Inglaterra. “Esas algas coralinas se encuentran entre los organismos calcificantes que parecen ser más sensibles ante la acidificación de los océanos”.

Otra amenaza para los rodolitos de Abrolhos es la explotación económica de la caliza. Al ser fáciles de recoger, hay empresas que los utilizan como fuente de ese mineral. Además de caliza, éstos contienen cantidades variables de otros elementos químicos (hierro, manganeso, bromo, níquel, cobre, cinc y molibdeno) que se usan en la agricultura, en las industrias dietéticas y cosméticas, para nutrición animal y en el tratamiento del agua.

“Los rodolitos se encuentran en aguas poco profundas, con entre 20 y 110 metros de profundidad, y presentan un formato que facilita su extracción en gran escala”, expresa Rodrigo Leão de Moura, de la Universidad Federal de Río de Janeiro, quien participó en el estudio. “Además, son sensibles a la calidad del agua del mar, que está siendo afectada por el mal estado de conservación de las cuencas hidrográficas”, añade. Aunque tienen una parte viva, los rodolitos no son recursos renovables. “Se necesitan miles de años para que se formen y originen un banco sustancial como el recientemente descubierto”, explica Moura. Frente a esas amenazas, los investigadores afirman que es necesario aumentar la protección mediante la creación de áreas protegidas, la recuperación de las costas de los ríos y el control de los efluentes. “Tan sólo el 2% de los 46 mil kilómetros cuadrados que ocupa el banco de Abrolhos se encuentra protegido por unidades de conservación”, advierte Sumida.

Artículo científico
AMADO-FILHO, G.M.; MOURA, L. R. et al. Rhodolith beds are major CaCO3 bio-factories in the tropical south west Atlantic. PLoS ONE. v. 7(4). Abr. 2012.