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Buenas prácticas

Las revistas con mayor impacto presentan más retractaciones

Daniel BuenoPara comprender cómo afectan las malas conductas científicas, Ferric Fang, editor jefe de la revista Infection and Immunity, y Arturo Casadevall, de la Escuela de Medicina Albert Einstein, de Nueva York, analizaron el índice de retractación de 17 revistas científicas entre 2001 y 2010, y lo compararon con el factor de impacto, que mide el alcance de la publicación. Y concluyeron que, cuanto mayor es el factor de impacto, mayor es el índice de retractación. La publicación con mayor índice fue New England Journal of Medicine, una de las revistas médicas más importantes del mundo, que cuestionó la metodología adoptada para ese estudio. Recientemente, la mismísima Infection and Immunity debió publicar varias retractaciones para los trabajos de una única investigadora del área del cáncer, Naoki Mori. Ella firmó 30 artículos que sufrieron retractaciones, aunque negó haberse equivocado aduciendo que los colegas no se esmeraron en la preparación de los textos (New York Times, 16 de abril). Sus artículos tuvieron que ser corregidos ya que utilizaron imágenes de trabajos antiguos en lugar de presentar las de los estudios que estaban describiéndose. Mori dijo que considera que esa reutilización no constituye una mala conducta científica. Fang, de Infection and Immunity, disintió y lamentó que ella siguiera alegando inocencia. “Desgraciadamente, la gente considerada culpable de conducta científica fraudulenta o negligente parece caer en patrones típicos de comportamiento”, comentó durante una entrevista concedida al New York Times. Según el periódico, Eric Poehlman, investigador de la Universidad de Vermont, constituyó una excepción. En 2006, cuando fue condenado a un año de prisión por mentir en una solicitud de financiación ante el gobierno y haber inventado datos en artículos sobre obesidad, menopausia y envejecimiento, se disculpó públicamente y brindó una explicación: “Estaba en una posición académica en que, con toda honestidad, la cantidad de dinero que uno obtenía era lo que determinaba su valor personal”. Poehlman argumentó que debería reducir su equipo y dejar impagas sus cuentas si no obtuviese los recursos, y así fue como comenzó a fraguar los datos para sus artículos. “Estaba inmerso en una vorágine de la que no lograba salir”. Carl Zimmer, autor del reportaje publicado en el New York Times, recordó que los científicos, para sobrevivir, necesitaban publicar el mayor número posible de papers, preferentemente en revistas con la mayor cantidad posible de lectores, y a veces cortan camino, simplifican procedimientos o prescinden de la ética para lograrlo.