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MEMORIA

El coleccionista

Un comerciante reunió un patrimonio particular que sirvió para la creación del Museo Paulista

El Museo Paulista en 1902

GUILHERME GAENSLY/BIBLIOTECA NACIONAL | PAULA CARVALHO/USP El Museo Paulista en 1902GUILHERME GAENSLY/BIBLIOTECA NACIONAL | PAULA CARVALHO/USP

Unas raras descripciones sugieren que el caserón del número 27 del Largo Municipal, la actual Plaza João Mendes, en el centro de São Paulo, era un caos. En sus habitaciones, se hallaban desperdigadas miles de piezas con valor histórico o científico: colecciones de monedas y de conchas de moluscos (algunas con sus perlas), estatuillas de yeso, vajilla, espadas, un barómetro y varas de medición, instrumentos musicales, entre los que figuraba un serpentón –pariente lejano del trombón, construido en cobre y cuero–, muestras de madera, lianas, fósiles y animales disecados, incluyendo un oso hormiguero, un yaguareté y algunas lechuzas, además de un pañuelo que utilizó Pedro II y una armadura, objetos, huesos y cráneos de tribus aborígenes.

En aquella dirección funcionaba el Museo Sertório, uno de los enclaves culturales famosos de la aún calma capital paulista de finales del siglo XIX. En 1884, el emperador Pedro II visitó el museo, que estaba ubicado en otro sitio, en compañía de la princesa Isabel, quien habría comentado que no le agradó el olor de un tapir embalsamado. “Que haya existido un museo privado en São Paulo al final del siglo XIX, expresa el ansia de progreso de la burguesía paulista”, dice la historiadora Heloisa Barbuy, investigadora del Museo Paulista. “El museo era uno de los instrumentos de la modernidad, como lo eran el café y el ferrocarril. También había un aspecto práctico. Las colecciones de animales y piedras tenían gran valor para las teorías pedagógicas de aquella época”.

Botella de vidrio transparente que contiene un crucifijo de madera

PAULA CARVALHO/USPBotella de vidrio transparente que contiene un crucifijo de maderaPAULA CARVALHO/USP

La casona y las colecciones, abiertos al público, pertenecían al coronel Joaquim Sertório, un acaudalado paulista del que se conoce muy poco. Luego de su trayectoria en la Guardia Nacional, una fuerza paramilitar organizada durante el período de la regencia, fue concejal de São Paulo, ciudad donde compraba y vendía terrenos, casas y café. Falleció el 5 de diciembre de 1905, a los 78 años, cuatro años después que su esposa. Su colección sirvió como núcleo inicial para el Museo Paulista, que más tarde se anexaría a la Universidad de São Paulo (USP) y a partir del cual, décadas después, se fundó el Museo de Zoología, también ligado a la USP. En un estudio reciente, la historiadora Paula Carolina de Andrade Carvalho, del Museo Paulista, dijo que la historia del Museo Sertório es similar a la del Ashmolean Museum, abierto al público desde el siglo XVII. Lo fundaron dos jardineros reales y luego fue consolidado por Elias Ashmole, un inglés rico del siglo XVII, y más tarde fue donado a la Universidad de Oxford, en Inglaterra.

En 1890, cuando Sertório anunció su deseo de deshacerse de esos bienes, los periódicos de São Paulo sostuvieron que el gobierno debería hacerse cargo del museo, al que se lo consideraba patrimonio de la ciudad. Entonces entró en escena el político y empresario Francisco de Paula Mayrink, quien adquirió la colección y la donó al gobierno paulista. La colección de Sertório se sumó a otra ayudando a la creación del Museo del Estado. Su director era el botánico sueco Alberto Loefgren, que Sertório había contratado años antes para clasificar y organizar su acervo.

Barómetro aneroide, con caja de madera y manija y pies de metal

PAULA CARVALHO/USPBarómetro aneroide, con caja de madera y manija y pies de metalPAULA CARVALHO/USP

En 1893, el Museo del Estado pasó a denominarse Museo Paulista, que desde 1894 ocupa el Palacio de Ipiranga y se transformó en la principal institución de ese género en São Paulo. El primer director del renovado museo, el zoólogo alemán Hermann von Ihering, quería establecerlo como una institución enfocada en la historia natural, pero su sucesor, el historiador Affonso Taunay, se concentró en la sección de historia, y el patrimonio de historia natural perdió importancia y se disgregó.

Un estudio de la historiadora Paula Carvalho, publicado en 2014 en la revista Anais do Museu Paulista, brinda una dimensión de la colección de historia natural del Museo Sertório, integrado por 430 ejemplares de mamíferos, 1.600 aves, 460 reptiles y anfibios, 292 peces, además de insectos, moluscos, cráneos, nidos y huevos. Cuando Taunay dirigía el Museo Paulista (entre 1917 y 1945), buena parte de esa colección fue trasladad al Departamento de Zoología de la Secretaría de Agricultura, que luego formaría el Museo de Zoología de la USP, también ubicado en el barrio de Ipiranga. Muchas piezas se perdieron y otras se deterioraron, como fue el caso del tapir maloliente que le llamó la atención a la princesa Isabel.

El Museo Paulista conserva 60 piezas históricas del Museo Sertório, entre las que se encuentran rarezas tales como un mapa del relieve de Bragança, en el interior paulista, elaborado por un ingeniero alemán, y una pieza de madera del siglo XVI, que se utilizó durante más de dos siglos en el denominado punto de rocío, en la plaza Largo da Sé, para delimitar dónde terminaba la ciudad y comenzaba el área rural.

Una lapicera con punta de marfil y mango de madera del Museo Sertório

GUILHERME GAENSLY/BIBLIOTECA NACIONAL | PAULA CARVALHO/USP Una lapicera con punta de marfil y mango de madera del Museo SertórioGUILHERME GAENSLY/BIBLIOTECA NACIONAL | PAULA CARVALHO/USP

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