HUMANIDADES

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La batalla por la Abolición

Un estudio reconstruye la importancia del movimiento abolicionista como fuerza social que condujo a la liberación de los esclavos

MÁRCIO FERRARI | ED. 240 | FEBRERO 2016

 

Misa masiva de festejo por la abolición de la esclavitud e ilustración que representa a un abolicionista, junto a esclavos, frente al Parlamento

Misa masiva de festejo por la abolición de la esclavitud e ilustración que representa a un abolicionista, junto a esclavos, frente al Parlamento

La historia de la Abolición no se circunscribe solamente a las iniciativas legales del gobierno imperial, ni a la coyuntura económica internacional, como así tampoco a las rebeliones de los esclavos. Ésos fueron los rasgos predominantes que orientaron las interpretaciones académicas sobre el tema hasta ahora. Un ferviente movimiento abolicionista, con su contrapartida esclavista, también cumplió un rol histórico central durante los 20 años (1868-1888) que precedieron a la Ley Áurea. El libro Flores, votos e balas, publicado por la editorial Companhia das Letras, abreva en esa perspectiva poco conocida. Su autora es la socióloga Angela Alonso, docente del Departamento de Sociología de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP) y presidenta del Centro Brasileño de Análisis y Planificación (Cebrap). La investigación, que incluyó una pasantía de un año en la Universidad Yale (EE.UU.) demandó seis años de trabajo.

“Como soy socióloga y tengo un enfoque interdisciplinario, presté atención a la movilización en el espacio público, a la cual los historiadores quizá no le hayan concedido la debida trascendencia”, dice Alonso, autora también de Joaquim Nabuco (2007), una biografía del político abolicionista de Pernambuco. “Dadas su estructura y sus características, percibí que estaba frente a un movimiento social tal cual lo describe la teoría sociológica, y muy similar estructuralmente a los que surgieron en Inglaterra y Estados Unidos”. No es casual que uno de los puntos que la investigadora pone de relieve en su estudio sea la conexión de parte del movimiento abolicionista brasileño con otros activistas de la causa en el exterior. “Pocas veces hemos tenido un estudio tan vasto sobre el tema en cuestión”, dice la profesora Lígia Fonseca Ferreira, del Programa de Grado y Posgrado en Letras de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), estudiosa del período y biógrafa del abogado, abolicionista y poeta negro Luiz Gama (1830-1882).

Uno de los exponentes de la vertiente internacionalista de la militancia contra la esclavitud fue el educador Abílio Borges (1824-1891), quien, pese a que pertenecía a la elite imperial, mantenía lazos estrechos con asociaciones inglesas y francesas que luchaban contra la esclavitud en ultramar. Según Alonso, Borges “apostó a la afrenta en el exterior” al promover una petición emancipadora firmada por políticos franceses y enviársela al emperador Pedro II a través del Ministerio de Asuntos Extranjeros de Francia. “El documento le generó una gran turbación a don Pedro”, narra Alonso. “Era una ofensa a la reputación del Imperio figurar como tierra esclavista”.

La confederación abolicionista en 1888, con José do Patrocínio (parado, el primero a la izq.) y André Rebouças (sentado, el primero a la izq.)

La confederación abolicionista en 1888, con José do Patrocínio (parado, el primero a la izq.) y André Rebouças (sentado, el primero a la izq.)

Personajes
Ese mismo Borges, quien hasta ahora era más conocido por haber inspirado a Raul Pompeia cuando concibió al personaje del director de la escuela en la novela O ateneu, es una de las figuras principales de Flores, votos e balas, tanto como el conocido abolicionista André Rebouças (1838-1898), un ingeniero negro muy requerido como proyectista de obras modernizadoras e interlocutor en los círculos del poder. Por el lado de los esclavistas, Alonso destaca la figura de Paulino Soares de Sousa (1834-1901), como el hilo conductor de las tácticas y maniobras del ala “emperrada” (es decir, inflexible, obstinada) del Partido Conservador en el Parlamento.

El gobierno (o el Estado), recuerda la socióloga, es el vértice necesario de un triángulo que conformado a su vez por el movimiento abolicionista y sus contramovimientos en la sociedad. “Una clara señal de ese juego fue que el Estado, ora introdujo el abolicionismo en el Parlamento, ora lo reprimió”, dice Alonso, refiriéndose a los sucesivos cambios de orientación política durante el período estudiado, donde se alternaron en la jefatura del gobierno, por ejemplo, Manuel de Sousa Dantas, un abolicionista del Partido Liberal (1884-1885), y el Barón de Cotegipe (João Maurício Wanderley), esclavista del Partido Conservador (1885-1888).

La indecisión política revela, según la estudiosa, que la idea relativamente difundida de que la abolición fue un proceso consensuado e ineludible, no tiene mucho sentido. La investigación indica que la idea de la emancipación de los esclavos acarreaba amenazas considerables al orden establecido. “El Imperio estaba basado en la esclavitud, no sólo en la economía”, sostiene Alonso. “La jerarquía social se fundaba en la posesión de bienes, lo cual otorgaba poder y prestigio, y los bienes más importantes eran los esclavos. La esclavitud también era el sostén del sistema partidario, porque el electorado estaba definido en función de sus rentas”.

El novelista José de Alencar (1829-1877), diputado conservador y uno de los portavoces más activos del antiabolicionismo, advirtió en 1867, ante el panorama que se avecinaba: “Bastará un soplido para […] arrojar al Imperio sobre un volcán”. Con todo, no se trataba de una defensa abierta del esclavismo, sino de la retórica del miedo para intentar posponer el proceso. Alonso denomina a eso “esclavismo circunstancial”: algunos sectores del Parlamento eran “compelidos por la coyuntura a justificar el orden esclavista, sin defender a la institución en sí, a la cual, reconocían, tanto la civilización como la moral condenaban a esa altura del siglo”.

El Parlamento durante la votación de la Ley Áurea en 1888...

El Parlamento durante la votación de la Ley Áurea en 1888…

El escenario mundial
A ese tenso estado de cosas se había arribado a través del proceso al cual se abocó Alonso, integrado por dos dinámicas, una mundial y otra interna. “En cuanto al marco externo, se había producido un ciclo de aboliciones en todo el mundo y Brasil se mantenía esclavista, concitando la atención internacional”, dice Alonso. Ese proceso llegó a un pico de mayor tensión en 1850, cuando Inglaterra impone el tratado del fin del tráfico de esclavos, aunque Brasil demoró en efectivizarlo. Con todo, hasta la década de 1860, Brasil se mantenía más o menos protegido por el hecho de que en el mundo occidental había otros dos ejemplos esclavistas de gran porte: España, con sus colonias en Puerto Rico y Cuba, y Estados Unidos.

No obstante, a medida que esos países avanzaron hacia el fin de la esclavitud, Brasil fue quedando aislado en el escenario mundial. Esto provocó una división inevitable en la elite política. “Ya no se trataba de responder o no a la presión internacional, sino, con qué prontitud”, subraya Alonso. El proceso culmina cuando el Parlamento aprueba el trámite de la Ley de Libertad de Vientres, en 1871, como “una señal de que Brasil era civilizado”. Por ese entonces, señala Alonso, ya había una movilización articulada en la sociedad. “Quiero destacar que el proceso no se inicia en 1879, cuando Nabuco y José do Patrocínio (1854-1905) surgen en el espacio público, sino en la década anterior”, dice la investigadora.

A ese recorrido, que devendrá en la abolición, Alonso lo divide en las tres etapas que enuncia en el título de su libro: flores, votos y balas. Las flores se refieren al símbolo de las manifestaciones abolicionistas que promovían, entre otros, Borges y Rebouças, quienes, más allá de sus actividades de articulación política, generaban asociaciones y ceremonias públicas. “La abolición comenzó a difundirse en espacios que no eran genuinamente políticos”, dice la socióloga. En poco tiempo, los teatros comenzaron a cobijar esas manifestaciones, intercaladas con presentaciones artísticas. A diferencia de lo que ocurrió en EE. UU., donde los polos de difusión de las campañas abolicionistas civiles fueron las iglesias cuáqueras, en Brasil, el catolicismo no sólo era el credo predominante, sino también la religión oficial del Estado. Esto propició la conquista de almas para el abolicionismo entre la aristocracia y las capas intelectuales, que tenían en el teatro su mayor diversión. Los principios y actividades abolicionistas también se vieron beneficiados en esa época de avances, que posibilitaron la impresión y circulación de publicaciones independientes.

Las “conferencias-concierto”, tal como las denominaban los activistas, se propagaron por el país. En 1883, también comenzaron a contar con la compañía de una adaptación de la estrategia estadounidense tendiente a organizar rutas de fuga de los esclavos hacia territorios libres. La diferencia entre Brasil y Estados Unidos radica en que aquí no había territorios oficialmente libres, y por eso fueron creados por los abolicionistas en las calles o en los barrios. Poco a poco, los activistas fueron liberando territorios, contando con la aceptación de los propietarios o recurriendo a campañas de recaudación para pagar la emancipación de los esclavos.

...y la multitud aguardando afuera: un texto reducido al mínimo necesario

…y la multitud aguardando afuera: un texto reducido al mínimo necesario

Activismo jurídico
Esta estrategia se transformó en una campaña nacional, y tuvo éxito, principalmente en los estados de Ceará y Amazonas, que contaban con relativamente pocos esclavos y donde los presidentes de provincia eran abolicionistas. En el caso de Ceará, la movilización logró la abolición de la esclavitud dentro de los límites de esa provincia en 1884, la cual pasó a ser el destino de los esclavos fugados y liberados de todo el país. La estrategia de Luiz Gama, también de inspiración extranjera, consistió en la búsqueda de inconsistencias en la ley para solicitar la liberación de esclavos en los tribunales. “Él integraba una facción de los abolicionistas que defendía el activismo jurídico, a diferencia de Nabuco, para quien la reforma debía concertarse en el Parlamento”, dice Lígia Fonseca. Pero Alonso argumenta que “no había una divergencia explícita entre ellos, sino complementariedad de estrategias, donde cada uno recurría a un estilo propio de activismo”.

La liberación de los esclavos en Ceará inaugura la etapa de los “votos”, cuando la clase política decide reaccionar. A partir de la designación de Sousa Dantas en la jefatura del gobierno imperial, en 1884, los abolicionistas colaboraron en la redacción del programa de gobierno y lanzaron 51 candidaturas en su apoyo. Sin embargo, perdieron “no tanto en las urnas sino en sus cálculos”, opina Alonso. Con la caída de Dantas, asume en el gobierno el esclavista Cotegipe y comienza el período de las “balas”, con represión abierta y feroz de las actividades abolicionistas, a cargo de la policía o de milicias civiles. “Es ante esa instancia que el proceso de desobediencia civil cobra escala”, sostiene la investigadora. José do Patrocínio dice que “los abolicionistas sinceros están preparados para morir”. Según el historiador Carlos Castilho, docente de la Universidad Vanderbilt (EE.UU.), ésa es una evidencia de la importancia de los movimientos sociales en el proceso estudiado. “Las luchas por la participación política y cívica poseen sus propias historias y deben ser repensadas por la historiografía”, dice.

La causa, en gran medida gracias al movimiento social abolicionista, ganó la adhesión o la tolerancia en la sociedad. “Al final del proceso, el abolicionismo contaba con el apoyo tácito de la población urbana, que ocultaba las fugas”, dice Alonso. “La esclavitud se fue corroyendo por todos lados”. El resultado del proceso, no obstante, fue un empate. Los esclavistas cedieron, pero los abolicionistas no lograron implementar su programa con extensión de derechos a los libertos. Se impuso la voluntad del gabinete de João Alfredo que hizo de la Ley Áurea una simple declaración de dos frases, sin las indemnizaciones a los propietarios, pero también sin garantías de vida digna para los exesclavos.

Proyectos
1.
La circulación de ideas y las estrategias de acción en el movimiento abolicionista (nº 2009/05921-1); Modalidad Beca en el Exterior – Regular – Nuevas Fronteras; Investigadora responsable Angela Maria Alonso (FFLCH-USP/ Cebrap); Inversión R$ 78.689,12
2. El abolicionismo como movimiento social (nº 2012/08495-6); Modalidad Apoyo a la Investigación – Regular; Investigadora responsable Angela Maria Alonso (FFLCH-USP/ Cebrap); Inversión R$ 116.566,11

Libro
ALONSO, A. Flores, votos e balas – O movimento abolicionista brasileiro (1868-88). São Paulo: Companhia das Letras, 2015, 568 p.


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