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A 50 años de aquella noche

El asalto policial a la Universidad de Buenos Aires en 1966 fue el prolegómeno de la fuga de cerebros en Argentina

FABRÍCIO MARQUES | ED. 246 | AGOSTO 2016

 

La Noche de los Bastones Largos: policías federales invadieron y arrestaron a 400 alumnos y profesores de la Universidad de Buenos Aires...

La Noche de los Bastones Largos: policías federales invadieron y arrestaron a 400 alumnos y profesores de la Universidad de Buenos Aires…

Un grupo de antiguos alumnos y algunos docentes jubilados de la Universidad de Buenos Aires (UBA) recibió un homenaje, el 29 de julio pasado, en un complejo de edificios históricos de la capital argentina, donde hasta 1971 funcionaba la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la institución. Allí, hace exactamente 50 años, los homenajeados se vieron envueltos en una violenta jornada a la cual se la reconoce como un punto de inflexión para la ciencia en el país, que provocó la salida de oleadas de científicos argentinos hacia el exterior. Aquel 29 de julio de 1966 quedó en la memoria como la Noche de los Bastones Largos, cuando cinco facultades de la UBA fueron tomadas por asalto por tropas de la Policía Federal Argentina. Las fuerzas policiales, armadas con porras largas (los bastones largos) y bombas de gas lacrimógeno, arrestaron a 400 estudiantes y docentes que ocupaban los predios estudiantiles desde esa mañana, en protesta contra un decreto que suprimía la autonomía de las universidades públicas y la forma de administración compartida entre docentes, alumnos y exalumnos. La violencia desatada fue una de las cartas de presentación de un golpe militar comandado por el general Juan Carlos Onganía que un mes antes había derrocado al presidente constitucional Arturo Illia.

Esa estampa de los alumnos y profesores rendidos y ensangrentados luego de atravesar ese “corredor polaco” policial se tornó algo simbólico. “Aquella noche no sólo significó el inicio de una época de oscuridad para la universidad, sino también para un proyecto de desarrollo del país”, dijo en su discurso el actual rector de la UBA, Alberto Barbieri, ante los homenajeados. Luego de ese operativo policial ‒donde no escapó a la golpiza ni siquiera Warren Ambrose, investigador del Massachusetts Institute of Technology (MIT), quien se hallaba de visita en la UBA‒, alrededor de 1.400 docentes renunciaron a sus cargos en protesta y al menos 300 se exiliaron. La mitad terminó trabajando en universidades latinoamericanas, principalmente en Chile, México y Venezuela. Casi un centenar de ellos se trasladó a Estados Unidos y Canadá, y unos 40 se fueron a Europa. En algunos casos, se desarticularon grupos completos de investigación, tal como ocurrió con el del Instituto de Cálculo de Ciencias Exactas de la UBA. Los 70 científicos que lo integraban renunciaron y abandonaron el país. Otros casos similares ocurrieron en institutos dedicados al estudio de los rayos cósmicos y de la psicología evolutiva. Muchos de los científicos que emigraron forjaron una carrera en el exterior, como en el caso del historiador marxista Sergio Bagú, quien falleció en México en 2002. Otros regresaron, tal el caso del matemático Manuel Sadosky (1914-2005), pionero de la ciencia de la computación en el país, quien se convirtió en secretario de Ciencia y Tecnología en 1989, luego del retorno de la democracia.

... dejando varios heridos, como el matemático Juan Merlos

… dejando varios heridos, como el matemático Juan Merlos

A partir de 1966, Argentina fue conocida como un país exportador de profesionales calificados. Una segunda gran oleada de científicos y jóvenes profesionales recién graduados emigró por razones políticas a partir de 1976, cuando un nuevo golpe militar dio comienzo a una dictadura sangrienta que condujo a la muerte o desaparición de 30 mil personas, y en esa etapa, que duró hasta la redemocratización de Argentina en 1983, Brasil acogió a varios investigadores argentinos. En tiempos recientes, la fuga de cerebros se produjo por razones eminentemente económicas, como ocurrió luego de la profunda crisis económica que condujo a la renuncia del presidente Fernando de la Rúa en 2001. Un estudio llevado a cabo por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que se divulgó en 2006, reveló que a comienzos del siglo XXI, Argentina era el país hispanoamericano que, proporcionalmente, proveía mayor cantidad de mano de obra calificada al mercado laboral estadounidense, traducido en ingenieros, técnicos especializados y científicos. De cada mil argentinos que habían emigrado a Estados Unidos, 191 eran altamente calificados, frente a 156 de Chile, 100 de Perú y 26 de México.

El trauma de la fuga de cerebros transformó a la repatriación de científicos en una política de Estado durante los últimos años. En 2008, mediante una ley federal, se creó el programa Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior (Raíces), que instituye un fondo para costear los pasajes de regreso de investigadores argentinos radicados en el exterior y trabaja en forma mancomunada con empresas que ofrecen vacantes para su radicación en el país. Este programa logró traer de regreso a unos 1.200 profesionales, entre científicos que habían emigrado de Argentina hace muchos años y exbecarios de posgrado en el exterior que deseaban regresar, pero no hallaban empleo. El programa también estableció vínculos con cinco mil científicos argentinos residentes en varios países, financiando visitas a Argentina durante las cuales colaboran con universidades y empresas.

El hecho dejó una estela de destrucción

El hecho dejó una estela de destrucción

“El impacto de la Noche de los Bastones Largos fue enorme para un país que ostentaba una gran tradición universitaria y en investigación científica, que padeció la expulsión de núcleos científicos completos a raíz de sucesivas oleadas autoritarias”, señala el historiador José Alves de Freitas Neto, docente del Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad de Campinas (IFCH-Unicamp), un estudioso de la historia argentina. La conformación del sistema de educación superior y de investigación en Argentina siguió una trayectoria diferente a la de los demás países de América Latina. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, se concentró en la universalización de la educación básica y, en el siglo XX, invirtió enfáticamente en el acceso a la educación superior. En 2014, ostentaba un índice bruto de escolarización superior del 54,5%, donde este indicador representa el porcentaje de matrículas en la enseñanza superior en relación con la población de 18 a 24 años de edad. En Brasil, para ese año, el índice era del 34%. Todos aquéllos que finalizan la enseñanza media tienen derecho a ingresar a las universidades públicas, aunque buena parte de ellos abandona la carrera al finalizar el ciclo básico de estudios. Al contar con mano de obra capacitada, el país logró un éxito singular en el campo científico, cuyo símbolo son los premios Nobel de Medicina y Fisiología, para Bernardo Houssay, en 1947, y César Milstein en 1984, y uno de Química, para Luis Federico Leloir, en 1970.

A partir de los años 1940, los investigadores argentinos destacados, eventualmente eran tentados por oportunidades laborales en otros países, lo cual no llegaba a configurar una fuga de cerebros. Un ejemplo de ello es el del neurofisiólogo Miguel Covian (1913-1992), quien formó parte de un grupo de investigación en la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto, de la Universidad de São Paulo (FMRP-USP) a partir de 1955. En 1961, César Milstein se trasladó a la Universidad de Cambridge y terminó naturalizándose inglés.

Estudiantes toman la Universidad de Córdoba en 1918: la movilización condujo a la reforma universitaria

Estudiantes toman la Universidad de Córdoba en 1918: la movilización condujo a la reforma universitaria

Así como la circulación internacional de los investigadores argentinos no era infrecuente, los efectos de la inestabilidad política en la universidad ya eran algo común. El sociólogo argentino Hugo Lovisolo, docente de la Universidad del Estado de Río de Janeiro y autor del libro Vizinhos distantes: Universidade e ciência na Argentina e no Brasil (editorial EdUERJ, 2000), señala antecedentes de persecución política a docentes. “El propio Bernardo Houssay fue cesanteado”, afirma, refiriéndose a un episodio ocurrido en 1943, cuando el fisiólogo perdió su cátedra en la UBA luego del golpe militar que derrocó a Ramón Castillo. Luego retornó a la UBA en 1955.

En la primera mitad del siglo XX, las universidades argentinas se transformaron en ambientes politizados y en ebullición. La Reforma Universitaria de 1918 fue el hito que les serviría de inspiración a otros países del continente. La reforma estuvo precedida de una intensa movilización estudiantil en la Universidad de Córdoba, que comenzó en 1916 y logró reformar el estatuto de la institución, ampliando la participación política de los alumnos y reduciendo la influencia de los jesuitas al frente de la universidad. En 1918, los estudiantes se rebelaron nuevamente, en este caso, en contra de la designación de un nuevo rector ligado a la Iglesia Católica, que se había decidido en una asamblea docente. Entonces intervino el gobierno federal, y nombró como rector provisorio al ministro de Justicia, José Salinas, promoviendo una reforma basada en las reivindicaciones de los estudiantes, entre las cuales figuraban la autonomía política y administrativa para las universidades; un régimen de administración compartida que contemplaba la elección de dos directores en representación de los docentes, alumnos y exalumnos; la selección de docentes por concurso; la gratuidad de la enseñanza superior, y la libertad para los alumnos de asistir o no a clases. “Lo que ocurrió en 1966 fue un hito porque rompió con los acuerdos de la Reforma de Córdoba”, dice el historiador Freitas, de la Unicamp.

Sede actual de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y alumnos de la UBA: amplio acceso a la enseñanza superior

Sede actual de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y alumnos de la UBA…

Principalmente a partir de los años 1970, Brasil acogió a científicos argentinos, una época en la que el gobierno militar buscaba consolidar el sistema de posgrado enfocado en la formación de investigadores creado en 1966. El neurocientífico Iván Izquierdo, de la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul (PUC-RS), se fue de Argentina por motivos políticos en 1971 y se trasladó a Brasil.

La Unicamp contrató decenas de científicos argentinos. El físico Fernando Álvarez, porteño de nacimiento y criado en la ciudad de Mendoza, docente del Instituto de Física Gleb Wataghin de la Unicamp, abandonó Buenos Aires en 1976, un mes después del golpe militar que destituyó a la presidenta Isabel Perón, para realizar un doctorado en la Universidad de Delaware, en Estados Unidos. Álvarez se desempeñaba como investigador en el Instituto de Tecnología Industrial y fue cesanteado por el interventor militar que asumió el comando de la institución luego del golpe. Incluso intentó convencer a su hermano, un físico que trabajaba en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), y a su cuñada, matemática, de abandonar el país, pero no quisieron. Ese matrimonio fue secuestrado y sus nombres integran la lista de desaparecidos políticos.

... amplio acceso a la enseñanza superior

… amplio acceso a la enseñanza superior

Luego de varios años residiendo en Estados Unidos, se encontró en un congreso en Francia con el físico argentino Iván Chambouleyron, también exiliado político, quien integraba un grupo de investigación en energía solar en la Unicamp y lo invitó a viajar a Brasil. “Armamos un grupo fuerte, que hoy en día se dedica al desarrollo de materiales avanzados y dispositivos para uso en microelectrónica y ya lleva formados alrededor de 40 doctores”, dice Álvarez, quien hizo su carrera en Brasil. “Me dediqué a colaborar con investigadores argentinos y ayudé a capacitarse a varios de ellos en mi laboratorio”. En tanto, Iván Chambouleyron retornó a Argentina luego de trabajar durante tres décadas en Brasil. “Actualmente, luego de pasar más de 30 años en un país que me acogió con generosidad, considero a Brasil como mi hogar”.

Otro ejemplo es el de Luis Bahamondes, experto en reproducción humana de la Facultad de Ciencias Médicas (FCM-Unicamp). “En 1966, yo era estudiante de medicina en la Universidad Nacional de Córdoba y recuerdo que empezamos una huelga contra el golpe militar. Finalmente perdimos el año lectivo”, relata. “Los militares decían que la universidad era un antro de comunistas, pero la realidad es que el movimiento estudiantil tenía simpatizantes de varias corrientes políticas”. Él participó en otras dos revueltas contra los militares, en 1969 y 1971, que quedaron en la memoria como el Cordobazo y el Viborazo.

Se graduó en 1971, y dos años después dejó el país para irse a trabajar a Uruguay. Luego pasó un tiempo en México y vino a Brasil con una invitación para trabajar en una clínica particular, en 1977, pero no se adaptó a ese empleo, y fue convocado por la Unicamp, en 1978. “El rector de la universidad de esa época, Zeferino Vaz, recibía incluso a profesores extranjeros que aún no tenían documentación para quedarse en Brasil”, recuerda. “La dictadura brasileña no era tan burra como la argentina y entendía que el desarrollo del país pasaba por las universidades públicas”. Regresó a Argentina en 1983, pero no quedó conforme con el ambiente laboral en el país y aceptó una invitación para retornar a la Unicamp en 1988. “Ahora mis raíces están acá. Tengo un hijo, un yerno y cuatro nietos brasileños”.


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