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INMIGRACIÓN

Unidos en la distancia

Desde siempre apegados a la cultura de sus regiones de procedencia, los italianos residentes en Brasil construyeron la noción de italianidad

Centro de Memoria Unicamp (CMU), Colección de la Secretaría de Agricultura, Comercio y Obras Públicas del Estado de São Paulo (SACOP) Familia de inmigrantes en la zona rural de Rio Claro, entre 1904 y 1908Centro de Memoria Unicamp (CMU), Colección de la Secretaría de Agricultura, Comercio y Obras Públicas del Estado de São Paulo (SACOP)

Los inmigrantes italianos que arribaron al interior de São Paulo entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX no reconocían su pertenencia a una patria. Más bien se identificaban con las tradiciones y los dialectos de sus regiones de origen, y elaboraron en Brasil una noción propia de “italianidad”. El proceso de descubrimiento de una identidad italiana por parte de los inmigrantes cuyo desarrollo se produjo en las zonas cafeteras del estado fue objeto de estudio en cuatro proyectos de investigación que se describen en el libro Italianidade no interior paulista ‒ Percursos e descaminhos de uma identidade étnica (1880-1950), de Oswaldo Truzzi, ingeniero doctorado en ciencias sociales en la Universidad de Campinas (Unicamp) y docente de los Programas de Posgrado en Sociología e Ingeniería de la Producción de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar).

Al final del siglo XIX, la Sociedad Promotora de la Inmigración ‒fundada por hacendados del interior paulista con el objetivo de fomentar el arribo de inmigrantes que trabajaran en los cultivos de café‒ y el gobierno de São Paulo acordaron con el gobierno italiano para atraer gente que sustituyera a la mano de obra esclava en la caficultura. En Italia estaban interesados en aliviar las propias presiones sociales fomentando la enmigración. Principalmente en las zonas rurales, el país afrontaba una crisis de desempleo a causa del proceso de industrialización. Según datos compilados por el Núcleo de Estudios de Población de la Universidad de Campinas (Nepo-Unicamp), en 1886, la población de São Paulo era de 1,2 millones de habitantes. Los inmigrantes representaban el 4,74% de ese total, siendo mayoritariamente italianos (13.490, un 37%), españoles (9.853, un 27%) y alemanes (4.938, un 13%). De los 4,1 millones de extranjeros que ingresaron en Brasil, entre 1886 y 1934, el 56% se radicó en el estado de São Paulo, siendo también, en su mayoría, italianos.

En 1902, el gobierno de Italia cortó las subvenciones en pasajes a los inmigrantes luego de determinar que las condiciones laborales en las haciendas cafeteros brasileñas no eran buenas. De cualquier modo, según datos del censo de 1920, había 389 mil italianos en el estado, 308 mil de ellos fuera de la capital. Los italianos representaban por entonces el 48% de los extranjeros en el estado, seguidos por los españoles (21%) y los portugueses (20%). La población estadual era de 4.592.188 habitantes, de acuerdo con los datos suministrados en ese año por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). También, según el IBGE, entre 1870 y 1920, los italianos representaban un 42% de todos los inmigrantes en el país, con un total de 1,4 millones de personas.

Centro de Memoria Unicamp (CMU), Colección de la Secretaría de Agricultura, Comercio y Obras Públicas del Estado de São Paulo (SACOP) Obreras de una plantación de algodón, en Americana (São Paulo), entre 1907 y 1910Centro de Memoria Unicamp (CMU), Colección de la Secretaría de Agricultura, Comercio y Obras Públicas del Estado de São Paulo (SACOP)

En las haciendas, los italianos trabajaban codo a codo junto a inmigrantes de otros países, tales como Portugal y España, y también con exesclavos y sus descendientes que se quedaron en las áreas rurales luego de su liberación. Los inmigrantes buscaron desde un comienzo diferenciarse de la población de origen negro, identificada con el trabajo esclavo. Y el contacto de los italianos con otras nacionalidades y etnias fue parte de lo que impulsó el establecimiento de una identidad común ‒una italianidad‒, puesto que en Brasil no se identificaban según sus orígenes regionales. En lugar de calabreses, romanos, napolitanos o vénetos, se los denominaba italianos.

“Los estudios de Truzzi son los primeros en revelar un panorama de todo el interior paulista, que acogió al 70% de los inmigrantes italianos en Brasil”, dice Angelo Trento, docente italiano jubilado de historia de América Latina en la Universidad Oriental de Nápoles, en Italia. Investigaciones previas acerca de la inmigración italiana abordaron ese tema en los grandes centros urbanos, las áreas rurales y las ciudades del interior. Truzzi consultó periódicos, registros civiles, cámaras municipales, archivos de asociaciones comerciales y museos de inmigrantes de las ciudades de São Paulo, Araraquara, Catanduva, Bauru, Ribeirão Preto, São José do Rio Preto y Franca, además de recurrir a estudios efectuados por otros investigadores sobre Jaú, Limeira, Jaboticabal, Rio Claro, Descalvado, Bebedouro y Pedrinhas.

En investigador propone que esos inmigrantes elaboraron un sentimiento de pertenencia a una nación de origen incluso antes que sus coterráneos en Italia. La unificación italiana se produjo poco antes de la gran inmigración hacia Brasil. Hasta entonces, Italia se componía de varios reinos, con sistemas políticos y monetarios propios. El reino de Piamonte-Cerdeña, más rico e industrializado, e interesado en ampliar el mercado de influencia, lideró la guerra por la unificación italiana. Pese a que el reino de Italia surgió en 1861, el proceso sólo concluyó luego de los conflictos que derivaron en la anexión de Venecia (1866), Roma (1870) y, mucho después, Trento y Trieste (1918). Truzzi sostiene que la resistencia de ciertas partes del territorio de la península en formar parte del proyecto de nación habría postergado la construcción de un sentido de italianidad en Italia, al tiempo que en Brasil, dicho proceso habría comenzado ya en los primeros años del siglo XX.

Museo de la Imagen y el Sonido – Araraquara Arriba, equipo de fútbol del club Palestra Itália (sin fecha)…Museo de la Imagen y el Sonido – Araraquara

En Brasil, la diversidad cultural italiana fue evidente. Según la historiadora Rosane Siqueira Teixeira, posdoctora en ciencias sociales por la Facultad de Ciencias y Letras de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), campus de Araraquara, en las primeras décadas de inmigración, solamente una minoría letrada hablaba la lengua vernácula, el idioma nativo de un país. Independientemente de eso, el sentimiento de pertenencia a un origen común fue más fuerte. “La sensación de hallarse en un sitio lleno de ‘otros’ propicia la construcción de un ‘nosotros’”, sostiene el historiador João Fábio Bertonha, docente del Departamento de Historia de la Universidad Estadual de Maringá (PR), quien coincide con el argumento de que el sentimiento de pertenencia a una nación italiana surgió en Brasil, haciendo la salvedad de que un sentimiento nacional se encontraba también en plena construcción en la propia Italia. Él considera que ya había una identidad protonacional entre esos inmigrantes, estimulada por el proceso de unificación en curso.

Luego de que se contactaran con poblaciones de diferentes nacionalidades en las plantaciones de café, Truzzi explica que parte de los italianos migró hacia las ciudades luego de la crisis agraria de 1930 ‒cuando el aumento de la producción del café coincidió con una reducción de las importaciones‒ y la proximidad física fomentó la unidad de los inmigrantes, colaborando en el proceso de construcción del sentimiento de la italianidad. Los italianos de las ciudades ya desempeñaban oficios tales como los de herrero, mecánico, maquinista, carpintero, chapero, albañil y hojalatero. Dichos oficios, prácticamente fueron monopolizados por inmigrantes de diversos orígenes, amparados en la fidelidad de una clientela coterránea y por el prejuicio en relación con la población brasileña de bajos ingresos, integrada por antiguos esclavos y peones rurales, de quienes se pensaba que no eran idóneos. Truzzi dice que los extranjeros y sus descendientes ocuparon el vacío emergente de una estructura social previa, polarizada entre amos y esclavos. “Como la economía se hallaba en crecimiento, había oportunidades disponibles para que los inmigrantes se insertaran laboralmente sin tener que disputar ese nicho”, relata el investigador.

El afianzamiento como grupo se manifestó en la creación de asociaciones, ya sean mutuales, que ofrecían servicios de atención de la salud, o bien deportivas y culturales. Paralelamente, surgió una prensa étnica, que publicó periódicos en italiano a partir de la década de 1880. Esos diarios difundían noticias de Italia y temas de interés para los inmigrantes en Brasil, oficiando como portavoces de los anhelos de la comunidad, entre los que figuraban, mejores condiciones laborales en los haciendas. Otro factor que cita Truzzi fue la red de representantes consulares que, por iniciativa del gobierno italiano, se instaló en las ciudades emergentes del interior paulista a partir de los primeros años del siglo XX. Tales representantes constituyeron un nexo con el viceconsulado de Campinas, que a su vez, reportaba al consulado en la capital y dicha red se creó porque más de las tres cuartas partes de los italianos residían en áreas del interior. “Los periódicos en italiano y las escuelas que se fundaron en Brasil a partir de las primeras décadas del siglo XX, que adoptaron el italiano vernáculo, cumplieron un rol fundamental para debilitar los vínculos regionalistas y unificar la lengua italiana. Cuando Benito Mussolini asumió el poder, en 1922, dispuso un gran esfuerzo para instaurar la lengua italiana dentro y fuera de Italia”, dice Teixeira.

Lopes, L.V., Memoria Fotográfica de Araraquara …y una división de una escuela italiana, en 1910, ambos en AraraquaraLopes, L.V., Memoria Fotográfica de Araraquara

A partir de 1937, con el advenimiento del Estado Novo, Getúlio Vargas se propuso fomentar el nacionalismo brasileño, prohibiendo la existencia de asociaciones de carácter étnico. Vargas propició la creación de sindicatos y asociaciones sociales, que promovían la fraternidad entre trabajadores, independientemente de su procedencia. Al constatar que la exaltación de la identidad italiana no sería procedente en el nuevo contexto político-económico brasileño, los inmigrantes y sus descendientes habrían dejado de reafirmar los lazos con la antigua patria. A través de investigaciones en los concejos municipales de las ciudades estudiadas, Truzzi notó la presencia, a partir de 1948, de italianos y descendientes en el cargo de ediles, lo cual sugiere un proceso de ascenso social e integración a la sociedad brasileña.

Según Angelo Trento, investigaciones recientes indican que el descubrimiento de la italianidad en el extranjero ocurrió de manera diferente en otros países de América. En Estados Unidos, por ejemplo, el gobierno se esforzaba para americanizar a los inmigrantes. A causa de ello, la italianidad se erigió como una forma de defensa, y los italianos permanecieron por más tiempo en el hermetismo de sus comunidades.

Fundación Pro-Memoria (FPM), São Carlos Periódico semanal (7 de junio de 1908) de Rio Claro, redactado en italiano: temática de interés para la comunidadFundación Pro-Memoria (FPM), São Carlos

Con algunos grupos de inmigrantes, como en el caso de los japoneses, ocurrió lo contrario que con los italianos. En lo atinente al sentido de pertenencia a la nación, el gobierno japonés promovió una identidad nacional entre sus ciudadanos ya desde el siglo XVII, dice Shozo Motoyama, docente del Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP). El nacionalismo cobró vigor con el advenimiento del período Meiji en 1868, cuando los gobernantes forjaron el mito del origen divino del monarca. Con la victoria nipona en la Guerra Sino-Japonesa (1894-1895) así como en la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905), esas convicciones se reforzaron, y con ello, los inmigrantes que arribaron a Brasil desde los albores del siglo XX tenían una fuerte identificación nacional. Sin embargo, la lejanía y las dificultades para comunicarse con su país de origen motivaron una apertura a la cultura local, posibilitando la formación de una cultura japonesa más flexible e híbrida en Brasil.

Libro
TRUZZI, O. Italianidade no interior paulista – Percursos e descaminhos de uma identidade étnica (1880-1950). São Paulo: Unesp, 2016, 138 p.

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