Imprimir

ANTROPOLOGÍA FORENSE 

Una lucha contra la desaparición

Investigadores de distintas especialidades componen un grupo que procura identificar desaparecidos de la dictadura con base en restos mortales retirados de la fosa clandestina de Perus, en São Paulo

Léo Ramos Esqueleto en análisis delante de los retratos de 42 hombres y mujeres buscados entre las osamentas exhumadas en 1990Léo Ramos

“¿Dónde están nuestros desaparecidos?” Frente a esta pregunta fijada en la pared, rodeada por los retratos de 42 hombres y mujeres desaparecidos durante la dictadura militar, un equipo que incluye a arqueólogos, médicos forenses, odontólogos forenses, genetistas y bioantropólogos trabaja organizando, analizando y registrando osamentas en un proceso que abarca desde ciencia y tecnología hasta el seguimiento de los principios de los derechos humanos. “La gran diferencia de este trabajo es el enfoque en el equipo multidisciplinario”, declara el médico forense Samuel Ferreira, de la Secretaría Nacional de Seguridad Pública (Senasp) del Ministerio de Justicia y Ciudadanía (MJC) y coordinador científico del Grupo de Trabajo Perus (GTP). En esa casa del barrio paulistano de Vila Mariana, mantenida por la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), funciona el GTP, que pretende identificar rostros del trágico mural en el contenido de las 1.047 cajas que contienen los huesos retirados en 1990 de la fosa clandestina del cementerio Dom Bosco, situado en Perus, distrito de la zona norte de São Paulo. En ese proceso también se pretende contribuir para sedimentar el área de la antropología forense en Brasil.

Fundado en 1971, el cementerio Dom Bosco fue objeto de una serie de exhumaciones en 1975. “Eso se hace normalmente cuando existe una necesidad de espacio, pero en esa época una parte sustancial del cementerio aún estaba vacía”, comenta la arqueóloga Márcia Hattori, coordinadora de la parte ante mortem del trabajo, quien hace hincapié en el carácter sospechoso del referido procedimiento. La fosa clandestina creada en esa época fue reabierta en 1990, fundamentalmente a causa de la presión de los familiares de desaparecidos, que sabían que allí habían sido enterradas personas como desconocidos. Las osamentas fueron entonces trasladadas a la Universidad de Campinas  (Unicamp), bajo la responsabilidad del médico forense Badan Palhares, donde en los primeros años se llegó a hacer dos identificaciones mediante un método que superpone una fotografía al cráneo, con base en algunas mediciones estándar. Pero en medio a disputas sobre su financiación, el trabajo quedó interrumpido y el abandono terminó sepultando los análisis realizados hasta entonces.

LÉO RAMOS Almacenadas en 1.047 cajas en salas climatizadas…LÉO RAMOS

“El abordaje actual es científico, es distinto al de antes”, subraya Carla Borges, coordinadora de Derecho a la Memoria y a la Verdad de la Secretaría Municipal de Derechos Humanos y Ciudadanía (SMDHC). Según Borges, hubo iniciativas puntuales durante diferentes gestiones, con un solo esfuerzo constante: el de las familias de los desaparecidos, que nunca dejaron de exigir respuestas. La coordinadora subraya que el Estado (y no los gestores individuales, tales como un determinado alcalde o un presidente en ejercicio de sus mandatos) tienen la responsabilidad de buscar a cualquier persona desaparecida en aquella época. “Nunca estuvimos tan cerca de dar vuelta esa página”, afirma, argumentando en pro de la continuidad de este esfuerzo.

El enfoque
El universo de búsqueda es amplio, pero existen candidatos más probables cuya identificación ya sería un éxito. “Contamos con una indicación de que los cuerpos de Dimas Antônio Casemiro, Francisco José de Oliveira y Grenaldo Jesus da Silva entraron en Perus”, dice Hattori. Los registros no ayudan. “Las calles del cementerio cambiaron de nombre en la década de 1970, el mapa de las sepulturas es un cuadriculado hecho a mano y, cuando hay registros de exhumaciones, no se sabe adónde se trasladaron los restos”. Hattori y su equipo recabaron información de una serie de fuentes para elaborar la lista de buscados. “Observamos de manera sistemática los casos de ‘desconocidos’ de toda la década de 1970 con el objetivo de mapear el camino de la muerte en la ciudad de São Paulo durante ese período y comprender la política de desapariciones.”

Léo ramos …las osamentas son lavadas bajo la coordinación de Ana TauhylLéo ramos

En el proceso de investigación, el equipo encontró fotografías suministradas por las familias cuando se abrió la fosa de Perus, en un intento por contribuir a la identificación: eran documentos preciosos, de un período anterior a la fotografía digital. “La investigación de los delitos de ocultación terminó por profundizar la desaparición”, lamenta Hattori, quien devolvió las copias de las imágenes a las familias. El GTP inició un trabajo que, además de lo forense, comprende la atención referente al dolor de quienes nunca supieron lo que sucedió con sus seres queridos. La realización del trabajo fuera del IML de São Paulo, un lugar que en el pasado estuvo asociado con la dictadura, forma parte de esto. Por ese mismo motivo, el proyecto contó con la colaboración de los equipos Argentino y Peruano de Antropología Forense (EAAF y Epaf), que se conformaron inmediatamente después de los períodos de dictadura en los respectivos países. Los datos que el equipo ante morten recabó conforman un catálogo de lo que debe buscarse en los análisis de las osamentas: características físicas o sucesos que quedan gravados en los huesos, tales como fracturas o perforaciones producidas por armas de fuego. “Procuramos darle materialidad al muerto que fue desaparecido”, aclara.

Este proyecto comprende un trípode institucional: la Secretaría Especial de Derechos Humanos (SEDH) del MJC, de la cual forma parte la Comisión Especial sobre Muertos y Desaparecidos Políticos (CEMDP), la Secretaría Municipal de Derechos Humanos y Ciudadanía de la Municipalidad de São Paulo (SMDHC) y la Unifesp. En este momento, su continuidad es incierta debido a los cambios de gestiones en la alcaldía paulistana y en el gobierno federal. En la Unifesp, la rectora Soraya Smaili fue votada en noviembre para permanecer en el cargo y ya se manifestó favorablemente con respecto a la prosecución de las actividades.

En una audiencia pública realizada el día 28 de noviembre, la secretaria especial de Derechos Humanos del gobierno federal, Flávia Piovesan, reafirmó el empeño de la SEDH para asegurar la continuidad del trabajo. “Me sensibilizó mucho el compromiso con un trabajo tan necesario”, declaró, después de haber conocido el funcionamiento del GTP. La contratación permanente de los profesionales aún constituye un problema, ya que viene haciéndose con recursos de la SEDH mediante una cooperación internacional. Los contratos tienen una duración de un año y es incierto lo que sucederá a partir de enero de 2017, cuando vence la mayor parte de los mismos. La secretaria sostuvo que está buscando alternativas que aseguren la existencia de un equipo permanente, esencial para mantener la estandarización del trabajo, como agregado al de los peritos oficiales que deben continuar con los relevos y a los integrantes de la Epaf. Hay recursos asegurados para el próximo año, pero son insuficientes para lo que debe hacerse, de acuerdo con la rectora de la Unifesp.

Desde 2014, cuando las cajas con las osamentas fueron trasladadas a la casa bautizada con el nombre de Centro de Antropología y Arqueología Forense (Caaf), el grupo recomenzó el trabajo desde el principio y ya ha examinado 580 de ellas. “Necesitamos un año más, al menos, para poder analizar todo”, comenta la arqueóloga Ana Tauhyl, responsable de la apertura de las cajas y de la limpieza de los huesos.

Arqueología reciente
El trabajo implica un rigor muy distinto del que estuvo en juego cuando las osamentas fueron retiradas de la fosa por sepultureros, sin preocuparse por mantener la unidad de cada esqueleto. Aún húmedos de tierra, los huesos fueron dispuestos en bolsas plásticas y de inmediato empezaron a degradarse por la acción del moho. Y eso no fue lo peor: las bolsas, con sillas arrojadas arriba, sufrieron también debido a una inundación en la Unicamp como consecuencia de un grifo que quedó abierto.

LÉO RAMOS Los huesos quedan dispuestos para secarse…LÉO RAMOS

El proceso se rige por un protocolo elaborado por la Epaf y validado por el Comité Internacional de la Cruz Roja y por el Comité Científico del proyecto, que sigue parámetros nacionales e internacionales. Cada caja es abierta por un integrante del equipo, que dispone los huesos para que se los fotografíe y pasen por la descripción de Tauhyl en formularios. Además de los huesos, las cajas albergan también pistas de las etapas anteriores. Bolsas de plástico azul con la marca del Servicio Funerario del Municipio de São Paulo algunas veces aparecen deshechas, señal de que ya estaban dentro de la fosa, y otras veces están íntegras por ser posteriores. Otras bolsas –de plástico, paño o TNT– datan del trabajo realizado en la Unicamp, donde siempre que fue posible se sujetaron a los cráneos discos de metal con el número de identificación grabado. Muchos de los huesos aún están recubiertos de tierra. Pese a ser fáctico, el registro fotográfico no deja de lado un cuidado que roza lo artístico en la disposición de los huesos y los embalajes. Todo en medio del polvo y el olor a pintura de la obra en marcha en la casa, cuyas instalaciones no están concluidas.

Una vez lavados y secados, los esqueletos quedan dispuestos en mesas en la posición así denominada anatómica, con los huesos alineados de acuerdo con su organización en el cuerpo. Las mediciones realizadas de esta manera permiten estimar un perfil biológico, que incluye la estatura, la franja etaria, el sexo y otras características identificadoras cuando se las compara con las informaciones ante morten referentes a las potenciales identificaciones.

Lo ideal sería que este proceso permitiera estrechar la búsqueda, pero el conjunto de los desaparecidos políticos buscados coincide con el perfil de buena parte de los enterrados en la fosa analizados hasta el momento: hombres de entre 20 y 40 años de edad. Por eso mismo, alrededor del 70% de las osamentas no puede descartarse. Frente a tal volumen de trabajo por hacerse, es necesario conjugar rigor y prisa. “Es un trabajo atrasado de por sí, pues ya pasaron 40 años de espera”, dice la arqueóloga Patricia Fischer, responsable del laboratorio y coordinadora del trabajo post mortem. Fischer también evalúa que el 25% de las cajas contiene más de un individuo. Cuando aparecen huesos suplementarios, es necesario decidir cuáles de éstos no se encajan en el esqueleto en análisis debido al color, el tamaño u otras características morfológicas. Cuando es posible estimar el perfil biológico, los datos quedan registrados en una ficha identificada como “individuo B” y los huesos se guardan en bolsas separadas. De este modo, podrían estar representados hasta 701 individuos en las 580 cajas abiertas hasta ahora.

LÉO RAMOS …y luego son analizados por Aline Oliveira y Marina GratãoLÉO RAMOS

En una tarde de trabajo del mes de noviembre, la bioantropóloga Mariana Inglez documentaba una serie de fracturas producidas aproximadamente en el momento de la muerte en todo el costado izquierdo de un hombre: en la cabeza, en varias costillas y en el brazo. La investigadora muestra una fractura tipo “mariposa” en el húmero, el hueso del brazo, indicadora de un impacto. “Fue golpeado con algo bien grande”, afirma, en coincidencia con la posibilidad de arrollamiento, mientras que sujeta un cráneo y dibuja las fracturas en un croquis. Apunta hacia una pequeña irregularidad en el costado izquierdo de la mandíbula, donde la misma se encaja en el cráneo. “Quizá haya sentido dolor en esa articulación”, supone, y lo anota como una posible característica que pueda ayudar a la identificación.

En la mesa de al lado, el odontólogo forense Marcos Paulo Machado, del IML de Río de Janeiro, analiza la dentición de otro esqueleto. “Es un caso inusual en la fosa”, comenta, “por ser una mujer muy joven y con acceso al tratamiento dental”. Machado muestra obturaciones con amalgama y también la raíz incompleta del tercer molar, que indica una edad de menos de 21 años. El odontólogo forma parte del grupo de peritos de varios estados de Brasil que se relevan para contribuir a la marcha del trabajo.

En otra mesa, la arqueóloga española Candela Martínez consulta a sus colegas Marina Gratão y Aline Oliveira sobre dos vértebras fundidas con una fractura ocurrida cerca de la muerte. El reto era describir, sin interpretar excesivamente, fracturas sufridas en varios momentos de la vida en las costillas, en vértebras y en un brazo. Esta última se soldó sin atención médica, por lo cual dejó una irregularidad en el hueso. “Sufrió mucha violencia en vida, y agresiones domésticas no bastarían para explicarlas”, dice Martínez sobre el hombre que parece haberse muerto cuando tenía entre 30 y 47 años de edad, una estimación realizada con base en los índices de madurez y desgaste de partes específicas del esqueleto. Podría ser una persona que vivía en la calle o alguien que realizaba un trabajo muy pesado, concluyen. “Lo que es seguro es que tenía dificultades de locomoción”, sostiene Gratão, una característica más que puede ayudar a su identificación.

LÉO RAMOS Los huesos alineados en posición anatómica permiten registrar las particularidades y daños sufridosLÉO RAMOS

Si bien el GTP se concentra en las víctimas de la dictadura, las consecuencias de este trabajo podrían ser mucho mayores. Gratão comenta que al comienzo de los trabajos apareció el esqueleto de una anciana con el cráneo despedazado. Al juntar las piezas, fue posible vislumbrar la causa de la muerte: un tiro en la cabeza. No hay ancianas en el mural, pero este hallazgo reforzó la necesidad de estudiar todos los esqueletos. También existen indicios de que allí habrían sido sepultadas víctimas de un brote de meningitis encubierto por el gobierno entre 1972 y 1974. Fundamentalmente niños en ese caso. “Hayan sufrido o no tortura en una cárcel, esas personas pueden ser tenidas como víctimas de la violencia del Estado, de mínima por omisión de asistencia”, dice Fischer.

El Caaf pretende afianzarse como un centro de investigación que pueda efectuar convenios con organismos públicos o instituciones de la sociedad civil en la investigación de casos de violencia. El banco de datos resultante del GTP puede permitir la búsqueda de cualquier persona desaparecida en la década de 1970, aunque no tuviera nexos políticos. Otro proyecto del centro, que se puso en marcha este año bajo la coordinación del médico patólogo Rimarcs Gomes Ferreira, de la Unifesp, incluye un caso más reciente: los asesinatos ocurridos en mayo de 2006 en la zona de Baixada Santista, en el marco de los conflictos entre la policía y la organización Primer Comando de la Capital (PCC).

Genética
Uno de los próximos pasos del GTP, esencial para la identificación de los desaparecidos, consiste en recurrir al ADN. Samuel Ferreira extrae personalmente muestras de sangre de familiares para su comparación con el material genético que se retirará de los restos mortales. “Vamos hasta donde los familiares prefieran”, explica Ferreira, quien ya ha tomado muestras de 31 familias residentes en 16 ciudades de distintos estados brasileños. Una vez reunidas las muestras de los familiares y de las osamentas, se las enviará a un laboratorio de Sarajevo, en Bosnia y Herzegovina, especializado en el análisis de restos mortales degradados y relacionados con situaciones de violación de derechos humanos. “Brasil reuniría las condiciones técnicas para hacer este trabajo, pero no los análisis a gran escala y a la velocidad que el proyecto requiere”, explica. La extracción del ADN de los huesos no será fácil, según Ferreira, debido a su mal estado de conservación, y se pondrá en marcha este mismo año.

LÉO RAMOS La documentación siempre acompaña al material estudiado, hasta que el mismo regrese a la caja respectivaLÉO RAMOS

La Unifesp pretende aprovechar esta oportunidad para perfeccionar la formación en antropología forense, empezando por una especialización que se contempla que comience en 2017. En Brasil, la formación en bioantropología depende de la iniciativa de cada profesional. La unión entre derechos humanos y ciencia constituye un legado que el GTP pretende dejarle al país.

“El procedimiento científico que está siguiéndose nos brinda seguridad y nos da ánimo”, afirma Amparo Araújo, quien perdió a su marido y a su hermano durante la dictadura. El cuerpo de su marido, sin el cráneo, fue hallado en el cementerio de Perus. Araújo mantiene la esperanza de identificar a su hermano entre las osamentas de la fosa, y para ello ya extrajeron su sangre algunas veces desde la etapa de la Unicamp. Sin embargo, a causa de la falta de continuidad, las primeras muestras se perdieron. “Nunca me explicaban para que serviría eso, o qué pasaba”, recuerda, en contraste con la transparencia que se pone de relieve en el proceso actual.

Recientemente, Amparo Araújo vio un hombre en la calle y por una fracción de segundo pensó que era su hermano. “Pero no podía ser: pasaron 45 años y él tendría ahora 70 años, sería diferente al que yo recuerdo”. La mujer define a la desaparición como una muerte que no termina. “No vamos a desistir de la presencia de la universidad”, afirma, en nombre del Comité de Seguimiento formado por los familiares.